Jáchal: 261 años de su fundación

Las casonas, el patrimonio vivo de Jáchal

Hoy la Ciudad de San José está de festejo. Su patrimonio urbano la convierte en un lugar único para el turismo y para la historia. Por Gustavo Martínez Quiroga.
lunes, 25 de junio de 2012 · 10:03

 


Por Gustavo Martínez Quiroga
Canal 5 Telesol


A 156 kilómetros al norte de la ciudad de San Juan, Jáchal ha sido siempre centro de cultura y tradición. Más allá del espíritu tradicionalista del pueblo jachallero, o tal vez por eso mismo, si acordamos con la idea de que los paisajes determinan el carácter del pueblo que los habita, el señorío de la ciudad norteña mantiene un patrimonio urbano que la convierte en un lugar de gran valor para el turismo especializado.
San José de Jáchal es la única ciudad de la Provincia que  mantiene intacta su traza fundacional de 1751, con calles bastante anchas para la época y con un patrimonio arquitectónico de diseño y estilo original, difícil de encontrar en otros sitios del país.
El aspecto que presentan algunas calles de la ciudad son las mismas de hace 100 o 150 años. Las viejas casonas ocupan cuadras enteras y, diseminadas a lo largo de toda la geografía jachallera, son el centro de atracción para los visitantes y objeto de estudio para los investigadores.
El gabinete de Historia de la Arquitectura de la UNSJ estableció en el casco urbano tres zonas concéntricas bien definidas: Un área central con funciones residenciales y comerciales y un buen estado de mantenimiento en la edificación, un anillo que rodea la zona central cuya función es principalmente residencial con edificios en regulares condiciones por falta de mantenimiento y un tercer anillo periférico con una mala situación de edificación y marcada tendencia al deterioro excepto un pequeño sector al noroeste, que se destaca por su buena calidad.

Epoca dorada

La mayoría de estas casonas señoriales, de puertas abiertas, zaguanes brillantes y patios internos son de la época de un Jáchal floreciente, entre 1800 y 1920. Una idea clara del crecimiento sostenido que tuvo esta ciudad lo da la comparación de dos cifras poblacionales. A fines de 1700 existían  684 habitantes. En 1909, eran casi 15.000. Su considerable distancia de la ciudad de San Juan le permitió desarrollar por entonces una economía independiente.
Casi todas las casonas incluyen en su fachada el zócalo o base que es de piedra, de hormigón o revoque. La mayoría tiene además una altura de siete metros, lo que le da al conjunto una apreciada armonía, favorecida por la visibilidad que le otorga la falta de arbolado.
Lamentablemente, la falta de un proyecto de conservación patrimonial serio, y de políticas oficiales activas en ese sentido, han hecho que Jáchal perdiera buena parte de su riqueza edilicia. En pocos años, hay cuadras que cambiaron completamente su fisonomía.
Se torna, entonces, urgente instalar una fuerte conciencia colectiva para valorar el riquísimo patrimonio arquitectónico y urbano que le pertenece al pueblo jachallero. La idea de ciudad museo donde lo actual se une a lo histórico y convive con él sin conflictos, debe ser retomada y promocionada.
De hecho, aquí lo antiguo no se muestra como una pieza de exhibición, inaccesible detrás de las vitrinas. Por el contrario, está todo en uso, forma parte de la vida cotidiana de los habitantes. Restaurantes, confiterías, tiendas o almacenes funcionan sin problema en estas construcciones del 800, un patrimonio vivo que debemos preservar entre todos.

Jáchal ocupa el 16 por ciento de la superficie de la Provincia, siendo el tercer departamento de mayor extensión.

La Fundación

La actual ciudad de San José de Jáchal fue fundada el 25 de junio de 1751 por Juan de Echegaray, quien era un vecino de la Ciudad de San Juan. El acta fundacional dice que hizo convocar a todos los vecinos españoles, mestizos e indios de los pueblos de esta jurisdicción.
Esto fue una orden que dio Domingo Ortiz de Rosas a fines de 1750, quien era el Gobernador y Capitán General de Chile y Presidente de la Real Junta de Poblaciones, y todo respondía a la corona española.  
Echegaray se trasladó a Jáchal, y en contacto con Fray Robledo y Frías, dio cumplimiento a las órdenes recibidas.
La Fundación se hizo tal cual eran las disposiciones hispánicas: una plaza mayor, y hacia cada costado tres cuadras separadas por calles de doce varas de ancho, contando en total 49 manzanas que se destinaron a solares para la Iglesia, casa de autoridades y para cárcel de personas.




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