Siendo más joven, no digo que toda la ballena, pero una pestaña por lo menos yo hice aportes para salvarla. (¿Tienen pestañas?).
Con el cartel desplegado en nuestro icono arquitectónico, ahora todos somos unos genios y algunos hasta quieren echar el sereno, pasando por el encargado del edificio y hasta al ministro.
Somos unos charlatanes, no dimensionamos, confundidos también por el marketing de ellos, que los “chicos Greenpace” no son tan chicos y que son una verdadera corporación mundial, capacitada para que en 10 minutos puedan asaltar un edificio.
No piden permiso, hacen inteligencia durante meses, estudian y contratan holandeses escaladores. Dan en el blanco, impactan.
No elevan notas, generan los hechos para que surjan notas, miles y solo con lo que hacen.
Psicológicamente ellos están preparados para la gloria o la muerte, son unos kamikazes modernos.
La intervención, el impedimento, el roce, todo les sirve para fabricar una noticia.
La victimización, es parte del plan.
Ir preso, es otra acción programada en su marketing.
Este era un edificio indefenso para la precisión militar con la que estos tipos se mueven. Ellos son capaces de interrumpir el coliseo romano, o una convención mundial de presidentes con una bomba, como la Evangelina Carrozo en contra de las pasteras.
Ya no hay seguridad presidencial, no digo de un presidente, sino de cientos, que puedan evitar una acción pulposa, como la de las pasteras.
Ahora imaginen esa plaza seca bajo la inteligencia militar, la observación y la planimetría durante meses, y dispónganlo en soledad y de madrugada... Good show! Es una plaza y un edificio listos para el paseo.
Déjenlos, que se expresen, que bajen solos, que caminen solos hasta el patrullero, nada de esposas, que ninguno se revuelque y Dios quiera que ninguno se caiga.
Solo con eso el gobierno se evitó buena parte del show que traían preparado.
Ellos deben escandalizar; no dialogan, gritan; no conversan se imponen.
El negocio de ellos está en la ampulosidad de sus gestos.
Me lo dice en el Día del Periodista un periodista: "Son sectarios, disentir amablemente y con buena información, no se puede, por que ellos deforman, exageran, amplifican, y si no estás de acuerdo atacan al medio o al periodista, llamándote como servil".
Su negocio es el grito, no la conversación.
Diario de Cuyo obtuvo un buen material grabando una toma lateral del equipo de prensa de Greenpace que rodaba su spot institucional debajo del cartel y a minutos de haberse colgados.
Como cualquier publicidad, va con toma y re-toma: "Vamos de vuelta", dice el director y un locuaz y barbado militante Guillermo Strano, bien porteño, nos dice qué está pasando en San Guillermo.
Esa publicidad no es diferente a la de la toma para vender jabón. Pero eso sí, tiene más adrenalina.
¿Y si mañana Guillermo Strano también se arrepiente como Gastón Pauls?
Bueno, no creo que la organización salga a divulgarlo. Y si no se sinceran ellos, a los guanacos no les interesa salir en la tele, ni están preocupados en verdad.




