303 días después de haber fallecido el abogado Baistrocchi, su estudio céntrico entregó una pista clave para la causa penal que investiga el escándalo de las expropiaciones. Lo que aún nadie puede responder es por qué aún estaban allí, casi un año después, los documentos que comprometen a todos los acusados por una supuesta asociación ilícita a la que el propio abogado aparecía vinculado.
Se suponía cantado que en algún momento la jueza María Inés Rosellot decidiría allanar las oficinas que Baistrocchi compartía con Velert sobre la calle San Luis. Incluso, llamó la atención que se tomara un tiempo para hacerlo, seguramente desconfiando de la posibilidad de encontrar algo de valor después del fallecimiento de Baistrocchi como consecuencia de una larga enfermedad: si hubiera sido necesaria limpiar la escena, no hubiese sido el tiempo lo que faltara.
Baistrocchi estuvo sindicado como una pieza clave en la organización bajo sospecha de haber hecho pagar fortunas a la provincia con los fallos de terrenos inflados. Desde el inicio estuvo vinculado, pero nunca fue indagado ni detenido, porque falleció antes de que la causa penal avanzara, como sí lo hizo con otros como Santiago Graffigna, el ex fiscal Mario Díaz o los tasadores del Tribunal.
El protagonismo de Baistrocchi data desde el inicio mismo de los hechos. Es que el abogado reportó en Recursos Energéticos en el momento en que se iniciaron todos los expedientes expropiatorios de Cuesta del Viento, y después pasó a la Fiscalía de Estado, donde Moisés Moya –a cargo en ese momento de la división Expropiaciones, luego camarista y luego bajo sospecha por fallar a favor de Graffigna- lo designó para defender a la provincia en esos mismos trámites.
Lo que se le objeta en ese inicio de los juicios es no haber notificado a los dueños de los juicios. Es decir que comenzaba el trámite, pero el propietario del terreno nunca se enteraba. Y como en muchos casos eran apenas tenedores, ganaban tiempo para tramitar la posesión veiteañal y luego devolver el juicio al Estado con todo en regla y el paso del tiempo a su favor por el cobro de interés. Con otro condimento: desaparecían las tomas de posesión, la fecha a la cual debían tasar los terrenos, y entonces los tasaban a precios actuales y les sumaban los intereses. Así se pagaron millonadas, y lo que encontraron en el estudio de Baistrocchi fueron elementos para sostener esa línea.
En el allanamiento, el personal del juzgado de Rosellot encontró los documentos más valiosos para la investigación detectadas hasta ahora. En dos procedimientos de Cuesta del Viento, encontraron las toma de posesión que se habían “perdido” en los expedientes expropiatorios y esa Ausencia facilitaba el gran salto de la cifra a pagar: en Sinforoso Illanes y Juan de Dios Manrique, ambos movilizados por Graffigna.
Y allí había –según las fuentes- más documentos oficiales demasiado comprometedores. Son dos de las tres carpetas “extraviadas” en otros tantos juzgados de la causa Carbajal, otro terreno de Cuesta del Viento y que fue subdividido en tres y que terminó siendo reconstruido de manera polémica en un solo juzgado. El de Rosalba Marún de Sobelvio, quien atendió la contestación de demanda de Graffigna por las tres parcelas y falló por toda la extensión en su juzgado, cuando originalmente tenía en su poder sólo una fracción. Esa parte del escándalo le significó que le presentaran un jury en su contra y ella terminó renunciando, aunque fue detenida unos días y fue indagada en la investigación penal.
Ahora resulta que dos de esos tres expedientes originales que se “perdieron” –a nombre de Monaño y propietario desconocido- estaban en la oficina de Baistrocchi. ¿Dónde estaba el tercero? En poder del abogado prófugo Horacio Alday, cuya oficina fue allanada la primera vez que estuvo buscado por la justicia y allí encontraron el otro documento que se había “extraviado”. En este caso, unificado como Carbajal, la Corte decidió esta semana anular el fallo de Marún de Sobelvio y de la Sala III de la Cámara Civil por $10 millones, y le ordenó dictar una nueva sentencia.
De allí que el material que estaba en el estudio de Baistrocchi resulte tan revelador, no sólo por su conducta sino por la de todos los involucrados. Baistrocchi fue desde un comienzo la punta del iceberg de la investigación, que de hecho comenzó a llamar la atención con sus movimientos y comenzó a consumarse cuando fue sumariado y luego despedido como abogado de Fiscalía de Estado. Allí ya se podía anticipar lo que se venía: pocos días después de su cesantía cayó la denuncia penal.
Lo que se mantendrá en el misterio son las razones por las que esa documentación comprometedora permaneció en el despacho de Baistrocchi casi un año después de su fallecimiento. El abogado falleció internado en un hospital público en junio del año pasado, en medio de especulaciones de todo tipo.
El comentario de aquel momento fue si había sido víctima de algún manoseo de los involucrados en el escándalo –como el abogado Santiago Graffigna- para no disponer de recursos como para solventarse el tratamiento de salud. Sus allegado aseguraron que murió en estrictas condiciones de humildad, que desentona con un protagonista de un eventual cobro millonario. En ese marco se anotan las especulaciones por el hecho de no haber dificultado el acceso de la justicia a este material probatorio encontrado en su estudio.
¿Fue una manera de responder a un supuesto desplante?, ¿sabía Baistrocchi que tarde o temprano sería encontrado ese material y con eso respondía a ese hipotético desplante, una venganza tardía orquestada de manera precisa? Son preguntas que seguramente no tendrán más respuesta que los hechos: el material encontrado pudo haber sido cómodamente ocultado en tanto tiempo y no lo hizo, y ese material pone contra las cuerdas a muchos de los protagonistas de escándalo.
La otra manera de interpretarlo es en la presunción de que nunca sería detectado el material, sencillamente porque nunca la investigación penal iría tan lejos. Esa sensación está más emparentada con la de impunidad y queda claro que podría haber flotado durante los tiempos en que ocurrieron los hechos. Pero cuesta creer que con el ritmo que fue tomando la investigación y el altísimo interés social que fue generando como rebote, la justicia no se encontraría ante la obligación de seguir adelante.
viernes 1 de mayo 2026





