RINCONCITOS SANJUANINOS

La plaza de la memoria

Durante muchos años no fue más que un baldío al que llamaban “Plaza Pública” y hasta donde se hicieron corrida de toros. Después se la denominó “Plaza Central”, Plaza de Armas”, “Plaza Mayor” y hasta hubo una comisión integrada por Camilo Rojo, José María Martínez y Domingo de Oro durante el gobierno de Domingo Faustino Sarmiento que propuso denominarla “Plaza Huarpes”. Por Gustavo Martínez Quiroga.
miércoles, 20 de junio de 2012 · 11:10

Por Gustavo Martínez Quiroga
Canal 5 Telesol

Durante muchos años no fue más que un baldío al que llamaban “Plaza Pública” y hasta donde se hicieron corrida de toros. Después se la denominó “Plaza Central”, Plaza de Armas”,  “Plaza Mayor” y hasta hubo una comisión  integrada por  Camilo Rojo, José María Martínez y Domingo de Oro durante el gobierno de  Domingo Faustino Sarmiento que propuso denominarla “Plaza Huarpes”, nombre que  lamentablemente y vaya a saber por qué extraña costumbre de los sanjuaninos nunca se respetó. No se sabe cuándo ni por qué se la empezó a llamar “Plaza 25 de Mayo”, pero en 1874 encontramos por primera vez un documento oficial por el cual la Inspección General de Milicias dispone que el desfile del 9 de Julio debía efectuarse en “la Plaza 25 de Mayo”. Ese era el nombre que ya tenía cuando, pocos años antes de morir, el propio Sarmiento participó, en 1884 del acto de inauguración del nuevo edificio de la Casa de Gobierno ubicada sobre la actual Gral. Acha (Ex Cabildo) frente a la estatua del prócer, sobre el lugar que hoy ocupa la avenida Central.
Desde un comienzo, después del traslado de la ciudad original a su actual ubicación, frente a nuestro paseo central se ubicaba el Cabildo, la Iglesia y la cárcel. Sobre la “calle del Portón” (hoy Rivadavia) se instalaron  algunas fraguas, donde se reparaban las carretas, y talabarterías que arreglaban arneses. En sus esquinas merodeaban barberos, sacamuelas, curanderos y subastadores. Después se construyó el “Teatro Vasconcelos”, la “Escuela de la Patria”, la Corte de Justicia y la Casa de Gobierno, edificios destruidos por el terremoto de 1944.
Aún en tiempos en que sólo se trataba de un potrero descuidado y polvoriento, siempre fue el corazón de la ciudad. La plaza 25 de Mayo fue azotada por inundaciones, terremotos, vendavales, en ella perdieron la vida muchos hombres en violentas manifestaciones políticas en las épocas más duras de la historia provincial y nacional.
En la  plaza se leía a los vecinos los bandos del virreinato y después fue el escenario donde el pueblo festejó la revolución de 1810. En 1817 se exhibió en la plaza a los 300 prisioneros de la batalla de Chacabuco, cuya custodia había confiado San Martín a Don José Clemente Sarmiento. Tres años mas tarde, en 1820 el vecindario se reunió en la misma plaza para decidir la separación de San Juan de la Intendencia de Cuyo.
En 1825 derrocado Salvador María del Carril por un golpe militar y clerical, se quemó en la plaza la Carta de Mayo, que había sido promulgada por aquel gobernante consagrando derechos y libertades. Dos años más tarde, al entrar en la provincia las huestes de Facundo Quiroga, el distinguido ciudadano José Rudecindo Rojo fue objeto de un vejamen al aplicársele por orden del caudillo riojano, 50 azotes por haberse expresado en contra de su invasión. La pena se cumplió en las cuatro esquinas de la plaza. Sí.  De ésta misma plaza que cruzamos a diario, sin imaginar la el enorme patrimonio histórico que constituye.
A la plaza 25 de Mayo se la dotó de alumbrado eléctrico en 1908, unos años después de que sirviera de escenario principal de los festejos de bienvenida al siglo XX, ocasión en que se iluminó con energía eléctrica generada por el molino El Tránsito, que funcionaba en la calle Gral. Acha y 25 de mayo. Con cables que el mismo molino proporcionaba, se distribuyeron 20 lámparas  en distintos puntos de nuestro paseo principal.
En medio de la plaza y bajo una glorieta, instaló su despacho el gobernador Domingo Morón, a raíz del terremoto de 1894 hasta que se le pasó el susto. También funcionó en uno de los pasillos internos de la plaza, en una especie de galpón de emergencia  la Iglesia Catedral luego  del trágico terremoto de 1944, que borró a la ciudad de la faz de la tierra y donde la plaza 25 parecía un oasis en medio del desierto de escombros. Aún en esa trágica circunstancia, la Banda de Música siguió sonando todos los domingos, como un primer signo de la reconstrucción.
Hoy la Plaza 25 de Mayo conjuga su rica historia con la imagen de una ciudad moderna y pujante. Sobre las calles que la circundan se distribuyen bancos, hoteles, galerías comerciales, el Club Social, el bello edificio de la Casa España y sobre calle Gral. Acha, una continuidad de confiterías vidriadas conocidas como los café de la plaza, que forman parte de su actual identidad. El espacio público fue reapropiado por los jóvenes estudiantes que  la eligen cada tarde y sobre todo los viernes como lugar de encuentro.
Como lo fue desde que se trazara la refundación de la ciudad, este lugar  seguirá siendo testigo de nuestras alegrías, de nuestros festejos, de nuestros  problemas y de nuestros reclamos. Sólo conociendo su historia aprendemos a valorar,  a cuidar  y a querer estos rinconcitos sanjuaninos.

La urbanización

Nuestra plaza 25 de Mayo cuenta con antiguos elementos que tienen su propia historia. Hasta 1810 siguió siendo un páramo sin que a ningún gobernante se le ocurriera mejorarla. Fue durante el gobierno de José I. De la Roza que la plaza registra el primer intento de embellecimiento. Se dispuso la plantación de árboles y se hizo una suscripción pública para  construir una pila de aguas según reza el documento de la época, que data de 1819, con un costo de 300 pesos. Pero la obra tardaría 65 años en concretarse. No pudo construirse ese año y los árboles desaparecieron junto con la gobernación de De la Roza.
Fue durante la gobernación de  Sarmiento (1862 a 1864) cuando vuelven a plantarse árboles y se trazan los paseos o caminos transversales.  En una carta que su sucesor, Camilo Rojo le envía a Sarmiento, contestando a un pedido expreso de éste para que continúe con el embellecimiento de la plaza, le comenta que ya la tiene “terraplenada con tierra vegetal y bien nivelada con un círculo de naranjos plantados en el centro. Tengo la esperanza, agrega Rojo, de traer agua de Zonda y construir una pila”. Sin embargo, aunque el paseo siguió arbolándose con acacias, pimientos y palmeras la fuente no pudo ser construida.
Fue en el gobierno de Valentín Videla que comienza finalmente la obra que recién fue inaugurada en la gestión de Anacleto Gil.
El proyecto data de 1868 y es obra del arquitecto norteamericano Buonaporti, aunque fue modificada a lo largo del tiempo. Los ya tradicionales sapitos expulsadores que la rodean fueron hechos por el escultor Miguel Angel Sugo.
Con el diseño de modernos urbanistas, la plaza siguió ocupando su lugar pero cambió su fisonomía al incluir en el trazado de la nueva ciudad una amplia avenida central, la José I. De la Roza, cuyo eje atraviesa la plaza por la mitad, uniéndola incluso visualmente con la plaza Aberastáin.

Las estatuas

Otros elementos destacados de la plaza son sus estatuas. La primera que se inauguró fue la de Fray Justo Santa María de Oro, hace 106 años, el 9 de julio de 1897. El monumento fue esculpido y vaciado por Lucio Correa Morales, apadrinado por Bartolomé Mitre y erigido en nombre del pueblo sanjuanino al ilustre diputado que lo representó en el Congreso de Tucumán. Gobernaba la provincia Don Carlos Doncel, que fue uno de los nueve oradores del acto inaugural junto con el Dr. Segundino Navarro que asistió en representación del Gral. Mitre y que sólo se limitó a leer un hermoso poema alusivo al prócer.
Tres años después, el 17 de noviembre de 1901 se inauguraba la estatua a Domingo Faustino Sarmiento. En ella se aprecia al maestro, entrado en años con un niño parado a su izquierda. Siempre se dijo que ese muchachito es su nieto Augusto Belin Sarmiento, el hijo de Faustina, que en la fecha de la inauguración tenía ya 47 años.
El diario La Unión dice que el acto de inauguración de la estatua fue magnífico y contó también con la presencia del autor de la obra escultórica, Víctor de Pol. Gobernaba San Juan David Chávez que fue uno de la larga lista de 13 oradores. Hubo romerías, fuegos artificiales e incluso toda la plaza fue iluminada con gas para la ocasión.
Distinto fue el clima que se vivió en ese mismo lugar 33 años más tarde. En el marco de una revolución política, un grupo armado tomó por asalto el Club Social desde donde hicieron fuego contra la Casa de Gobierno. Otro grupo se había parapetado tras el monumento a Sarmiento, que todavía exhibe las marcas de los impactos de bala.

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