Aclamados por algunos, resistido por otros; los reductores de velocidad de hormigón proliferaron en el Gran San Juan. Hubo hasta un 100% de aumento en estas obras comparado al año pasado.
Por Ernestina Muñoz
Todo aumentó en el último año: el parque automotor, la cantidad de motos de media y alta cilindrada, la velocidad en las calles, el caos… y también los “pianitos”. A pedido de vecinos hartos de la inseguridad vial, proliferó la instalación de los “plano SJ 517”, esos baldosones de hormigón pintados de amarillo que serruchan las calles obligando a los automovilistas a reducir a cero la velocidad para pasar. En algunos municipios, la instalación en este año duplicó o triplicó lo hecho en el año pasado. El tema genera mucha controversia y acalorados debates.Los intendentes autorizan la instalación para dar respuesta a las necesidades de la comunidad, pero del otro lado reciben las quejas de los conductores por las averías en sus autos y la demora al circular.
En Rivadavia El ingeniero Juan Carlos Allayme, secretario de Obras, asegura que son innumerables los pedidos de vecinos por reductores de velocidad. Sin arriesgar una cifra, contó que invirtieron más de $300.000 en esto y que queda un desembolso similar. “Nos piden pianitos reductores de velocidad hasta en calles de tierra y ripio. ¡Hay barrios donde los autos circulan a 80 ó 90 kilómetros por hora!”, aseguró. El funcionario contó que el año pasado empezaron con estas “obras de seguridad”. Al asumir la gestión, no había ni un solo pianito y solo tenían un pedido por un lomo de burro, “trabajo que está terminantemente prohibido por Vialidad”. Allí comenzó la explosión. “Los firmantes más decididos en las notas con pedidos son las madres, que no quieren que un auto les pase por encima a sus hijos”, contó Allayme. Y por el otro lado, aseguró que no dan curso a todos los reclamos ya que en este año comenzaron a recibir quejas formales para que se remuevan los “pianitos”. “Sobre todo los dueños de autos de alta gama que quieren más los amortiguadores que a los hijos”, se quejó. “Yo les digo, ¿no probaste con frenar?”, comentó.
En Santa Lucía
Desde que asumió la intendencia, uno de los pedidos vecinales más recurrentes en el despacho del intendente Marcelo Orrego fueron los reductores de velocidad. A tal punto que se volvió uno de los tópicos de gestión, destacado en el mensaje a concejales en la apertura de sesiones de este 2013. Recibieron 2.200 demandas comunales para que se instalen estos dispositivos para reducir la velocidad de los automotores en distintas calles y accesos del departamento. En comparación con 2012, el clamor por los “pianitos” fue sensiblemente menor, aseguraron fuentes del municipio santaluceño. Las últimas obras se están haciendo en el barrio Centro Empleados de Comercio, un lugar relativamente tranquilo en materia de tránsito, hasta hace unos meses cuando los autos empezaron a circular a altas velocidades por las calles internas.
En Rawson
El secretario de Obras, Rubén García, contó que el año pasado instalaron 7 reductores de velocidad y este año 23. La excepción, es que no apuntaron a los de hormigón sino a las conocidas “tortuguitas”, tacos con pintura termoplástica amarilla de menor altura pero con mayor cobertura en la zona. De hormigón solo hay uno instalado en esta gestión, en el barrio Sarmiento. “Los pianitos no nos convencen, arruinan la caja de dirección y la amortiguación de los autos”, explicó. Al igual que sus colegas de otros municipios, García comentó que si fuera por los pedidos, deberían tapizar el departamento con reductores. “Ahora estamos dando cumplimiento al presupuesto participativo, con las obras que se consensuaron al inicio del año. Vamos a priorizar las salidas de las escuelas y algunos barrios que tienen mucho parque ciclomotor, que circula a alta velocidad”, contó.
En Chimbas Ya ejecutaron este año 874 metros lineales de reductores de velocidad y quedan por ejecutar 613 más, según informó el mismo intendente Mario Tello. Estos últimos, a pedido de los vecinos, están en proceso de licitar. El departamento del norte fue uno de los primeros en instalar este tipo de obras y fue tomado como inspirador para la gestión de Rivadavia, según confió Allayme. En comparación con el año anterior, consideraron notorio el aumento de pedidos en este año respecto al anterior.
En Capital
La Secretaría de Planeamiento citadina no llevaba la cuenta exacta de los pedidos vecinales por pianitos pero sí lo ejecutado en el presupuesto. En la primera gestión realizaron 4 de estas obras, sobre todo en el microcentro y en la zona sur del Centro Cívico. En la segunda gestión llevan 11 “pianitos” ejecutados. Los ingenieros de Planeamiento indicaron que ha crecido considerablemente el pedido de vecinos por reductores y lentamente van accediendo a los reclamos. Como dato anecdótico, en una de las últimas inauguraciones de pavimento, en Avenida Alem norte, los vecinos aprovecharon el corte de cintas del nuevo asfalto para pedir que sobrepongan los reductores de hormigón. “Apenas renovado, ya piden que prevengamos accidentes”, contó Terranova.
La Escuela de Caminos, en contra
El ingeniero Bocca consideró desaconsejable la instalación de los baldosones de hormigón. “No están homologados por Vialidad Nacional. Los que sí están autorizados tienen que tener 8 milímetros y estar al ras del suelo. Deben tener la pintura amarilla termoplástica (que no se gasta con el calor o el paso del tiempo”. Explicó que los de tipo serrucho se utilizan más para dividir la calzada, a modo de boulevard, pero que no es aconsejable el uso en forma transversal.
El profesional explicó que los reductores que sí están aprobados tienen la ventaja de no dañar el vehículo pero necesitan un recambio continuo, volviéndose más caros. Los de hormigón son más durables, pero más agresivos también y pueden hacer perder el control del auto. “Encima se instalan mal porque muchas veces se pegan por encima de la carpeta asfáltica”, acotó.
La Escuela de Caminos de la Facultad de Ingeniería dispone de numerosos estudios e investigaciones en campo sobre la transitabilidad en la provincia. También tienen evaluaciones técnicas de cuándo corresponde instalar un semáforo o rotonda para aminorar el tránsito. Pero no hay trabajos técnicos respecto de la conveniencia de “pianitos”.