Por Viviana Pastor
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El calor se hacía insoportable en el callejón sin un árbol donde resguardarse del sol abrazador en el desierto de La Planta, en Caucete. La sensación térmica seguro superaba los 50º c, y el 20 de diciembre, en la escuela República de Bolivia, una decena de niños asistía a los recuperatorios.
Sin embargo, la mayoría de los 59 chicos que asisten al establecimiento no volverán a pisar la escuela hasta el 15 o 20 de abril, aunque el inicio del ciclo lectivo se fijó para el 25 de febrero de 2013.
¿Motivos? En enero las familias enteras comienzan a trabajar en la cosecha de uva y vuelven cuando la vendimia ha terminado; recién entonces la escuela recupera a más del 90 % de sus alumnos.
“Para la vendimia se van y en el pueblo no queda nadie, salvo 3 viejitos y las embarazadas que por su estado no pueden trabajar y unos 3 o 4 niños chicos que son hijos de esas embarazadas. Por eso en esta escuela no se sufre mucho calor, los chicos están apareciendo a mediados de abril y nosotros si bien comenzamos como todas las escuelas el ciclo lectivo, las clases fuertes comienzan cuando vuelven los niños de la cosecha y eso nunca es antes del 15 y no más allá del 22 de abril”, dijo Jorge Lozano, director de la escuela.
El director explicó que este calendario es parte de la idiosincrasia del pueblo y de la institución. “Cuando llegué a la escuela, hace 13 años, esta costumbre estaba instalada y en un primer momento me pareció que no lo debía permitir. Pero después cuando vi que ellos llegaban de la cosecha y veía como volvían en camiones y bajaban 3 bolsas de harina, 2 bolsas de azúcar, packs de fideos, de arroz, ahí se entiende. En realidad van, trabajan, y se aprovisionan para el resto del año, ahí uno termina de entender”, contó Lozano.
Entonces, sólo el criterio y el sentido común podían prevalecer en una comunidad aislada de todo, sin agua potable y con graves problemas de ocupación durante el resto del año. Sólo estando en La Planta se puede entender por qué sí permitir que el ciclo lectivo empiece más tarde. “Si no lo permitimos, o abandonan la escuela, porque el hambre no es tonto, o pasan hambre todo el año, entonces debemos buscar un punto de equilibrio que le sirva a la gente”, explicó el director.
Lozano señaló que sería bueno que las autoridades del Ministerio de Educación analizaran esta realidad, que además incluye a otras escuelas alejadas, y establecieran un calendario escolar diferenciado. “Habría que manejarlo con otro criterio, somos muchos en estas condiciones, a todas las escuelas que nos sucede esto somos las que estamos alejadas, en lugares inhóspitos. Nadie se entera, pero sucede en muchos establecimientos. En otras tal vez no tengan los altos porcentajes que tenemos acá, donde son muchos los que se van a la cosecha y pocos los que se quedan, a veces ninguno”, dijo Lozano.
La escuela tiene sala de 4 años y 5; primaria y ciclo básico rural, por lo tanto los chicos tienen 11 años de escolaridad. Los alumnos tienen siete especialidades: educación física, plástica, computación, música, agricultura, tecnología y expresión corporal. Además está pendiente el nombramiento de un profesor de inglés.
Funciona con jornada completa y los chicos desayunan y almuerzan allí. “Esto es muy importante porque si no tuviéramos el comedor tal vez tendríamos menos alumnos. Acá comen mucho y bien, muchos se repiten plato”, señaló. El menú incluye desde tallarines, salpicón, pastel de papa, asado con ensalada, carbonada, entre otros platos nutritivos. El pan también se realiza en la escuela y son cinco los porteros que trabajan en la limpieza y en la elaboración del desayuno y almuerzo.
“Todos los alumnos tuvieron la ‘desgracia’ de tenerme a mí como director y los conozco desde que nacieron porque en la escuela funciona el puesto sanitario y la primera visita del recién nacido al doctor es acá”, contó Lozano.
Pueblo minero
La Planta es un pueblo cercano a Marayes, Caucete, ubicado a unos 175 kilómetros de la capital, al que se llega por la ruta 510. Actualmente viven unas 30 familias, que tienen energía eléctrica peor no tienen agua potable. Los niños asisten a la escuela República de Bolivia.
Su origen data de 1935, cuando comenzó a explotarse oro y plata de las sierras de Marayes y se buscó una planicie con agua cercana para su procesamiento. Así nació La Planta, precisamente por la planta de proceso de la roca, y por donde pasaba el río, hoy seco.
Las ruinas de La Planta dan fe de que la actividad minera fue febril hasta principios de 1970, pero las máquinas fueron desarmadas y de allí se llevaron todo lo que tenía algún valor.
La gente que trabajó en la última etapa, donde se realizó relavaje de restos de roca mineralizada, se quedó en el lugar y son los que actualmente viven en el pueblo. La única forma de subsistencia es la cría de chivitos y la venta de leña, aunque en los últimos años con mucha restricción por parte de Medio Ambiente.
La época de la vendimia es lo que los “salva” para el resto del año.
Una vez a la semana, una sala de la escuela se convierte en centro de salud y atiende un pediatra y un odontólogo. La primera consulta de los recién nacidos es siempre en esa salita improvisada. Para los nacimientos, las madres toman la precaución de irse unos días antes a Chepes –La Rioja- o a Caucete y ahí esperan fecha. Cuando el parto se adelanta, la radio es la que salva situación y se llama a la ambulancia.
“Siempre que hay urgencias la que te saca de los problemas es la radio. Por eso estamos muy agradecidos de la Red Provincial, hemos vivido situaciones de accidentes y la radio nos salvó, acá a la radio la amamos porque presta un servicio espectacular”, dijo Lozano.