Por Viviana Pastor
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Las madres sanjuaninas
La Asociación Civil Suyanamarka, que en quechua significa esperanza del pueblo, se formó en el 2008 con 7 madres del Quinto Cuartel, Pocito, hoy tienen 63 socios. Son las únicas vinculadas y capacitadas por las Madres Contra el Paco, pero sus objetivos son diferentes, las sanjuaninas sólo hacen prevención y en casos de adicciones, orientan a la familia sobre qué hacer o dónde concurrir.
Desde que comenzaron a trabajar, han intervenido en 5 casos de chicos adictos; “no nos hacemos cargo, asesoramos a la familia o al chico, no hacemos la parte de salud, aunque sí es objetivo para más adelante. Cuando la madre viene con el problema, le decimos dónde ir y colaboramos con lo que podemos”, dijo Gladis Díaz, presidenta de la Asociación.
Hace 2 años se detectaron casos de paco en San Juan, pero no es la droga principal, no está arraigado como en Buenos Aires porque tiene que haber ‘cocinas’. “Acá lo más consumido es la marihuana y los inhalantes”, contó Díaz.
Según la experiencia de estas madres, en San Juan los pibes comienzan a los 13 o 14 años con el alcohol y siguen con otras drogas. “Cuando el chico es consumidor, generalmente es policonsumidor, marihuana, pastillas, pegamentos, lo que hay es lo que consumen”, señaló.
Como metas cumplidas, las madres mencionan los 25 chicos en el taller de folclore, y los talleres de buenos modales y normas de convivencia. “Se había perdido el amor por las instituciones, los chicos no tienen límites, los jóvenes no tienen proyectos de vida y ahí están perdidos. Los ayudamos a ver que con voluntad, todos podemos salir adelante”, dijo.
Francisco, hombre libre
No es casualidad que el primer centro contra las adicciones de Rawson se abra en el Barrio La Estación. El lugar es uno de los que registra el mayor número de ilícitos relacionado con la droga. En el edificio funcionaba la Dirección de Mujer y Familia y se amplió para concretar el Centro de Día que se llamará Francisco, que significa ‘hombre libre’, también es un homenaje al Papa.
Comenzarán con 20 chicos de 13 a 25 años que asistirán de 9 a 18 horas y tendrán acompañamiento psicológico, terapias individuales y grupales, trabajo social y comunitario, actividades de educación física y oficios. “La finalidad es apoyarlos en un cambio de calidad de vida y el cese del consumo”, explicó Cintia Miodovsky, psicóloga.
Cecilia Díaz, secretaria de Inclusión Social del municipio, dijo que según los diagnósticos previos, hay una población vulnerable de jóvenes, más varones que mujeres de entre 13 y 25 años que podrán ingresar voluntariamente al centro. En el departamento las drogas comunes son el alcohol, como iniciador, y la marihuana; y las edades de inicio se ubican entre los 12 y 13 años, aunque hay situaciones de niños iniciados a los 11 años.
La tarea de los padres es vital en el proceso y requisito básico para el ingreso del chico. “La idea es fortalecer al chico y su familia, por eso debe venir acompañado, que los padres vayan a las reuniones una vez por semana, debe trabajar toda la familia”, explicó la psicóloga.
