Empresarios: Sergio Chiconi

“Soy un robot, no hago nada más que trabajar”

La empresa de instalaciones eléctricas que inició él solo en el ’89 es ahora contratista de las grandes mineras y pionera de las conexiones para energía solar, en Cañada Honda. Tuvo que elegir entre el trabajo y el estudio, optó por el primero y no se arrepiente. Por Viviana Pastor.
miércoles, 16 de mayo de 2012 · 09:47

Por Viviana Pastor
vivipastor@tiempodesanjuan.com

Con sólo 18 años, el pibe agarraba su bicicleta y en el mismo bolso donde llevaba los patines de hockey, cargaba las herramientas, algunos cables, la maza y el cincel y salía a hacer los primeros trabajos de electricidad. Mientras tanto, Sergio Chiconi estudiaba Ingeniería Electromecánica en la Facultad de Ingeniería de la UNSJ.

Estaba tan comprometido con su trabajo que un día decidió dejar la facultad para dedicarse por entero a los circuitos, hoy es el dueño de una de las principales empresas sanjuaninas de montaje eléctrico, tiene 120 empleados y provee servicios a las mineras y empresas más importantes de la provincia.

“Cuando empecé era yo y mi bicicleta y el bolso de hockey; así sacaba la tarea. Puedo decir que he pasado dentro de la actividad desde el trabajo más mínimo a los estándares elevados que la firma tiene hoy”, contó Chiconi.

Desde el moderno edificio que construyó, donde tiene su centro de operaciones sobre calle Mendoza al 600, el empresario aseguró que empezó de menos 10 y que el crecimiento fue rápido. “En estos años llegamos acá, eso es un crecimiento fuerte, ayudados con algo de buenaventura y las circunstancias coyunturales como la llegada de la minería que nos encontró armados, con ganas y nos permitió este desarrollo”, señaló.

Con sólo 41 años, Chiconi ha logrado liderar un rubro muy exigente, pero partiendo de la base. En 1989 se empezó a dedicar a la electricidad, cuando salió de la Escuela Industrial como Técnico Electrotécnico, haciendo “changas”. “Trabajaba y estudiaba y decidí apostar al trabajo y a cumplir con el cliente, a mantener las relaciones comerciales. Eso fue dando sus frutos y fue haciendo que tuviera más trabajo. Entonces tuve que optar entre la facultad y el trabajo”, dijo.

Cuando le quedaban 8 materias para recibirse, y ya con una trayectoria comercial importante, dejó la facultad. Chiconi se dio cuenta de que tenía que apuntar a empresas que exigieran estándares muy altos, para saltar de la media y poder obtener los trabajos a los que otros no podían llegar. El primer trabajo importante fue en la fábrica Frutos de Cuyo, las exigencias de esta firma le permitieron entrar en Electrometalúrgica Andina, y a su vez el trabajo en la EMA le abrió las puertas en Energía San Juan, de quien es contratista desde el 2003. Al lograr los estándares internacionales de la distribuidora de energía, Chiconi pudo vender con comodidad sus servicios a las mineras. Hoy es proveedor de Barrick, desde el 2004 en la mina Veladero, luego sumó a Gualcamayo de Yamana Gold, y ahora trabaja en Lama, la primera mina binacional del mundo, haciendo montajes electromecánicos.

La empresa realiza tareas desde corrientes muy débiles a tendidos eléctricos en media tensión; fue de las primeras en la provincia en trabajar con fibra óptica, lo que le permitió ganar un mercado muy importante que estaba virgen. “Vamos abriendo mercados y lo último en lo que incursionamos es en el parque solar de Cañada Honda, donde hicimos el montaje de paneles solares y tendido eléctrico de media tensión. Fue una experiencia nueva, una apuesta de la empresa a esa actividad y nos fue bien. Fue muy importante porque tuvimos que capacitar al personal”, señaló Chiconi.

La capacitación de los recursos humanos es elemental y Chiconi es consciente de eso, por eso tiene 12 ingenieros especializados en distintos frentes. “Acá los proyectos de crecimiento son cosa diaria, todos los días tratamos de mejorar, nuestra habilidad es darnos cuenta cuáles son nuestros errores para poder solucionarlos. Todos los días son distintos tropezones y nuevas tácticas para esos inconvenientes”, apuntó.

La firma está bien diversificada y eso le permite encarar tareas en varias áreas. Chiconi aseguró que no abarca mucho para ver si llega, sino que sólo se extiende a la amplitud de tareas que realiza. “No vendemos algo que a lo mejor somos capaces de hacer”, señaló.

Para el empresario todos los trabajos son importantes, “habrá algunos que comercialmente o marketineramente parecen más importantes que otros, habrá otros que económicamente son más rentables, pero todos son importantes. Nuestro primer gran paso fue obtener el contrato con la empresa distribuidora de energía y después de casi 10 años lo mantenemos y seguimos dándole la importancia que se merece”, dijo.

Desde el 2008 la firma decidió no realizar más trabajos fuera de la provincia y hoy no están aceptando nuevos trabajos. “No  estamos tomando clientes nuevos porque estamos trabajando al 110 %, venimos quemando aceite hace rato y hoy tenemos la suerte de poder elegir a nuestros clientes. Buscamos socios comerciales, clientes que nos necesiten a nosotros tanto como nosotros podemos brindarles a ellos; de esa manera las relaciones comerciales son mucho más felices y tenemos clientes a largo plazo que nos interesa mantener”, destacó.

Los orígenes pocitanos

Sergio Chiconi nació en Pocito en el ‘71 y pasó su infancia en una finca, “como decían antes, vivía en el campo, a todos los pocitanos les duele cuando les dicen que viven en el campo y antes era así, ahora está más integrado, es como todo, los tiempos cambian y con el nivel de comunicaciones estamos todos más integrados. Pero en mi infancia casi no había ni teléfonos entonces se notaba más cuando alguien venía de allá para acá, se notaba desde la forma de vestir hasta la forma de hablar”, dijo.

Cuando cumplió los 12 años la familia se vino a la Ciudad para que él estudiara en la Industrial. Sin embargo sigue vinculado a la finca ya que junto a su padre administra un parral con variedades de uva de mesa. “Mis padres viven y pasamos mucho tiempo juntos, por suerte”, contó.

A los 16 años empezó a jugar al hockey sobre patines y jugó en primera en Banco San Juan hasta los 23 años; de esa época conserva un grupo de amigos. Dice que ahora no juega y tampoco ve partidos de hockey porque no le gustó el cambio que hubo desde esa época a los tiempos actuales. “No compartí los cambios reglamentarios que hicieron que fuera más violento el deporte, antes era más limpio, más divertido”, dijo.

En 1998 le picó el bicho del Rally y corrió en el circuito de Valle Fértil; en el 2001 empezó a correr con un Renault 18 los campeonatos sanjuaninos y en el 2005 salió campeón y abandonó ese año las carreras. “Fue una buena época, de lindos recuerdos”, señaló.

También fue presidente del Club Marquesado, de fútbol, en 2010 – 2011, que juega en la Primera Local; y se encargó de la coordinación general y tomas de decisiones. “En la mayoría de los deportes el éxito va asociado a lo económico y la responsabilidad del dirigente es elegir ese equilibrio, saber cuándo se invierte para ver los resultados”, contó. Ahora sigue apoyando al equipo desde afuera.

Sergio se casó en el ’93 con María de las Mercedes y tuvieron cuatro hijos: Valentino (18 años), Luciano (15), Santiago (12), y Juliana (9) la regalona de la familia. A ellos dedica cada minuto libre que le deja su trabajo. “Soy un robot, no hago nada más que trabajo y trabajo y el tiempo que me queda lo comparto con la familia, viendo una película, saliendo a comer o haciendo el sado del domingo para ellos”, confesó.

Y agregó: “Mi pasión es el trabajo, ya me acostumbré a vivir así, a pensar así. ¿Cuántas horas trabajo? No sé, a veces tenés que seguir en la noche con cenas de trabajo, el teléfono no se apaga en las 24 horas, ni sábado ni domingo, porque hay gente que está trabajando lejos de su casa y tengo que estar pendiente de eso”, dijo.

Es tal el compromiso con la empresa que Chiconi admitió que le ha costado hasta el alejamiento de sus amigos. “La rutina de la empresa me quita tiempo para compartir dentro de mi casa por eso me tengo que restringirme en juntadas con amigos y sé que los tengo abandonados, pero por ahí es parte de la amistad comprender al otro”, concluye.

Sin embargo advierte que es necesario un cambio. “Ahora cero deporte y mucho trabajo y responsabilidades. Pero estoy tratando de volver a moverme un poco y trabajar menos, de volver a la parte física”.

Hacia el fin de la entrevista, Sergio aseguró que no se arrepiente de haber abandonado la carrera universitaria para apostar a la empresa. “Soy una persona que tomo decisiones para no arrepentirme de lo que hago, por lo cual esas decisiones me parecen acertadas”, aseguró.

La minería y la empresa

“Para la empresa, igual que para la economía de San Juan, la minería trajo un amplio crecimiento. Nos dio la posibilidad de aumentar nuestra calidad de trabajo porque la minería está desarrollada por operadores mineros internacionales que llegaron con estándares de trabajo que no existían en la provincia y a los cuales no todo el mundo se adapta o son capaces de enfrentarlos, de acoplarse a lo que está pidiendo el otro. Esa barrera la cruzamos. Las empresas que vinieron acá cambiaron todo y nosotros pudimos adaptarnos.

Con la economía de San Juan  pasó lo mismo. Se aumentó la seguridad laboral, la cantidad de personas en la economía formal, eso nos dio la minería, igual que el crecimiento del comercio que lo vemos día a día, los vehículos nuevos, más tiendas de ropa, más restaurantes.

No se puede decir que la minería no aumenta las posibilidades de todos los sanjuaninos en el área donde estemos, la gastronómica, hotelera, en la tierra, en la construcción, todo para darle servicio a toda la actividad minera. Hace 10 años ibas a un restaurante un miércoles y lo más probable es que estuviera cerrado; ahora abren toda la semana y casi necesitás reserva para ir, son muestras del crecimiento de la provincia y de cómo aumentaron las posibilidades para todos”.

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