Aquella tarde del 2 de abril los esperaba el cumpleaños de su tía. El mayor de tres hermanos, Nicolás Zapata (10), insistía para que fuesen, pues sus padres se resistían a la idea, por la tarea de arreglar muebles que estaban realizando. Tal artimaña de comprador surtió efecto, por lo que los que convenció. El destino deparaba lo peor. “Pobrecito mi niño, tan contento que estaba de ir”, es la frase que repite sin parar una madre que ni el consuelo puede contener.
Luego de la tragedia en la que padre e hijo acabaron ahogados en un reservorio de Pocito, María Traslaviño, esposa y madre de las víctimas, enfrenta la triste realidad con las pocas fuerzas que le quedan. Sin embargo, el recuerdo de su hijo Nicolás y de su marido Manuel Zapata (50) está intacto: “Mi marido era un hombre muy trabajador y mi niño tenía un futuro brillante, buen alumno, buen hijo, respetuoso. El dolor que siento es inmenso”.
Con el celular en la mano, María mira las fotos y videos de Nicolás. Un chico activo, con una mirada iluminada y un carácter muy particular. “Se miraba en el espejo y me decía: ‘Qué lindo que soy, mamá. Me voy a ver a mis novias’, solía decir en broma mientras me daba un beso”, recuerda la mujer que, con lo acontecido, quedó sólo con dos hijos.
Una humilde familia del asentamiento San José, sustentada por los trabajos esporádicos del hombre de la casa, jamás pensó que algo así le podía ocurrir. Manuel no tenía un empleo ni salario fijo, por lo que debía conseguir changas continuamente para mantener al clan. De profesión locutor, tuvo su paso por la radio de la Villa San Damián y ése fue su único contacto con su carrera. Luego, a fuerza del nacimiento de sus hijos, debió conseguir mayor remuneración y abandonó su labor radial.
Por su parte, el primogénito se calzaba el traje de ejemplo, de hijo ideal y enseñaba a sus dos hermanitos, Milena (8) y Gabriel (6), a ser respetuosos con sus padres. “Me trataba de usted porque para él, el decir de vos a alguien era de poca educación”, cuenta María. Asistía al quinto año de la escuela Saturnino Sarassa y se postulaba como un buen candidato a la bandera. “Quería ser abanderado, me decía siempre. Este año me voy a poner las pilas. Tenía un promedio de 9,30, era uno de los mejores de su clase”, explica.
Además de ser obediente, su madre relata que estaba todo el día ocupado: “A la mañana iba a la escuela y, en la tarde, practicaba violín en la Biblioteca de Rawson y, más tarde, jugaba al fútbol en una escuelita. El entrenador siempre lo venía a buscar y se enojaba cuando llegaba un poco tarde. Es que siempre le enseñé que tenía que ser puntual”, recuerda.
Con la voz quebrajada y lágrimas en sus ojos, no puede olvidar el momento que, de seguro, le cambió la vida para siempre: “Estábamos tan desesperados cuando corríamos hacia el reservorio porque nos avisaron que Nico se había caído en un pozo. Jamás imaginé que era ese piletón. O, al menos, no recordaba que tan grande era. Manuel se tiró a buscarlo porque no lo veíamos y, después, él no supo cómo salir. No sabía nadar”.
Entre tanto shock al vivir aquella situación, recuerda y desea aclarar que el sereno que debía cuidar del reservorio no se encontraba dónde debía: “El cuidador no estaba ahí. Estaba en la calle 6 y, cuando todos llegamos corriendo, recién se dio cuenta de lo que había pasado”.
Tras la desgracia, María aún no sabe cómo va a mantener a su familia. “Solía ser empleada cuando era joven. Pero ahora tengo hipertensión y, hace cuatro años, perdí un embarazo por ese motivo”, dice. Por esa razón, espera poder reunirse con el gobernador José Luis Gioja y, así, obtener ayuda alguna. “Pido hablar con él porque sé que me puede dar una solución. Esta casa donde vivimos no es nuestra y, además, no cuenta con ninguna comodidad. Del baño sacamos agua de un surtidor para toda la casa y, en un mismo cuarto, solíamos dormir los cinco”, expone.
Sostenida por su entorno, se resigna al dolor. Sabe que nadie le puede explicar por qué ella, por qué su esposo, por qué su hijo. Y aunque todo parezca perdido, con el tiempo recobrará sus fuerzas, siempre, aferrada a sus dos razones de vida, Milena y Gabriel.
viernes 1 de mayo 2026





