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Pasacalles

Un mensaje de altura

Los hay románticos, festivos, publicitarios, propagandísticos y hasta “escrachantes”. Desde hace unos años se han convertido en una manera fácil, barata y llamativa de transmitir una idea. Jorge Balmaceda Bucci.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Jorge Balmaceda Bucci

Es prácticamente imposible no verlos. Con llamativos colores y mensajes muy concisos se apoderan del paisaje y de la atención de peatones, conductores y pasajeros.  Son los famosos pasacalles, para algunos son un medio de publicidad, una opción para mostrar una propaganda y para otros una curiosa alternativa para demostrar sentimientos.

Suelen medir aproximadamente 5,50 metros de largo por 1m de ancho y se suspenden en el aire agarrados en árboles, farolas o algún punto de anclaje que se improvise en la altura. Su objetivo principal de mostrar un mensaje lo consiguen siempre, lo que puede que falle es que el destinatario del mismo responda como lo espera quien lo mandó a diseñar y colocar.

Gustavo ‘Gallo’ Toledo se dedica a este oficio desde hace más o menos 19 años y con tal experiencia se anima a asegurar que los pasacalles de San Juan son los mejores de la Argentina. “Yo viajo mucho a otras provincias y me voy fijando en los pasacalles que hay y la verdad que no tienen nada que ver a los que se ven acá. Como serán de feos y de mal gusto, que más de una vez les he hecho foto para que la gente valore aún más lo que hay en nuestra provincia”, afirmó Toledo, quien tiene mil y una historias para contar con respecto a este particular manera de comunicar.

“La verdad que han pasado muchas. Me acuerdo una vez que me encargaron uno que decía “Mujeres cuiden a sus maridos porque la no sé cuanto llegó al barrio”. La mataron a la pobre mujer. Por no hablar de la cantidad de veces que me han movido la escalera para que no lo ponga”, dijo entre risas el ‘Gallo’, antes de tirar otra anécdota que por suerte tuvo un buen final para él: “Los otros días, por pedido de una chica que quería que su novio la perdonara, puse un pasacalles en la esquina de Gral. Acha y Laprida –arriba de una farmacia que hay- y después de colocarlo, cuando ya iba en mi camioneta con mi mujer, me pararon dos policías para que les explicara qué hacía yo con una escalera arriba de una farmacia. Pensaban que estaba haciendo algo extraño, pero cuando les conté que estaba poniendo un pasacalle se mataron de risa”. Gajes del oficio.

El precio de un pasacalle normal en San Juan oscila entre los 100 y 180 pesos colocado. En función del diseño hay que poner moneda más, moneda menos. Con respecto al tiempo, una vez que se tiene la idea del mensaje que se quiere, se tarda una media hora en que esté terminado.

Guillermo Espinosa es otro viejo conocido del rubro letrista. En su domicilio de Santa Lucía, este ex trabajador de SOMOS lleva adelante su propio proyecto de cartelería y, entre ese amplio abanico, los pasacalles ocupan un importante lugar. “Llevo más de 25 años entre carteles y pasacalles. Es algo que siempre me gustó y que ahora comparto con mis hijos. Este oficio, por la manera en la que trabajamos, mantiene el romanticismo de antes”, apuntó Espinosa, quien también guarda en su memoria incontables anécdotas.

“Una vez un policía me pidió que pusiera un pasacalle al frente de la comisaría en la que trabaja porque quería demostrarle su sentimiento a una compañera. Fue raro, pero lo hice porque es lo que el cliente me pedía. Y también te puedo decir que en más de una ocasión por ir a mil colocamos pasacalles en casas equivocadas. La gente no entendía nada”, apuntó con una sonrisa Guillermo.

La nueva era digital
Los pasacalles que más se divisan en San Juan son los artesanales. Los que están hechos a manos, con un pincel y algunos toques propios de cada letrista. Pero también hay una opción informatizada. Desde hace un tiempo atrás, la empresa Espacial Digital brinda un servicio de pasacalles que el cliente puede ver previamente en la pantalla de la computadora y, una vez que da el OK, se imprime en una lona de 5 metros por 0,70 metros. Su precio ronda los 100 pesos.

El viento, el peor enemigo
Sin dudas, el malvado en la película de los pasacalles es el viento. Si el Zonda o el Sur dicen de soplar con fuerza no hay tela que pueda ofrecerle resistencia. Si es que antes, de tanto bamboleó, el alambre con el que se sujeta no se ha soltado. 

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