Menor vejada en una fiesta: a más de un mes del hecho la familia sigue pidiendo justicia
En una carta publicada en el Facebook de la mamá de la menor vejada en una fiesta en Santa Lucía, la familia pide justicia, una vez más. Leé la carta completa, en esta nota.
En la misma la mujer cuenta con lujo de detalles todo lo que pasó esa fatídica noche y vuelve a pedir justicia.
A continuación la carta completa:
Ya pasó más de un mes desde aquella noche que mi hija salió de casa junto a un grupo de “amigas” con la idea de juntarse con otros más en una casa de familia. Cómo imaginar qué apenas un par de horas después, la encontraríamos inconsciente, golpeada, con signos de haber sido humillada físicamente y abandonada a su suerte en la calle frente a la casa donde la habíamos dejado. Qué tremendo es pensar que ninguno de estos jóvenes y las chicas con las que ella compartió más de una vez su habitación, no se hayan compadecido al verla indefensa.
Más doloroso aún fue ver las imágenes de esa situación denigrante que de una manera desconsiderada e impiadosa, fueron tomadas y difundidas por los celulares a modo de burla, como quedó reflejado en los comentarios de estos jóvenes que dejó perpleja a gran parte de la sociedad que no salía de su asombro.
Desde el Ministerio público actuaron de oficio considerando que se trataba de “un hecho muy grave” pese a que nadie se comunicó con nosotros para conocer el estado de mi hija.
Considero que no se tuvo en cuenta la necesidad de darle prioridad a la atención que ella requería, cosa que hicimos al mismo tiempo que evaluábamos la situación con distintas personas de nuestra confianza vinculadas al ámbito legal, abogados, jueces y un fiscal, para realizar la denuncia que corresponde a este tipo de delito de acción privada, en el que se afecta el honor y se viola la intimidad de una persona, en este caso, el de una menor con padres y legalmente representada.
Ese mismo lunes concurrimos al juzgado de turno a cargo del Dr. Agudo a ratificar la denuncia efectuada de oficio, dimos nuestro testimonio y aportamos pruebas.
De ahí en más, lo que ustedes conocen. El juez sin contemplar el reclamo social que espontáneamente se iba incrementando y sin preservar el secreto de sumario en el que se encontraba la causa, se pronunció y adelantó públicamente su opinión ante los medios como “un típico caso de adolescente alcoholizada”.
Por su parte, el criterio del fiscal de turno, Dr. Mallea fue el de descartar que el estado de abandono en que se encontraba mi hija puso en riesgo su salud y su propia vida. Debo entender que no eran suficientemente relevantes los elementos aportados para profundizar la investigación. Me refiero a las violentas imágenes de mi hija indefensa que circularon por las redes sociales, ni el testimonio escrito de puño y letra por parte de uno de los chicos que estuvo esa noche, ni tampoco la “voluntaria” entrega de algunos celulares que el juez aceptó sin memoria ni chip. Así fue que se deslindó de esa responsabilidad a menores y a mayores.
En ese momento el juez se declaró incompetente, resolución que como familia no compartimos y creo que gran parte de la sociedad tampoco lo hizo, que reclamaba una respuesta. El propio presidente del colegio de magistrados, manifestó que “como sociedad, hay algo que tenemos que revisar”. Sí, Dr. Almirón, coincido. La JUSTICIA.
Por casualidad esa semana, se publicó un informe del CIPPE referido a la transparencia de la justicia argentina en el que ubica a San Juan con el peor desempeño en cuanto a transparencia, selección de magistrados y código de ética.
En medio de este desconcierto, me preguntaba qué pasa con la protección que supuestamente le debería brindar el ministerio público a mi hija con las medidas cautelares que impedían la reproducción de imágenes de menores porque éstas seguían difundiéndose, con el agravante de que acompañaban casi toda la información periodística del caso.
Hubo un medio digital que se ensañó morbosamente con las imágenes. A quien le cabe la responsabilidad frente a ese medio que se arrogó la “primicia”, le suplicamos ese domingo que omitiera las imágenes y su respuesta fue lapidaria “no sé de qué me hablan”. No merece que lo mencione pero si vale aclararle a este también padre de familia, que hay una prevalencia del derecho a la intimidad personal sobre la libertad de información cuando se siguen difundiendo elementos por demás innecesarios como fueron las violentas imágenes de mi hija veinte días después, al momento de asistir a declarar en cámara Gesell.
No se debe perder de vista la responsabilidad que existe sobre el tratamiento de este tipo de información que no hace otra cosa que profundizar el daño emocional de la víctima y el de su familia. Sí, nos sentimos ofendidos y con las disculpas no alcanza.
Como dice el Papa Francisco “nadie emprende una batalla si se siente de antemano derrotado”, nosotros no bajamos los brazos en la búsqueda de la verdad y apostamos nuestra confianza en la jueza de menores, Dra. Camus, aun debiendo aceptar lo inexplicable de la ley, que no permite dentro del proceso penal la participación del querellante particular, o sea nosotros, la familia de la víctima.
Como dije cuando empecé con este relato, ya pasó más de un agobiante y largo mes de paciencia y prudencia, mientras mi hija intenta reincorporarse a una vida normal, con todas las consecuencias imprevisibles que podríamos tener que afrontar.
Tenemos conocimiento de que el fiscal Mallea ha dispuesto derivar la causa hacia otra fiscalía. Sabemos que una ya se ha inhibido, otra aún no comienza. Es mucho pedir que se siga investigando?
Como padres, necesitamos llegar a la VERDAD. Como miembros de la sociedad, demandamos JUSTICIA
De nuevo, expresamos nuestro eterno agradecimiento a la familia, a los amigos, a todas las personas que nos siguen acompañando en este reclamo. A los medios de comunicación y sus profesionales que han sido respetuosos hacia nosotros. A las instituciones y sus referentes que manifestaron su compromiso a través de su opinión. Al abogado que nos representa, merecedor de nuestra confianza. Al Padre Walter, de quien aprendí que el miedo no es camino… a todos, GRACIAS.