Por primera vez, desde Miami

Habla el nieto del Rector desaparecido en la dictadura

Tiene 37 años y es diplomático de carrera; fue nombrado agregado cultural en el Consulado Argentino en Miami, USA. Custodia tan celosamente los documentos que dejó su abuelo Juan Carlos Cámpora, que los lleva siempre con él. Su meta es lograr el reconocimiento del ingeniero desaparecido. Por Viviana Pastor.
martes, 18 de junio de 2013 · 11:51

Por Viviana Pastor

Pedro Sondereguer Cámpora tiene una idea fija: lograr el reconocimiento de su abuelo Juan Carlos Cámpora, primer rector de la Universidad Provincial Domingo Faustino Sarmiento, base de la actual UNSJ, y desaparecido en San Juan durante la última dictadura militar.

Desde el Consulado General de Argentina en Miami, donde Pedro trabaja como Agregado Cultural y Comercial, habló por primera vez de su abuelo y la meta de reivindicar su figura se hace muy evidente a 6.600 kilómetros. Hasta allá llegó con una carpeta heredada donde guarda los documentos más preciados de la familia: las cartas escritas por su abuelo a su madre, en los días previos a su desaparición.

Si bien el ingeniero Cámpora tuvo otros hijos, el papel de Pedro en esta historia fue fundamental, ya que en la última carta que escribió Cámpora le pedía a su hija María Cristina que no viajara  de Buenos Aires a San Juan, porque sabía que era peligroso. La idea del viaje era que conociera a su nieto Pedro.

Los sobres están ajados, amarillos, les faltan algunos pedazos; tienen sello postal de San Juan y guardan cartas firmadas como “Papá” y otra como “Cámpora”, las dos, destinadas a su hija.
Como si se tratara de hojas del Código Da Vinci, Pedro saca el papel con sumo cuidado para mostrarlo, por primera vez, a un medio de comunicación. “Mi misión es rescatar el apellido Cámpora, y el día de mañana contarles a mis hijas la historia de mi abuelo y volver con ellas a San Juan”, dice Pedro.

¿Por qué tanto énfasis en el abuelo que no conoció? Es que para Pedro y para su madre, Juan Carlos Cámpora tuvo una doble desaparición: la primera fue la de la dictadura; y la segunda, la de toda la comunidad sanjuanina. Pasaron 35 años de total olvido para Cámpora y recién en el 2012, la Universidad Nacional de San Juan realizó un acto homenaje al primer Rector de esa casa de altos estudios, al que asistieron María Cristina y Pedro.

“Mi madre nunca me habló mucho de su padre. Lo que se es porque me fui enterando solo, preguntando. Tan es así, que al principio le tenía bronca a mi abuelo porque no entendía que un tipo tan inteligente haya dejado a sus hijos sin nada. Después fui entendiendo: mi abuelo hizo lo que pudo, no se dio cuenta, ¿cuántos se dieron cuenta de que llegarían a tanto?”, se pregunta el nieto.

Reconstruyendo su propia historia, Pedro dice que su abuelo trabajó intensamente para que el peronismo ganara las elecciones en San Juan, después de años de Bloquismo. Lo pinta como un hombre que sabía disparar armas, fue campeón de tiro, y cuando los montoneros usaban su casa les enseñaba a tirar. Era también un gran atleta, sabía nadar, hacía andinismo, sabía montar  caballos, pero además tenía muy arraigada una ideología, a la que le dio la vida. “Me pone la piel de gallina hablar de mi abuelo, aunque no lo conocí. Él supo conjugar el intelectual con la destreza física y además con el valor para hacer lo que corresponde. De a poco fui entendiendo y lo fui perdonando, mi abuelo jamás habría dejado a su hija sin protección, pero no se lo esperó, no se dio cuenta hasta el final”, asegura el nieto.

Luego reflexiona en voz alta y  dice Cámpora debe haber pensado que siendo un hombre “tan público”, no lo tocarían, a pesar de que la policía militar le avisó que lo estaban fichando y él siguió con su apoyo a montoneros, “no entendió la brutalidad que se venía”. 

Pedro advierte que si su abuelo no hubiera mandado esa carta a su madre, él no estaría donde está y sería uno más de los pibes apropiados.

Los papeles que Pedro atesora, han sobrevivido al exilio de la familia que duró varios años y muchos cambios de domicilio en México, Francia y España.

Cuando Cámpora desaparece en San Juan, María Cristina tenía 21 años, estudiaba en Buenos Aires, vivía con su pareja, Pedro Sondereguer, y había nacido su hijo Pedro. En esos días cae en  un operativo el padre de Pedro y al abuelo paterno le dio un derrame cerebral por el que murió al poco tiempo. La familia colapsó, económicamente y psicológicamente se vino abajo.
Después de dos años y medio, su padre salió de la cárcel, gracias a las influencias de la familia Sondereguer; y junto a su madre, se exiliaron en México, donde vivieron 10 años, luego estuvieron 3 años en Francia y otros 2 en España. María Cristina volvió al país en 1989 y Pedro y su padre, en el ’93. “Por suerte mi mamá sobrevivió y me crió a mí; mi mamá militó en Montoneros pero zafó”, cuenta Pedro, sentado en el grill-café argentino La Boca, ubicado en Brickell, centro financiero de Miami.  

Pero los mismos contactos que ayudaron a mantener con vida a Pedro Sondereguer padre, no fueron suficientes para salvar a Cámpora, que además sumaba portación de apellido, era primo de Héctor Cámpora, el “Tío”, delegado personal de Juan Domingo Perón.

Pedro cuenta que nunca se supo que pasó con su abuelo, ninguno de los que sobrevivieron en los centros clandestinos de detención lo vio. “No tenemos forma de saber lo que le pasó, pero es muy probable que sus hermanos no lo hayan protegido, para sus hermanos era la oveja negra. La familia Cámpora en San Juan tenía muchas conexiones, eran de derecha, en una provincia muy conservadora. Pero mi abuelo, para orgullo mío, salió con ideas claras, muy firmes. Nunca lo conocí, pero me emociona hablar de él”, repite.

Diplomático de carrera

Pedro tiene 37 años y definirse por la carrera diplomática le llevó varios años. Su primer intento universitario fue en Matemática y Física, que le encantaba, pero abandonó en cuarto año para abocarse a la literatura, su otra pasión. En cuatro años se recibió de Licenciando en Letras y empezó a trabajar en colegios privados, luego intentó estudiar cine, pero no pudo ingresar al instituto. Sentía que la docencia no era lo suyo, fue cuando su padre le sugirió que estudiara la carrera diplomática, ya tenía una buena base de estudios universitarios y una gran experiencia de vida en varios países. Después de pensarlo, Pedro ingresó al Instituto del Servicio Exterior de la Nación y luego de dos años de estudio, tres pasantías y tres años de trabajo en Buenos Aires, fue destinado al Consulado en Miami, donde trabaja desde febrero de este año y donde vive junto a su esposa Dalina y sus hijas Catalina y Agustina, la última nació allá, dos días antes de esta entrevista.

Al final, Pedro pone en valor el encuentro con San Juan: “Cuando me vine a Miami dejé todo, pero me traje los documentos de mi abuelo. No podía arriesgarme a dejarlos, no los puedo perder, es lo único que tengo de mi abuelo, es lo único que puedo hacer por él… me emociono… mirá qué casualidad que te encuentro en Miami por este tema y tengo acá estos papeles”.

Cámpora: Compromiso total

Juan Carlos Cámpora nació en Lomas de Zamora, Buenos Aires, se recibió de Ingeniero y por consejo de un amigo, se fue a San Juan a buscar trabajo. “Le encantó San Juan y se quedó, tenía hermanos que también se fueron y se quedaron allá, donde aún viven tíos y primos; ahí nacieron sus hijos Juan Carlos y María Cristina, de su primer matrimonio”, cuenta el nieto.
Fue secretario General de la Gobernación de San Juan en el gobierno de Eloy Camus; fue Director de Fabricaciones Universitarias, y el primer Rector de la Universidad Sarmiento, entre 1964 y 1966. En este periodo, fundó el Museo Arqueológico, base del actual Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo "Prof. Mariano Gambier" de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes de la UNSJ.

En su libro Historia de Víctimas del Terrorismo de Estado, Eloy Camus señaló que Cámpora fue la persona que en San Juan defendió con mayor pasión los logros de la Revolución Cubana, siendo el encargado de repartir el diario “Granma” en la provincia y sintonizar por onda corta Radio Habana.

A principios de los ’70 el ingeniero se relacionó con militantes del peronismo revolucionario de la ciudad de La Plata y Capital Federal, tales como John William Cooke y su esposa Alicia Eguren, de quienes se hizo muy amigo. Pedro contó que ella le mandaba gente para que entrenara y que según le dijo su madre, Juan Carlos adhirió a Montoneros pero no fue parte de la conducción ni fue orgánico, “simplemente adhirió".

Tenía 58 años cuando fue secuestrado-desaparecido por una patota militar, el 25 de febrero de 1977. Fue entre las 8,30 y las 9, cuando salía de su casa del Barrio Juan XXIII para ir al médico, al que nunca llegó.

Su desaparición entró en la causa Marianne Erize, Daniel Russo, Juan Carlos Cámpora, en el juicio por delitos de Lesa Humanidad que se desarrolla en la provincia.

Camus explicó que el ingeniero le prestaba una casa suya a Poblete, sobre calle Sabattini. Que escondió a Erize y por eso la absoluta relación con la caída de esa casa, “eso está probado en este juicio”, dijo.

“En función del allanamiento que encabeza Jorge Olivera, según testimonios de los vecinos, Cámpora mandó una carta a su hija y le advirtió que podría ser víctima de desaparición.
No hay ningún testimonio que diga cuál fue el destino de Cámpora, no hay sobrevivientes que lo hayan visto. Sí vieron cuando lo fueron a buscar, iba en su auto un Citroën 3CV al médico, lo  secuestraron y el auto estuvo en la Central de Policía de la provincia”, contó Camus.

El juicio se encuentra en la etapa de alegatos de la defensa de los represores acusados; el representante del Ministerio Público Fiscal, Mateo Bermejo, pidió que los imputados Horacio Julio Nieto, Orlando Martel y Jorge Antonio Olivera sean condenados a prisión perpetua.
Mientras que solicitó 25 años de prisión para Juan Francisco Del Torchio, Gustavo Ramón De Marchi y Daniel Gómez; para Alejandro Manuel Lazo, solicitó la pena de 15 años de prisión.

Luego, en el fin del juicio, se leerá la sentencia y para ese momento María Cristina quiere estar en San Juan.