Débora no aguantó más y escapó. Todavía no se sabe con precisión qué fue lo que le ocurrió, pero algo malo le pasó. De hecho, tiene golpes. Huyó. Y lo hizo sabiendo que esa decisión le iba a traer problemas con el más íntimo de su círculo, el de su familia de crianza. Así y todo se fue. Y ahora, con 9 años, pasará el Día del Niño en un hogar del Estado, lejos de sus afectos más cercanos, sus hermanitos más chicos de 6 y 4 años y con el drama de no saber con quién seguirá viviendo en un futuro inmediato.
Lo único concreto es que la niña tiene golpes en su cuerpo. Y no descartaban que hubiera sufrido algún tipo de abuso sexual. De acuerdo a la encuesta vecinal hecha por los asistentes, la casa del barrio Martín Fierro de la que escapó la niña es un lugar donde “hay muchas juntadas de hombres” y donde “los niños sufren mucha violencia”.
También chequean si la madre de crianza de la niña no la usaba para trabajar. La primera versión es que la mandaba a que vendiera pan y semitas y que habría sufrido fuertes reprimendas cuando no le traía dinero. Incluso, el miércoles último, cuando la niña escapó y movilizó a la Policía, la menor había sido mandada por la madre de crianza a que entregara unos productos de Tupperware.
No hacía falta que la revisara ningún médico para darse cuenta de esas evidencias. Los asistentes sociales de la Dirección de la Niñez lo notaron. Por eso le dieron intervención a la Asesora de Menores, Soledad Medina, quien radicó la denuncia penal en la división Seguridad Personal.
Por el momento tomó intervención el juez Maximiliano Blejman, del Cuarto de Instrucción. Pero al cierre de la edición esperaba los resultados de los médicos legistas y ver qué tipo de lesiones tenía la niña y así poder determinar si seguía él con la causa –si los presuntos delitos no son excarcelables- o si correspondía derivarla al juzgado correccional en turno.
Así como a los asistentes, antes le había pasado lo mismo a la vecina a la que fue a pedir ayuda la niña, quien recurrió directamente a la línea 102, siendo que conocía a la familia que la criaba y a su madre biológica. Creen que lo hizo porque también ella la vio golpeada y no dudó que había sido víctima de un maltrato.
Débora tiene 9 años y sus dos hermanos varones 6 y 4 años. Los tres fueron dejados por su madre biológica a una mujer llamada Viviana Montenegro (ver recuadro). Esto habría ocurrido hace cuatro años. No hay ningún papel legal que certifique cómo se hizo ese traspaso. Lo único concreto es que la madre biológica no estaría en condiciones mentales para atender a los niños. Y el padre biológico nunca se habría hecho cargo de sus hijos.
La madre biológica tuvo a estos tres niños con un hombre y tiene otros dos hijos con otra persona. Entre las dos familias hay otro vínculo: la hija de 16 años de la madre biológica está de novia con uno de los hijos biológicos de Viviana Montenegro, la madre de crianza de los chicos.
En la Dirección a la Niñez la menor dijo que vio “algo muy feo” en la casa de crianza. Allí están convencidos de que la niña sabe más de lo que dijo. Por eso no descartaban que fuera a una Cámara Gesell.
En medio de la incertidumbre sobre qué es lo que pasa con los tres hermanitos, Viviana Meglioli, a cargo de la Dirección de la Niñez, decidió que la niña de 9 años quedara en uno de los hogares del Estado.
Y en la mañana del miércoles último, cuando se armó todo el lío tras algunas horas que Débora estuvo desaparecida de su casa de crianza, sus dos hermanitos fueron sacados a Viviana Montenegro y llevados a un hogar. Luego apareció un hermanastro de ellos, un joven de 23 años, quien se hizo cargo de los dos varoncitos. Esto será hasta el martes próximo, porque también él está siendo auditado por las autoridades.
Por ahora todo es provisorio. Y no se sabe qué será del futuro de los tres hermanitos, principalmente de Débora, quien huyó espantada y destapó un escándalo.





