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Madres contra el Paco, en San Juan: “Cada vez se consume más droga”

Conocé la historia de estas dos mujeres que luchan, día a día, para sacar a los chicos del paco, una de las drogas de bajo costo y fácil acceso más letales que existen. Por Viviana Pastor.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Viviana Pastor

Rita Díaz y Rosa Cuello son dos vecinas comunes, de pantalón joggin y remera, a cara lavada, parecen dos madres como cualquiera de cualquier barrio, pero no lo son. Ellas son las fundadoras de la Asociación Civil Hay Otra Esperanza, más conocidas como el grupo de Madres Contra el Paco, de Buenos Aires. Llegaron a la provincia invitadas a participar de la inauguración del Centro de Día Francisco, el primero que abre el municipio de Rawson para chicos con problemas de adicciones.
Ambas tuvieron una vida dura desde la infancia; una, violada a los 6 años, la otra, deambulando en distintas familias porque su madre no podía criarla. La droga consumida por alguno de sus hijos trajo un tsunami a sus vidas y las arrastró a trabajar de lleno por los pibes con el mismo problema. 
Empezaron a trabajar contra la droga en el Bajo Flores en el 2003 y en el 2004 armaron una asociación, porque era la única forma de poder pedir y poder hacer algo, aunque ni siquiera sabían cómo. No tenían espacio físico, como ahora, y comenzaron visitando a los chicos en los distintos centros, compartiendo un almuerzo, intercambiando historias y lágrimas.
“En el 2004, sabiendo que el paco estaba instalado en los barrios, le avisamos a Béliz (Gustavo, por entonces Jefe de Gobierno de Capital Federal), nadie nos escuchó, viendo que nuestros hijos se estaban destruyendo; yo, luchando con lo que le pasó a mi hijo. Este trabajo se hace con la experiencia y con el corazón. Si uno no tiene corazón, no se puede”, dice Rita.
Sus años de calle la hacen asegurar que los chicos del paco no son violentos, “jamás te van a poner un revolver, el empastillado te va a molestar, pero el del paco es el sucio, el sarnoso que está en la calle, lo discriminan como el delincuente, el que mata, y no es así. Nos peleamos con Gendarmería, con la Policía, con el que venga peleamos. Los derechos de los niños es la muerte, acá no hay derechos”, señala Rita.
Hay 10 madres en este grupo que trabajan sin sueldo, no cuentan con un gran presupuesto, el Gobierno de la Ciudad les manda el almuerzo. Para conseguir fondos deben presentar proyectos, con eso pagan dos psicólogos de niños, dos psicólogos de adicciones y dos operadores de adicciones que atienden a 15 pibes, adictos a cualquier droga, pero la mayoría consume paco. Ellos asisten al centro desde las 9 hasta las 17, hay varones y mujeres, han pasado hasta embarazadas por ahí. También hay chicos que sólo van a hacer terapia, porque trabajan y consumen menos.
No hay edad para empezar a consumir, aseguran, y el paco está entre las más baratas, con 5 pesos se consigue una dosis dentro del barrio. ¿Los resultados? Abandono de sí mismos, chicos sucios, que no vuelven a su casa por dos o tres días, son los primeros síntomas. Termina con el deterioro total del cuerpo.
La percepción de las madres está tan desarrollada, que muchas veces advierten lo que los psicólogos no ven.
En el Bajo Flores el problema de la droga es cada vez peor, “tenemos el triple de chicos en la calle que hace dos años, cada vez se consume más”, asegura Rita. El año pasado murieron 15 pibes de los que ellas conocían, “si no los mata la droga los mata el transa, la policía, o un loco de la calle, son perros, a nadie le importa. Cuando se nos muere algunos nos caemos nosotras. Yo tengo tres stents en el corazón, no puedo fumar”, dice mientras mira el pucho recién encendido, aunque sabe que a la noche necesitará un respirador.
Rosa es sanjuanina, se fue a Buenos Aires a los 14 años, denunció que “todo el aparato” está armado para no ayudar a los chicos y cargó especialmente contra la policía y los gendarmes, que no tienen empacho en maltratar a los pibes en la calle.
“Contártelo es una cosa, pero vivirlo y saber cómo funcionás en el momento es otra. Todos los días trabajamos de manera diferente y con diferentes chicos, no es siempre lo mismo. No tenemos una fórmula, es el día a día”, dice Rosa.
¿De dónde sacan fuerza para esta tarea? “La fuerza para hacer esto uno la saca de la vida misma. No tenemos libro, no tenemos estudios, pero si tenemos capacitación en la vida. También tuve serios problemas por la droga y siempre digo que lo que no pude hacer por mis hijos lo voy a hacer por otro chico. Aparte, lo que recibo todos los días de este trabajo es lo que me da fuerza, un abrazo, un beso, un gracias, es lo mejor que me llevo”, confiesa Rosa.
Rita advierte que todos somos responsables cuando un chico se inicia en la droga y hay miles de razones, pero en todos los casos “la droga destruye a toda la familia”.
Las madres aseguran que se puede recuperar a los pibes del paco y de cualquier droga, “ellos deben tomar conciencia, el tratamiento es de ellos, pero sí se recuperan”.

Las madres sanjuaninas
La Asociación Civil Suyanamarka, que en quechua significa esperanza del pueblo, se formó en el 2008 con 7 madres del Quinto Cuartel, Pocito, hoy tienen 63 socios. Son las únicas vinculadas y capacitadas por las Madres Contra el Paco, pero sus objetivos son diferentes, las sanjuaninas sólo hacen prevención y en casos de adicciones, orientan a la familia sobre qué hacer o dónde concurrir.
Desde que comenzaron a trabajar, han intervenido en 5 casos de chicos adictos; “no nos hacemos cargo, asesoramos a la familia o al chico, no hacemos la parte de salud, aunque sí es objetivo para más adelante. Cuando la madre viene con el problema, le decimos dónde ir y colaboramos con lo que podemos”, dijo Gladis Díaz, presidenta de la Asociación.
Hace 2 años se detectaron casos de paco en San Juan, pero no es la droga principal, no está arraigado como en Buenos Aires porque tiene que haber ‘cocinas’. “Acá lo más consumido es la  marihuana y los inhalantes”, contó Díaz.
Según la experiencia de estas madres, en San Juan los pibes comienzan a los 13 o 14 años con el alcohol y siguen con otras drogas. “Cuando el chico es consumidor, generalmente es policonsumidor, marihuana, pastillas, pegamentos, lo que hay es lo que consumen”, señaló.
Como metas cumplidas, las madres mencionan los 25 chicos en el taller de folclore, y los talleres de buenos modales y normas de convivencia. “Se había perdido el amor por las instituciones, los chicos no tienen límites, los jóvenes no tienen proyectos de vida y ahí están perdidos. Los ayudamos a ver que con voluntad, todos podemos salir adelante”, dijo.

Francisco, hombre libre
No es casualidad que el primer centro contra las adicciones de Rawson se abra en el Barrio La Estación. El lugar es uno de los que registra el mayor número de ilícitos relacionado con la droga. En el edificio funcionaba la Dirección de Mujer y Familia y se amplió para concretar el Centro de Día que se llamará Francisco, que significa ‘hombre libre’, también es un homenaje al Papa.
Comenzarán con 20 chicos de 13 a 25 años que asistirán de 9 a 18 horas y tendrán acompañamiento psicológico, terapias individuales y grupales, trabajo social y comunitario, actividades de educación física y oficios. “La finalidad es apoyarlos en un cambio de calidad de vida y el cese del consumo”, explicó Cintia Miodovsky, psicóloga.
Cecilia Díaz, secretaria de Inclusión Social del municipio, dijo que según los diagnósticos previos, hay una población vulnerable de jóvenes, más varones que mujeres de entre 13 y 25 años que podrán ingresar voluntariamente al centro. En el departamento las drogas comunes son el alcohol, como iniciador, y la marihuana; y las edades de inicio se ubican entre los 12 y 13 años, aunque hay situaciones de niños iniciados a los 11 años.
La tarea de los padres es vital en el proceso y requisito básico para el ingreso del chico. “La  idea es fortalecer al chico y su familia, por eso debe venir acompañado, que los padres vayan a las reuniones una vez por semana, debe trabajar toda la familia”, explicó la psicóloga.


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