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Protagonistas

Viaje al planeta Levato

Nació porteño pero 31 años en la provincia lo naturalizaron sanjuanino. Hace pocos días el CONICET lo designó Investigador Superior, máximo nivel en el escalafón y el primero de la Universidad Nacional de San Juan en lograrlo. Su pasión por la pelota y otras redondeces del universo. Por Viviana Pastor.

Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Viviana Pastor

En el universo todo es redondo. Orlando Hugo Levato lo sabe mejor que nadie. Lo sabe de chico, mientras jugabade 9 en Estudiantes de Buenos Aires, y era muy bueno llevando ese objeto redondo a la red. Y lo sabe hoy que estudia esos mundos vibrantes, chispeantes y redondos que giran en el universo. Levato es Doctor en Astronomía, Director en Instituto de Ciencias Astronómicas, de la Tierra y del Espacio (ICATE), galardonado con el KONEX, un Premio al Mérito entre los cinco mejores astrónomos de ladécada. El hombre acaba de recibir el máximo reconocimiento del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) como Investigador Superior, el primero de la Universidad Nacional de San Juan. "Esa nueva categoría en el CONICET sólo significa una cosa”, dice Levato, encogido de hombros. "Significa que uno ya está viejo”. 

Pero no lo está, a los 66 años se mantiene muy atlético y juvenil. Sus íntimos incluso lo describen con vicios de metrosexual. Camina mucho todos los días y usa cada vez menos su Ford Fiesta 1.6. Levato, el astrónomo estrella de esta provincia, con 247 trabajos publicados de investigación astronómica, 102 en revistas internacionales y  más de 50 presentaciones congresos nacionales e internacionales, no tiene empachos en ir al spa y hacer cualquier cosa por retrasar los años. Excéntrico para las corbatas –tiene hasta una de la película Casablanca-, camisas y slips de baño, el día de la entrevista se muestra sobrio con una remera polo y bermudas. Al astrónomo, nacido en el porteñísimo barrio de Flores, le gusta ser una cara conocida en esta provincia, donde vive desde hace 31 años. 

Nos recibe en el comedor de su casa, pero para las fotos nos lleva a su santuario, una pieza pequeña donde tiene dos computadoras de pantallas gigantes, notebooks, tablets y dos bibliotecas con sus libros de ciencia. Todo impecable. Posa con desenvoltura, está habituado a las cámaras. 

A fines de los ’80, desembarcó como columnista de programas de gran audiencia, primero fue de la mano de Nina Galván, y ahora de Juan Carlos Bataller que lo convocó como comentarista en su programa La Ventana, pero no para que hable de ciencia sino de fútbol. Esas mesas de debate se han convertido en un excelente lugar para opinar de todo, incluso de religión. Como Einstein, Levato no cree que Dios juegue a los dados porque… no cree en Dios.

Con una sonrisa inmensa en la cara asegura que su dios es la mecánica cuántica, rama de la física que explica creación del universo desde la ciencia, y de la que es parte el Big Bang. Existencialista extremo. En su apoteosis sobre esa teoría logra convencer a un sacerdote, quien le advierte que tiene razón pero que no puede ir contra su fe.

El astrónomo estrella se levanta a las 7 de la mañana y luego de desayunar,revisa su correo electrónico. A las 8:30  llega a la oficina del ICATE y dos horas después pasa por la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Provincia, donde es asesor. 

Después del almuerzo, a las 13, monta sus 78 kilos en su bicicleta fija mientras mira tele, no se mata, pero lo ayuda a mantenerse aeróbico. Por la tardes da clases en la Facultad, los lunes y viernes, el resto de la semana los dedica a su tarea de asesor, asiste a las reuniones de la Facultad o de la Secretaría y atiende consultas de sus alumnos sobre estrellas anómalas y otras redondeces del universo.

En las noches de verano, tira sus 1,78 metros a una pileta pública para nadar una hora, dos veces por semana. Los fines de semana,nada en la pileta de su casa de campo, en el departamento Pocito.

En el living de su casa capitalina, una mesa ratonera alberga más de 20 portarretratos con fotos de la familia. Otro grupo similar se repite en el mueble de madera que domina un LCD. 

Durante las charla, las risas se sienten hasta la calle. Dueño de un sentido del humor cáustico, hace poco le pidieron que no diga sus chistes en el programa de tele, suelen ser subidos de tono pero nunca chabacanos. Cuando habla destila  una cultura amplísima, estuvo en 135 ciudades de 32 países, casi un trashumante. 

Hugo confiesa que le gustan los medios porque le fascina la divulgación, y aunque no lo admite, le encanta que la gente lo reconozca en la calle. "Me preguntan dónde compro las corbatas”, dice con la cara de un niño que ha cometido una travesura. 

Le gusta explicar las cosas y tiene gran pedagogía para temas inaccesibles al entendimiento común, como lo es el universo. Además como es maestro, dio clases en una escuela primaria donde tenía tres cursos de varones juntos. También es profesor en la Universidad. 

Hoy Levato dedica mucho tiempo a sus 11 nietos, a quienes, reconoce, les permite cosas que no les permitió a sus hijos, en eso no se diferencia de otros abuelos. Su fibra docente también la aplica con ellos, les inculca cosas que parecen anticuadas pero que para él son valores importantes, como por ejemplo escribir bien, ser respetuosos, pedir permiso. Un día a la semana los busca a todos y los lleva a almorzar al Sirio Libanés. Los mozos se asombran de lo bien que se portan esos pibes. 

Le gusta la disciplina, no con violencia sino con persuasión, mostrando lo bueno que es hacer las cosas bien. Siendo un maniático del orden, Levato no puede ni empezar a trabajar si no está todo como él lo dejó, sus nietos saben que no pueden desordenar y a cambio él les deja usar sus computadoras de pantallas gigantes donde la imagen del sol parece sacada de una película de George Lucas.  Sabe que "hay que adecuarse” a estos tiempos.
Sus cenas, frugales, a las 21:30, excepto los jueves y viernes que tiene televisión a partir de las 22:30. El tiempo restante lo dedica a sus investigaciones.

Del barrio de Flores
Cuando Hugo era niño jugaba al fútbol en la calle, Flores era un barrio muy familiar y hace unos 55 años la gran epidemia de poliomielitis dejó él recuerdos imborrables. No había vacunas así que se limpiaban las calles a fondo y se pintaban los árboles con cal.

Su papa, Orlando Hugo, estudió en la escuela industrial Otto Krause y se recibió de maestro mayor de obra. Después fue empleado civil de las Fuerzas Armadas y hacia mantenimiento de los cuarteles. Su madre, Lydia Francisca Prio,  era una eximia costurera pero nunca trabajó como empleada. De ella, Hugo tomará el apodo que sólo su familia conoce, a su madre le decían Tota y él pasó a ser Totito.

La construcción era tendencia en esta familia de inmigrantes italianos, su abuelo era frentista de iglesias, todo un artista experto en los estilos dórico, jónico y corintio. Levato pasaba mucho tiempo con sus abuelos paternos y en su casa aprende a amar la ópera, su gran pasión junto con el tango. Es que si bien el abuelo Levato se ganaba la vida como albañil, su hobbie era cantar en el coro del Teatro Colón. Con él, Hugo conoció a muchos artistas internacionales como Tito  Schipa, el famosísimo tenor italiano que tiene una hija natural en Argentina, a quien conoce. 

Este amor heredado por la ópera lo llevó a colaborar con el director Ricardo Elizondo para volver a montar óperas en San Juan, después de 50 años que no se hacían. Con su aporte, desde hace 9 años se ofrecenestos espectáculos en forma ininterrumpida. 

También hay elogios para la abuela paterna, una cocinera espectacular que jamás compró ni una lata de tomate y le enseñaba a su mamá. A sus abuelos maternos no los conoció porque fallecieron jóvenes.

"Viví mucho con mis abuelos porque de chico era un atorrante total”,  confiesa. Mientras su padre construía la casa familiar, de dos pisos, Hugo escondía las herramientas en los cimientos frescos y se perdían para siempre. Parece que el enojo fue mayúsculo y lo mandaron a la casa de los abuelos donde vivió un año.

Su otra pasión son los libros, repartidos en distintas bibliotecas de la casa, pero perfectamente ordenados por temas, acá los de ópera, allá los de tango y enfrente los de ciencia. Es un comprador compulsivo en Amazon, y para los digitales, que lee en una Tablet Apple, usa el Kindle.

La carrera

Aunque su pasión es patear la redonda, el mandato familiar es estudiar, así que cuando termina el secundario comienza su ingreso a la Escuela Naval Militar, su ilusión es aterrizar en un portentoso portaviones. El cielo lo llama. Pero justo ese año incorporan un estudio de visión complejo, Levato no lo pasa. Como era buen alumno le ofrecen quedarse para la categoría Intendencia, que era trabajo administrativo. ‘Eso no es para mí’, piensa. Cabizbajo, de regreso a su casa pasa por el Observatorio de La Plata y ahí se queda, seducido por otros cuerpos redondos del espacio infinito.

Allí conoció a Stella Malaroda, él dice que era su profesora, en realidad ella era una estudiante tres años más avanzada que le dio clases en el curso de ingreso. Se casaron antes de recibirse. 

Stella habla con amor y admiración de él. Dice que comenzaron a compartir temas de estudio y salidas y pronto se encarnizaron en discusiones de fútbol, él de Racing y ella de Estudiantes de La Plata. Ella iba a la cancha y él la acompañaba. Se rifaron las futuras simpatías futboleras de sus hijos: los varones, dos, serían de Racing; pero las nenas, tres, serían de Estudiantes.

Egresa con el título de Doctor en 1973, se apura en obtenerlo porque su profesor de tesis, con problemas políticos en plena dictadura de Lanusse, emigra a Francia. Levato pide una beca externa para trabajar en el Observatorio Nacional de Estados Unidos, ubicado en Arizona, y se la otorgan. En 1974 parte con Stella y tres hijos al desierto norteamericano. Allá pasaron momentos difíciles, de apriete económico, cuando dejaron de pagarle durante 6 meses. El confiesa que lograron subsistir gracias a la maestría económica de su esposa que hacía cosas increíbles con tres papas. Ella dice que sobrevivieron gracias al espíritu de Hugo, "él es muy optimista, siempre pensando en lo que viene, siempre estudiando. Eso me atrajo de él, es tan emprendedor, te arrastra y te lleva, y es muy trabajador”, cuenta su esposa.

Ella siempre cuenta la anécdota de un viaje a un congreso en Canadá, década del ‘70. Volvían en un avión donde sólo viajaban astrónomosy militares, ya que había una base militar en la zona. Cuando el avión alcanzó la altura crucero, paró sus motores. Stella, desesperada, comenzó a rezar y a buscar en su cartera una medallita de la Virgen, a punto pánico. A su lado, Hugo leía las instrucciones para cuando un avión cae en el mar, sin inmutarse.  Ella gritaba que no se quería morir y él leía. Después les dijeron que era una práctica común en esos aviones, que al poco tiempo volvían a encender los motores. Él nunca demuestra cuando está preocupado, dice ella.

En EEUU logra avances importantes para su carrera, publica unas 30 investigaciones en revistas internacionales y aprende sobre el telescopio de 2,15 metros, gemelo al que luego coloca en San Juan. De regreso, en el ’77, comienzan a hacer lo planos para el Observatorio El Leoncito, ubicado en el departamento Calingasta a 2.552 metros sobre el nivel del mar, un lugar ideal para la observación sin contaminación lumínica y escasísima humedad ambiental. Se licita en el mismo año, gana la empresa Natalio Faingold, del grupo Greco, que quiebra en esa época y abandona la obra. Se vuelve a licitar, gana la empresa Clavijo y en 1981 retoma la obra. En el ‘82 con la guerra de Malvinas se para nuevamente la construcción que ya estaba avanzada un 30 %. Desde CONICET deciden que alguien apure la obra en San Juan y Levato gana el concurso de Director/Organizador del complejo. Era lógico, él había ido a EEUU a aprender sobre ese modelo de telescopio.

En 1983, con el regreso de la democracia, llega a San Juan para quedarse. Mientras fue director, en El Leoncito registraron explosiones solares, no en la frecuencia de la luz visible, sino en ondas de radio. Fue un descubrimiento importante porque hasta entonces no se habían investigado. Otro logro destacado fue el descubrimiento de estrellas –de las que hay distintas clasificaciones, aclara- que tienen propiedades que antes no se conocían, por ejemplo, centenares de estrellas múltiples que cuando se ven parecen una sola, pero luego de estudiarlas descubre que son muchas estrellas juntas en un solo sistema que gravitan entre sí.

Después de 25 años como director del complejo astronómico dejó El Leoncito, en mayo de 2009, para crear elICATE, de CONICET. El autor de ‘Velocidades de rotación sur B de estrellas y una discusión estadística de las propiedades rotacionales’, ya era internacionalmente conocido. Había sido parte en investigaciones como ‘Búsqueda de variaciones de las abundancias químicas con la edad en las estrellas’, o ‘Morfología espectral y la rotación en el cúmulo abierto NGC 6025’, entre cientos de trabajos de título inentendible.

A la misma altura de sus logros personales, Levato pone los logros educativos en San Juan, fue uno de los creadores de la carrera Licenciatura en Astronomía, en 1995, y del Doctorado en 2009. Fueron dos hitos muy importantes y dieron resultado: esos licenciados compiten y ganan becas externas en todo el mundo.

En el medio, sus cuestiones familiares. Consecuente con su idea de que la única forma de trascender es la descendencia y las obras, tiene cinco hijos: Ana, Federico, Laura, Gustavo y Bárbara. Cuando llegan a San Juan los chicos se adaptan rápido a la escuela primaria y secundaria. Federico menciona que cuando nació Bárbara, la más chica, su papá estaba trabajando en el Observatorio de Cerro Tololo, en Chile. También dice que las vacaciones en familia eran su prioridad cuando llegaba fin de año y aún sigue siendo una inversión importante para él. 

Bárbara cuenta que Hugo es un padre muy presente a su manera. Que siempre se preocupó por que sus hijos tengan todo lo que necesitan. "Tal vez no pudo estar en todos los momentos que quiso de manera física pero estaba igual,  siempre muy al tanto de todo lo que nos pasaba”, destaca.

También recuerda que a veces era un poco estricto y sus métodos al momento de corregirlos eran "raros”. "No nos decía nada, simplemente nos hacía sentar en una silla y teníamos que mirarlo mientras trabajaba en la computadora. Podían pasar horasy por momentos se olvidaba que uno estaba ahí, yo pasé una sola vez por ese castigo y nunca más. Pero gracias a eso hoy somos como somos”, cuenta la menor de los Levato.

Sus hijos dicen que nunca les compraba nada que le pidieran caprichosamente y siempre les recalcaba el valor de conseguir las cosas por ellos mismos. Claro, por entonces los pibes no entendían a su padre, pero ahora valoran lo que les enseñó.

A Hugo le gustó la tranquilidad de la provincia para criar a sus hijos, y el hecho de estar en el campo en 10 minutos. Hoy cree que no se iría de San Juan, aunque advierte que se adapta fácilmente en cualquier lado.
En el comedor expone algunos trofeos ganados en el futbol, en campeonatos no profesionales. Dicen que cuando juega es un tano muy calentón y que varias veces estuvo a punto de pegar un par de piñas. 

Pasan las horas y siempre es un placer hablar con Levato. Nunca pierde el buen humor y en el medio de una charla sobre estrellas múltiples el menciona que vio un programa sobre los famosos de Hollywood, hombres muy mayores con esposas 35 años más jóvenes, como Clint Eastwood, Hugh Hefner, Michael Douglas, Bruce Willis. Dice que esto es posible primero por la expectativa de vida mayor y también gracias a la "pastillita azul”. "Hay un famoso decano al que le dicen el ‘gnomo azul’ por esa pastillita”, bromea. 

Pero inmediatamente se pone serio para asegurar que después de la muerte el hombre va a donde vino, a la tierra, a formar parte de lo orgánico como cualquier animal. "No hay pruebas de la existencia del alma, menos de otra vida”.

Las grandes dudas

¿Existen los OVNIS? ¿Vio alguno? "Objeto Voladores No Identificados, OVNI, en El Leoncito hemos visto pasar objetos que no podemos decir que son y por lo tanto es un OVNI. El problema es extrapolar que sean extraterrestres, eso es suposición, no hay evidencias que sea cierto”. Levato asegura que con el periodismo de hoy, si hubieran encontrado extraterrestres  habría fotos. Pero aclara que todos los astrónomos están convencidos de que hay vida en el universo, que en la tierra la vida fue un hecho fortuito y que hay otros planetas como éste, es lógico pensar que en otro mundo se haya vida con las características de ese lugar. "Estamos deseando que se descubran seres de otro mundo a ver si nos libramos de las mujeres de acá”, dice muy serio.

-¿Todos los astrónomos están pelados con la astrología? Explica que la astrología fue la precursora de la astronomía. En el pasado ningún rey iba a la guerra si su astrólogo no le decía que ese era el día indicado porque su estrella lo protegía; también eran decapitados si el rey perdía la guerra. Fue el inicio de la visión del cielo, había una percepción equivocada de cuál era la influencia de los astros sobre los humanos, pero la tenían porque tenían que creer en algo superior: Isis es la diosa luna; Ra, el sol. "Cuando la civilización entendió qué era el sol y la luna, el dios se vuelve algo etéreo y lo que preocupa al ser humano es qué le pasa después de la muerte. Ya nadie cree que dios es el trueno, como antes. La astrología es la precursora, pero no puede demostrar su influencia en las personas, salvo como influye la gravedad en la tierra. Hay gente que engaña a otra con esto y hace plata”.

Levato siempre dice lo que piensa y a veces genera choques con sus opiniones, sobre todo en una sociedad conservadora como la sanjuanina. Pero eso a él lo tiene sin cuidado y dice de sí mismo: "Yo estudiaba muy poco en la escuela pero andaba muy bien. De chiquito era muy inteligente, después se me pasó”.

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