Monseñor Francisco Martín cuenta que a su templo llega gente en "autazos” y gente muy humilde y que las ofrendas de los ricos no son más que las de los pobres. Se ríe, porque conoce bien a su feligresía.
En la puerta de la Parroquia Divino Salvador ubicada en el predio de la Universidad Católica de Cuyo puso un papelito con la rendición de cuentas de la plata que entró y de las obras que se hicieron en el último año. Y recibe a un técnico para que le ponga un aire acondicionado porque en la última misa "no se aguantaba el calor”. El padre Paquito es multifacético, un cura constructor, mediático y de lengua afilada, sin empacho al contar que cuando niño robaba para comer y que se disfrazaba de sacerdote desde que tenía 8 años. Y sin miedo de criticar a otros sacerdotes y de mostrarse alejado del obispo. "La Iglesia es comunista, la primera comunidad, no como en Cuba que son unos atorrantes y unos mentirosos. La revolución de Fidel Castro fue un fracaso”, define.
De la miseria europea al desierto
Justo el mismo año de la revolución cubana, en 1959, Francisco llegaba a Argentina con su familia, escapando de la pobreza de su Nerja natal. Hijo de un humilde panadero llamado Francisco al que le decían Paco Banana, y de la ama de casa Magdalena Martín, Paquito nació en 1943 y 7 años después nacieron sus hermanos mellizos Miguel y Charito. Vivían en una casita sencilla y hasta ese pueblo de España les llegaban ocasionalmente alimentos en base a trigo mandados por Perón desde Argentina, cuenta.
"Yo tenía 6 ó 7 años cuando ayudaba en la Iglesia, tocábamos una campana enorme cuando se moría alguien en el pueblo. Era tanta la pobreza que íbamos por los campos buscando qué comer, llevábamos a la casa y nos retaban nuestros padres. Nos íbamos a meter a la cosecha y robábamos las papas, los higos, las tunas, la caña de azúcar para masticar, lo que hubiera. La granada era la salvación nuestra. Había dos policías en el pueblo, uno de 80 años y otro de 60, cuando hacíamos lío no se podían ni mover”, recuerda.
"Nos vinimos a Argentina porque en España no había futuro después de la Segunda Guerra Mundial. Teníamos un tío en San Juan. Nos vinimos en barco desde Cádiz, viajamos 20 días y nos agarró una tormenta enorme.
Traíamos los platos, los sartenes y la ropa en un baúl. Cuando llegamos nos revisaron a ver si teníamos enfermedades, no era nomás entrar, había mucho control. Antes de salir recuerdo una pelea entre mis padres, mi madre decía que cómo íbamos a un lugar que no conocíamos a nadie. Y cuando llegamos y vieron San Juan, adobes, ranchos, calor y piedras, no es que se arrepintieron pero esperaban otra cosa”, rememora.
El papá de Paquito empezó a trabajar en el campo y después en la panadería Requena de Villa Krause. El joven Francisco por las tardes, porque de mañana iba a la escuela, vendía tortitas y medialunas por las calles rawsinas en una bici prestada. En ese entonces se contactó con el padre Cruvelier de esa comuna. "Ya venía de mi pueblo con la vocación. Una vez fueron de misión unos sacerdotes casa por casa y como de niños no teníamos nada que hacer los acompañamos y ahí fue cuando me surgió un poco la vocación. Me ponía un trapo blanco en la cabeza a los 8 años y decía a mis amigos ‘ustedes son monaguillos y yo el cura’”. Así se fue como seminarista a Córdoba, primero estuvo en Jesús María y luego en la ciudad capital. Después de 11 años se ordenó como sacerdote el 20 de diciembre de 1969 en una ceremonia encabezada por monseñor Ildefonso Sansierra.
Hacedor de templos
Con 27 años, estrenando la sotana llegó a Angaco en 1970 mandado por Sansierra y apadrinado por el padre Francisco Enrique. "Ahí comía de vez en cuando. Era difícil, no había mucha gente allá. Empecé a trabajar en los colegios de la zona y me compré una moto 125 cc usada y con esa anduve 5 años. No había mucho, empecé a pedir, hice las puertas, compré piso, puse el techo”, cuenta sus inicios. De una iglesita angaquera pasó a una megaiglesia en Rawson en 1975. "Faltaban sacerdotes en San Juan por la crisis después del Concilio y no me mandaron por méritos propios sino porque no había otro”, asegura. "En Rawson no había techo, la parroquia era de tierra, el colegio eran 5 aulas de adobe con techo de caña y barro, eran 88 alumnos. Y yo dije ‘si la gente no viene al templo, yo tengo que ir con la gente. Y me metí en uniones vecinales, los bares, las canchas de fútbol, y la gente vio otra vida sacerdotal. He participado de papi fútbol en Unión y en Trinidad, y era bueno jugando”, afirma.
Añoranza y queja
Desde 2006 que está en Rivadavia y, aunque dice que le gusta estar en Divino Salvador, se lamenta de haberse ido de Nuestra Señora de Andacollo en Rawson. "Yo podría haberme quedado en Rawson porque mi nombramiento era para siempre. Pero me pidió Monseñor Delgado que venga acá… no voy a hablar más”, dice marcando distancia con el actual obispo. En la parroquia ubicada en Villa Krause estuvo más de dos décadas e hizo cinco colegios parroquiales, el camping de Lemos pasando Calle 6 y un hogar de niños, según enumera.
¿Con qué plata hizo todo? "A mí me gusta ser transparente. La clave está en no robar y ahorrar”, contesta. ¿Pero usted dice que hay curas que roban?, se le pregunta. "No sé, que entra mucho dinero sí y no se sabe dónde va. Si uno pregunta por allá, lamentablemente al lado de la EPET en el Barrio Belgrano perdimos 6 mil m2 que yo conseguí. El que fue después de mí no quiso hacer nada y se perdió el terreno. Ariza no es para párroco, es para clases, para conferencias, es muy estudioso pero no es para párroco”, dispara sobre su sucesor y actual sacerdote de Andacollo.
Showman con impronta política
"A lo político yo recién me desperté con el Cordobazo, en 1969, yo estaba en Córdoba en el Seminario mayor y era una humareda y piedras por todos lados, nos habíamos subido a los techos para protegernos, nunca vi nada igual”, asegura el padre Paquito. Sus análisis de temas de actualidad pueden seguirse en su programa Temas en Familia, los miércoles por Canal 4 de la televisión abierta local, medio del cual es representante legal.
Con 71 años, Martín pasó por dictaduras y democracias. "Yo al principio como sacerdote simpatizaba con la Teología de la Liberación, estaba el padre Mugica, cada provincia tenía su cura de la Teología con la idea de liberar a los pobres de la esclavitud de los ricos. Esos sacerdotes trabajaron en villas y comunidades y la misma situación social los llevó a ser líderes y cuando vino el ’76 muchos sacerdotes y ex seminaristas se pasaron a la guerrilla. Acá en San Juan era una isla. Varios curas no veíamos claras las cosas, porque confrontaron los pobres contra los ricos y los pobres contra la Iglesia capitalista y se dio una especie de desprecio hacia el obispo que usaba pomposidad y algunos sacerdotes no soportaban a este grupo social que llevaba a un cambio. Para mí fue un momento de mucha confusión, desde fines de los ‘60 hasta 1980, y luego se aplacó”, cuenta.
"No se sabía dónde ir, la Iglesia se quedaba sin seminaristas, muchos se fueron a vivir a barrios pobres, nosotros nos quedamos en el Seminario mayor, de 100 quedamos 33 porque no entendíamos por qué teníamos que irnos a una villa. Para estas situaciones hay que ser muy santo, tener una fuerte espiritualidad, sino la gente te empuja y cuando te querés acordar decís ‘¿Yo qué hago acá?’ y el fervor sacerdotal se apaga y hay que rezar para que el miedo no te lleve a desertar. Al padre Mugica quieren hacerlo un estandarte. Una vez nos dio una charla a varios sacerdotes y después yo vi que se ponía muy peligroso ese grupo, no aparecía el respeto a la jerarquía y a la estructura eclesial, entonces yo no participé más en reuniones”.
El padre Paquito no quiere contar mucho, pero se dice que en los ’70 fue de ayuda crucial para José Luis Gioja: Que lo escondió al entonces funcionario de Eloy Camus en Villa Krause cuando era perseguido por los militares y que el cura oficiaba de mensajero encubierto con la familia del actual Gobernador cuando este último era preso político.
Paquito llegó a vicario general siendo la segunda autoridad eclesiástica en San Juan en la época de Monseñor Italo Severino Di Stéfano. Desde hace más de 30 años que es Monseñor y asegura que nunca le interesó ser obispo: "No, porque mi estilo es muy poco estructurado, voy a comer choripán cuando San Martín juega”.
Del obispo "mejor no hablar”
"Yo del obispo Delgado mejor no hablo. Mejor que no nos veamos”, responde el padre Paquito cuando se le pregunta de su relación con Monseñor Alfonso Delgado. Y asegura "Di Stéfano tenía el arzobispado siempre lleno de gente. Ahora uno va y no hay nadie. Hay cosas que suceden que no puedo hablar pero que alguna vez se van a saber, ahora no”, asegura misterioso el párroco de Divino Salvador. "Yo no puedo hablar porque no corresponde”, concluye llamándose al silencio.
TEXTUALES
"Comenzar una nueva etapa no es conveniente. Yo cuando cumpla los 75 no me quiero retirar, no voy a presentar nunca la renuncia. Que me echen”.
"La Iglesia siempre ha tenido apertura. Tener prácticas homosexuales es pecado. Quien pueda tener más o menos culpabilidad es otra cosa pero la Iglesia debe acercarse a las personas. Yo me peino con un muchacho de tendencia homosexual”.
"¿Esto es democracia lo que está pasando? Con la incertidumbre que hay respecto de la autoridad, yo estoy muy desconcertado. Creo que Cristina es una mujer muy inteligente y debe estar con gente más transparente y más cercana al pueblo y a ella”.
"Yo cuando era chico tuve un montón de novias. No me arrepiento de lo que elegí. Lo que te da ser sacerdote es peligroso, difícil, pero llegan los años y uno dice "cuántas cosas".