Siendo pequeño, en La Plata, se sintió atraído por este tipo de arte; y es por eso que conserva “un barco en relieve que hice con madera de un cajón de fruta, cuando tenía 8 años en un atelier de un escultor”.
Comenzó a trabajar en el diario y entonces “es como que la fotografía se fue apoderando de mi tiempo y horas de trabajo, por lo que la escultura fue quedando relegada públicamente pero la continué en un ámbito más íntimo”, comenta.
Sus creaciones son trabajos en madera, utilizando un poco de metal como un elemento compositivo que sirve para unir las piezas. Sus diseños son “de juegos más abstractos; una síntesis de dibujos y de fotos que desde mi tesis vengo haciendo de la ciudad”. Dice también que mucho tiempo se dedicó a hacer “objetos perversos, los denomino así porque yo les cambio la versión, la figura original y los vuelvo inútiles”, explica.
Su casa es el espacio en el que sus obras lo acompañan a diario; tanto el living o el comedor; además de que “hay cosas que van colgadas en las paredes y hasta uno puede encontrar mesas de luz que yo creé, o tablas para cortar que incluso muchas veces regalo”.
Dice que más que un artista a seguir siempre le gustaron más los movimientos como el surrealismo, el dadaísmo y las construcciones merz, por ejemplo.
Para él es como “un hobby, un pasatiempo o un lenguaje para desconectarme de la rutina laboral”. Tal es así que confiesa que si tuviera que elegir entre sus múltiples tareas “tal vez preferiría tener tiempo para dedicarme por completo a la escultura y tener el sueldo como el que tengo de fotógrafo”, comenta entre risas.
Finalmente expresa que son muy pocos los que saben que continúa dedicándose a la escultura y es por eso que “si algún día hiciese una muestra con mis creaciones sorprendería a mucha gente e, incluso, me gustaría mostrar esa faceta”.





