Con sólo 20 años el sanjuanino Tomás Escobar creó Cuevana, un monstruo web parar mirar películas y series que lo puso en el ojo de las grandes compañías cinematográficas del mundo. Pasaron cinco años desde aquel engendro en el que puso a prueba sus conocimientos y su creatividad hasta el nacimiento de Acámica, el sitio web educativo que lo llevó a ganar el "Oscar” de la tecnología, un premio que otorga el MIT (Massachusetts Institute of Technology), un prestigioso instituto de la universidad de Cambrigde. ¿Cuál fue el camino que siguió para llegar a las grandes ligas de la programación? Tomás Escobar, el Steve Jobs sanjuanino, se lo contó a Tiempo de San Juan, primer medio local con el que habló en exclusiva.
Aunque a los 18 años emigró para estudiar en Córdoba Ingeniería en Sistemas conserva bastante intacta la tonada sanjuanina. Al igual que la tonada también conserva las amistades y visita periódicamente a su familia que vive en Desamparados, localidad capitalina en la que se crió. Secundaria y primaria las hizo en la Escuela Modelo y desde siempre se interesó en la programación y en la tecnología.
Este geek ‘sanjua’ demostró su rol de creador con tan solo 14 años. Mientras la mayor parte de los pibes de su edad daban sus primeros pasos en la escuela, Tomás diseñó en su Pentium 3 la página HarryFanaticos.com, web inspirada en el personaje literario Harry Potter. La plataforma combinaba imágenes, animaciones e información.
"Con la página de Harry Potter dejé de ser un simple usuario para pasar a cumplir otro rol. En esa época todavía se usaba el modem viejo para conectarte. Internet era un mundo nuevo que me resultaba muy atractivo”, recordó. El sitio recibía miles de visitas por día, luego de tres años le dio de baja porque no podía congeniar su vida de adolescente con los requerimientos del sitio.
Ese ímpetu creador no se extinguió con la página de magos y hechiceros sino que durante su adolescencia precoz diseñó también videojuegos en Flash que probaba con sus amigos del colegio. A uno lo bautizó la batalla Trinaval, también creó juegos inspirados en la Edad Media y otros tantos que quedaron en el camino a medio terminar. Su mayor conquista en el mundo de los videojuegos fue Liga DT, un juego de fútbol que estuvo on-line durante varios años. "Una vez que me metí en el mundo de la programación, sentí una gran atracción por crear e impactar a la gente de cualquier parte del mundo, conseguí una gratificación única y nunca más pude volver atrás”, añadió.
Estos logros informáticos cosechados a lo largo de la adolescencia fueron el puntapié de un éxito sin precentes: Cuevana, sitio web para reproducir películas y series, que consiguió 2 millones de usuarios diarios y que despertó el interés de las compañías cinematográficas más importantes del mundo. Pero esta parte de la novela aún estaba lejos de gestarse cuando Tomás residía en San Juan, donde además de estudiar practicaba tenis en el Law Tenis Club. Este deporte sigue siendo su preferido al día de la fecha. Además de mostrar en la cancha sus habilidades con la raqueta, en el ciber también daba muestras del dominio que tenía sobre los juegos y las redes.
Tomás vivió en San Juan y también en el medio de su infancia tres años en Brasil. Su padre es primo del ex gobernador Jorge Escobar. Tiene cuatro hermanos y varios amigos que visita por lo menos una vez al año. Navidades y Año Nuevo son dos momentos que prefiere pasarla en familia, lejos de la urbe porteña en la que vive actualmente.
Cuevana, la explosión
A los 18 años Tomás se fue a vivir a Córdoba para estudiar Ingeniería en Sistemas y también para experimentar una dinámica más activa en donde poder desarrollar este espíritu creador con el que nació. Fue allá donde nació Cuevana. La plataforma vio la luz como una necesidad de ordenar las series que bajaba él con sus amigos, David Fernández y Mario Cardosio, de un sitio mexicano.
Fue en un cuarto pequeño con su computadora MacBook como germinó Cuevana, sitio cuyo nombre fue elegido deformado las palabras "La Habana”. Una de las características de la plataforma es que usaba un plug in que le permitía al usuario visualizar todos los contenidos de una película o una serie en un mismo lugar. El éxito de Cuevana fue masivo: empezó a viralizarse hasta llegar a cosechar dos millones de usuarios por día.
El grupo de sanjuaninos primero costeaba con su propio dinero el sitio hasta que en 2010 comenzaron a ver las primeras ganancias. En el medio Tomás dejó la facultad, se fue a vivir a Buenos Aires y hasta creó aplicaciones que permitieron que los usuarios pudieran comunicarse entre ellos y opinar, al mejor estilo Facebook. Los grandes estudios cinematográficos del mundo posaron sus ojos en Cuevana y presentaron requerimientos legales para impedir que los usuarios tengan acceso a sus producciones. En la actualidad sigue en pie el sitio web.
El nacimiento de Acámica
En medio de las batallas legales Tomás salió fortalecido. No sólo porque le permitió hacerse conocido como una de las promesas de la informática y la programación en Latinoamérica sino también porque le dio otro empujoncito en su carrera en Buenos Aires, donde ahora tiene instalada la oficina de Acámica, un sitio que ofrece cursos sobre programación y diseño de aplicaciones. Gracias a esta plataforma logró un reconocimiento del MIT, uno de los institutos de tecnología más importantes del mundo, dependiente de la Universidad de Cambridge. El premio obtenido por Escobar tiene la misma importancia que ganar un Putlizer para un periodista.
"El futuro nos va a exigir saber de tecnología y de programación, saber cómo funciona cada cosa y sacarle provecho. El 65 % de los chicos que va a la primaria en la actualidad va a trabajar en puestos de trabajo que no han sido creados todavía. Por eso apostamos a la tecnología, que va a seguir creciendo”, añadió el joven geek.
Actualmente Acámica tiene 70.000 usuarios de Latinoamérica y de España. Trabajan con él un equipo de seis personas, entre las cuales se encuentra su hermano de 19 años, quien le está siguiendo los pasos en el mundillo tecno.
La rutina de Tomás empieza a las 10 y termina a la hora que sea, a veces a las 21 y otras a las 23 hs. No conoce de fines de semana, ni nada. Pero el trabajo es su pasión, se nota cuando habla que es un fanático del mundo tecno. Así como labura también disfruta con sus amigos y se pega un viaje de vez en cuando con sus camaradas.
Tomás usa mucho las palabras tecnología, programación, creador y emprendedor. Esta última palabra es la que más le gusta y apuesta a desarrollar un proyecto en la Provincia relacionado con la generación de conocimientos informáticos en los jóvenes. "En San Juan los jóvenes siguen eligiendo carreras como escribano, médico o abogado, nada más alejado a las nuevas formas de vida impulsadas por la tecnología”, manifestó. Tomás contó que en su última visita a San Juan se abrió la posibilidad de desarrollar un proyecto en la tierra que lo vio nacer.
Los proyectos de Tomás de ahora en más es continuar creciendo con Acámica y producir otros genios geek como él a lo largo y lo ancho de Latinoamérica. Promete ser profeta en su tierra, contagiando de ese fervor tecno a los sanjuaninos y sanjuaninas del futuro.
Escobar, en contra de la ley profesional
El 24 de julio se creó el Colegio de Profesionales de Ciencias Informáticas provincial. La legislación levanta polvareda. El punto más cuestionado de la ley 8462 es que sólo permite el ejercicio de las actividades informáticas en la Provincia a los que tengan en la materia título de grado, título terciario o "carácter idóneo” con alcance acreditado. Estos últimos sólo tienen 12 meses para inscribirse en el Colegio contados desde la creación de este último, lo que ya está vigente.
Tomás Escobar opinó sobre el tema y se mostró en contra. "Las necesidades informáticas del mundo son dinámicas y la currícula de las universidades no cambia de manera tan constante como para dar este tipo de respuestas que necesita el mundo. Va en contra del mundo esta ley”, señaló Escobar. "Tampoco yo podría trabajar en San Juan”, concluyó el sanjuanino.