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DESTINO CRUZADO

Las increíbles coincidencias entre las madres de las bebas cambiadas

En el jardincito de sus hijos mayores, el día que se internaron para el parto y en la sala de espera post parto. Todas estas veces Lorena y Verónica se cruzaron sin saber que un drama las iba a unir para siempre: en la maternidad les intercambiaron a sus hijas. Por Gustavo Martínez Puga

Por Redacción Tiempo de San Juan
“Tarde o temprano esto se iba a terminar sabiendo. Si no hubiera sido ahora, seguro que iba a ser cuando las niñas fueran más grandes, porque mandamos a nuestros hijos mayores a la misma escuela”, cuenta Verónica Tejada, emocionada por las vueltas de la vida y las increíbles coincidencias que la llevaron a cruzarse con Lorena Gerbeno, la otra madre víctima del intercambio de bebas en una clínica privada: “¡Quién te dice que hasta podrían haber llegado a ser compañeritas! Y, si no lo eran, iban a ir a salitas distintas pero al nivel inicial de la misma escuela. Eso habría sido peor, ¡imagináte que hubiéramos descubierto todo esto a los tres o cuatro años de nacidas! Habría sido terrible”, agrega Lorena, la mamá heroína que intuyó desde un primer momento que la beba que le habían dado no era su hija biológica.
Este diálogo se dio en la reunión a solas que Tiempo de San Juan mantuvo con Lorena y Verónica, las madres que fueron noticia nacional por el drama que tuvieron que vivir durante las primeras tres semanas de nacimiento de sus bebas, hasta que el ADN les confirmó el error cometido en una clínica.

PRENDIDAS AL PECHO
Mate de por medio, y con los celulares de ambas madres que ardían de llamadas entrantes de medios de todo el país que buscaban sus historias, la conversación entre Lorena, Verónica y su marido Andrés Servidio, dejó al descubierto que el destino había cruzado ambas familias en varias oportunidades y que ahora, ya cada una con sus hijas biológicas prendidas a sus pechos, pudieron atar los cabos sueltos y comprender que ya la vida les deparaba un futuro juntas.
“El día que nos llegamos para internarnos en el Sanatorio Argentino, el lunes 30 de septiembre, en la mañana muy temprano, yo me arrimé y entablamos una conversación típica de dos madres que van a dar a luz. Pero yo ya la había visto antes. Fue en el jardincito de la escuela de la Católica –el nivel inicial que depende de la Universidad Católica de Cuyo-. Yo mando a mi hija y ella –por Lorena- a su hijo mayor”, recordó Verónica, quien tiene 33 años y es profesora de Letras y ejerce la docencia.
“A mí me parecían conocidos. Sobre todo él –por Andrés, el marido de Verónica-. Después yo me di cuenta que lo había visto en la escuela. Pero lo que a mí me dejó helada fue el día que nos encontramos en la sala de espera del Sanatorio Argentino, después del parto, en el control. Yo ya tenía dudas sobre la beba que me habían dado, pero cuando lo vi a él –a Andrés- vi que la nena que yo tenía se le parecía un montón: la fisonomía de la cara, delgadita, narigón… como él”, relata Lorena Gerbeno, quien rompe en llantos cuando revive todo ese momento de terror de los días previos a reencontrarse con su hija biológica. “Después vi a la beba que ella –por Verónica- tenía en sus brazos y era igual a mis otros hijos cuando fueron bebes. Y pesaba 3,800, que era el peso que habían tenido mis otros hijos y lo que en la ecografía salía que iba a pesar mi hija. No los 3,100 que pesó la beba que me dieron”, cuenta Lorena.

VERLAS SÍ, TOCARLAS NO

Esta abogada de 37 años fue la que siempre dudó de la beba que le habían dado, decidió hacerse un ADN y, con el resultado en la mano, el martes 15 de octubre hizo la denuncia penal en la Central de Policía diciendo que le habían cambiado a su hija en la clínica.
Eso desató la investigación penal por supresión de identidad. Inmediatamente el juez Benito Ortíz, del Primero de Instrucción, ordenó hacerle un ADN a cada una de las otras dos niñas que el lunes 30 de septiembre habían nacido en el Sanatorio Argentino, entre las 7.30 y las 9.30 horas.
El juez Ortíz precisó que “en ese momento la prioridad absoluta era resolver esa angustiante situación cuanto antes, para que cada niña estuviera con su madre. Afortunadamente el doctor Víctor Rosales Fritz, director del Laboratorio de Biología Molecular del Hospital Rawson, entendió el drama y trabajó sábado y domingo. Por eso tuvimos el resultado rapidísimo, el día lunes último. Y ese mismo mediodía se citó a las familias y se les comunicó que, efectivamente, debían cambiarse las niñas porque habían sido cambiadas”.
Para llegar a esa confirmación científica de que las bebas habían sido cambiadas, Lorena y Verónica vivieron un momento de terror. Ambas coinciden que lo peor fue cuando las dos se cruzaron en los pasillos de Tribunales, a las once de la noche del día martes 15 de octubre, cuando el juez Ortíz las citó –en ese caso también lo hizo con la familia de la tercera beba en cuestión- para que les hicieran un ADN.
“Yo no sabía cómo iba a reaccionar ella. Yo ya la había visto en el sanatorio y estaba segura que ésa era mi hija. Nos miramos y nos mostramos las niñas”, contó Lorena.
“Yo no quería mirarla mucho. No me quería involucrar mucho porque, hasta ese momento, todo era una locura: qué pasaba si el ADN decía que la otra beba, la de la familia de Pocito, era la hija de ella –por Lorena- y no la que yo tenía”, cuenta Verónica.
“Yo me acerqué –a Lorena- le pedí que me la mostrara y vi que tenía la misma naricita que mi hija, vi que era igual a ella cuando era niña. Pero, por una cuestión instintiva, para no darme manija, y para no estresar más a mi esposa, me aparté automáticamente”, rememora Andrés Servidio.
 Lorena y Verónica recuerdan que desde esa noche del martes 15, hasta el lunes 22, fueron los días más difíciles.
“Yo estaba segura que la beba que amamantaba no era la mía. Pero me comían los nervios de no saber cómo estaba mi verdadera hija, si la cuidaban o no, si el síntoma post parto le pegaba mal a las otras madres y reaccionaban mal… todo eso se me pasaba por la cabeza”, revive Lorena.
El drama no fue menor para Verónica: “Justo ese día lunes que nos llamaron para hacer el intercambio cumplió los 5 años mi hija. Se juntó el Día de la Madre, el cumpleaños, todo”, dijo Verónica.

LE TENEMOS UNA NOTICIA

A diferencia de Lorena, quien descubrió por sus propios medios que le habían cambiado a su hija biológica, a Verónica le fueron a golpear las puertas de su casa: “Primero me llamaron de la clínica, como a las diez de la noche, para decirme que iban a venir a mi casa porque tenían que darme noticia sobre mi hija. Me dijeron que venían el dueño, -Carlos Alberto- Buteler, la secretaria del juzgado –Patricia Katuchín- y una policía. Esos momentos fueron un horror. Pensé que era por algo más grave, como que tenía alguna enfermedad grave y no se habían dado cuenta”, cuenta Verónica.
“Primero me llamó Buteler a mí para pedirme que yo le dijera la noticia. Le dije que pusieran una psicóloga, cómo le iba a dar yo semejante noticia”, dice Lorena.
“Primero salí yo a la vereda y los recibí. Me dijeron que era posible que la beba no fuera hija porque se había producido un error. Y me pidieron si yo le podía dar la noticia a mi mujer. Por supuesto que les dije que no, que pasaran a mi casa y se las dieran ellos”, recordó Andrés Servidio.
Mientras su marido salió a la calle para recibir a los de la clínica, Verónica y su hija estuvieron en silencio en el interior de la casa. “Yo no me di cuenta, pero mi hija sí estaba escuchando todo. Y, como yo no paraba de llorar, ella también lloraba”, dijo Verónica, llorando.
Pasado todo ese tormento, el alivio empezó a llegar el martes 22 de octubre, después que les confirmaron que el ADN había determinado que la beba que le habían dado a Lorena pertenecía a Verónica y viceversa.
“Nos fuimos las dos juntas a mi casa, para que nuestros hijos se despidieran, porque ellos estaban en la escuela y de golpe se iban a encontrar con que ya no tenían más la nena que era su hermanita hasta ese momento”, contó Lorena.

¿AMIGAS POR SIEMPRE?

Ahora ambas madres están digiriendo el drama vivido. Coinciden en que decidieron enfrentar públicamente la situación “para que los padres no tengan miedo en dudar si les pasa algo así”, dijo Lorena.
“Yo ahora comprendo el drama de los hijos de los desaparecidos. Fue lo primero que se me vino a la cabeza en estos días, lo grave que es cuando te eliminan tu identidad”, reflexionó Verónica.
Al cierre de la conversación, las dos madres se animaron a imaginar un futuro juntas: “Mi hija le guardó el librito de cuentos que le habíamos comprado a ella –a la beba de Lorena- para leérselo cuando sea más grande. Estoy segura que nos vamos a seguir viendo”, aseguró Verónica.
“A mí me encantaría. Yo ya te dije que era como que había tenido mellizas. Extrañamos un montón a ella –a la beba de Verónica-. Mi marido le decía La Flaca, porque era más delgadita que los otros hijos que tuvimos”, dice Lorena, quien cerró el diálogo con una humorada: “Además, ella me la peló y le puso aritos, ¡yo no la quería pelar!”, dice con risas.
Verónica y Lorena piensan en realizar juntas el trámite de anulación del DNI y la nueva inscripción para ambas bebas, ya que las dos les habían puesto el nombre que tenían previsto: Rosario en el caso de Verónica y María Pía en el caso de Lorena.
En medio de todo el lío, hay una tradición que ambas familias podrán vivir por primera vez con sus hijas biológicas: la del bautismo.

DATOS
Verónica tuvo que salir a comprar ropa para la beba que le dieron, ya que era mucho más grande de la que esperaba, en base a la ecografía.

Una pesó 3,800 kilos, midió 54 centímetros y nació con posición podálica (de nalgas). La otra pesó 3,100, midió 44 centímetros y nació cabeza abajo, tal cual indicaban las ecografías. 

Ambas madres harán juntas el trámite de anulación del DNI y las inscribirán nuevamente en el Registro Civil, para simplificar el trámite.

 

 


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Imagen archivo Tiempo de San Juan
Imagen ilustrativa

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