Empresarios: Atilio Boggián

“Soy el hombre de humor cero”

Constructor por herencia y por elección. Su empresa ha levantado algunos edificios emblemáticos de San Juan y ahora proyecta su obra cumbre: un edificio inteligente. Amante de la pesca y los viajes con su familia, dice que es hombre público porque lo “obligaron”.
miércoles, 14 de marzo de 2012 · 08:38

Por Viviana Pastor
vivipastor@tiempodesanjuan.com

En su oficina dominan el panorama dos fotos gigantes de su padre, Sergio Boggián, y de su madre, Pía Grigiotti. Es el claro homenaje del hijo, Atilio, a la herencia de su sangre, italiana y constructora, que lo posicionaron como uno de los empresarios del sector más importantes de San Juan.

Atilio Boggián es el propietario del hotel Alkazar, el primer cinco estrellas de San Juan;  del hotel Alkristal y de la cadena de estaciones de servicio Rubo. Es el titular de la Cámara Hotelera de la provincia y fue candidato a gobernador en el 2003 con la lista de Recrear, que a nivel nacional lideraba Ricardo López Murphy.

Boggián asegura que el mayor placer en su vida es cuando cada año se va de vacaciones con su esposa y sus hijas al exterior, a pesar de que sus chicas le digan que “es el hombre de humor cero”, lo que cuenta con una gran sonrisa, como para desmentirlas.

Su historia empresarial está íntimamente ligada a la de su padre, quien llegó a San Juan desde Italia en 1949, con la empresa constructora que ganó una licitación internacional para construir el puente de 9 de Julio, parte de las tareas de la reconstrucción de San Juan después del terremoto del ’44. “En el ‘49, San Juan aún estaba devastada por el terremoto, mi padre intuyó que había trabajo para muchos años más, así que la mandó a llamar a mi madre y a mi hermano que llegaron en febrero del ’50; yo nací en noviembre, así que soy el reencuentro, la fecha da justa”, cuenta Atilio.

Cuando terminó la ejecución del puente y don Sergio le informó a la empresa italiana que se quedaba, le dijeron que no tenían dinero para indemnizarlo. Le ofrecieron pagarle con elementos de la construcción y ahí empezó la historia de la empresa familiar.

La empresa Sergio Boggián empezó a trabajar en Caucete, donde el papá de Atilio tenía todos sus amigos.

“Cuando era muy chiquito, tendría unos 5 años, mi padre iba y venía a Caucete en bicicleta y me llevaba en el manubrio. Yo iba con mi bolsa de juguetes y mientras él trabajaba yo me ponía a jugar en la arena. Por eso siempre digo que a los 6 años yo sabía hacer hormigón, porque después de jugar 10 minutos con el camioncito me ponía a contar cuántos baldes de agua, cuántos de ripio y cuántos de cemento le ponían a la hormigonera. Lo mamé desde chiquito a esto”, señala Atilio.

La escuela secundaria la hizo en la Industrial, de donde salió con el título de Técnico Constructor y en la universidad estudió Ingeniería Civil, “estaba cantado”.

 En este tiempo la empresa de su padre había empezado a construir en la Capital y la firma pasó a ser una SRL que ganaba licitaciones del gobierno, entre ellas, la construcción del Casino, hoy convertido en museo. La SRL pasó a ser una Sociedad Anónima y aumentó el nivel de actividad con mucha obra pública.

En el ’71, y de forma paralela, Sergio Boggián constituyó otra sociedad anónima, SCOP, que significaba: Sergio, Catanzzaro, Omar (Sánchez) y Pontoriero, dos nombres y dos apellidos de los cuatro socios, fue la firma que inició la construcción del hotel Alkazar.

En el ’76, Atilio se recibió de ingeniero e ingresó a la empresa como Director suplente y luego pasó a ser titular. 

SCOP tomó una dimensión importante y su padre decidió dejar la SA que llevaba su nombre para abocarse completamente a la nueva firma. Cuando el fundador falleció, en el ’87, Atilio pasó a ser presidente, por ser accionista mayoritario.

“Empezamos a tratar con los socios el futuro del grupo y de común acuerdo se hicieron las divisiones. Cuando me separo, en el 91, se crea la firma Atilio Boggián de venta de combustibles líquidos y GNC, fuimos de los primeros con GNC en la provincia. Pero también generé empresas constructoras paralelas como Capri SA y El Portezuelo SA”, relata el ingeniero. Desde hace poco tiempo, todas las empresas empezaron el proceso para estar bajo el dominio Grupo Boggián SA.

Obras cumbre

Las firmas creadas por Sergio Boggián construyeron 8.500 viviendas en San Juan, pero el hito fue el Alkazar, que en su momento fue el edificio más alto de la provincia. “Yo no quería hacer el Alkazar y discutía mucho con mi padre, hasta que un día me dijo: ‘este es mi monumento’. Ahí se terminó la historia, no había más que discutir; y realmente es su monumento porque donde uno va en el Alkazar hay algo de él, está en todos los detalles. Si bien no lo vio terminado, lo vio hasta la estructura de hormigón, hay cosas suyas por todos lados”, asegura el hijo.

Atilio también está proyectando su obra cumbre, un edificio inteligente que levantará en la esquina de General Acha y Comandante Cabot. Lo que el ingeniero tiene en mente, su obra emblemática, es un edificio que, según cuenta, aún no hay en San Juan. Tendrá seguridad cerrada, piscina climatizada, parrillero, sala de usos múltiples, servicio de mucama, con departamentos de uno, dos y tres dormitorios, y sistema mixto, algunos se venderán y otros se alquilarán. “No hay edificios de estas características, hoy la gente que vive en departamentos no tiene dónde comerse un asado o no tiene dónde festejar un cumpleaños. Sería como un barrio cerrado pero en forma de edificio. Tendrá 7 pisos, con una forma un poco extraña”, explica Boggián.

Los placeres, la familia

Como a los gustos hay que dárselos en vida, todos los años Atilio se va un mes a pescar a San Martín de los Andes, organiza su casa rodante y se va con un amigo, ex compañero del secundario, “lo hacemos desde hace 20 años, sin celular, sin nada”, dice.

Cuanta que “por suerte” sus hijas también mamaron la actividad familiar y las dos están trabajando en la empresa. Antonella, de 23 años, se recibe este año de  ingeniera civil; y Tamara, de 25, es licenciada en Administración de Empresas.

“Ellas me reclaman que no tengo humor, me dicen ‘el hombre de humor cero’ (hace el cero con los dedos). Por suerte tengo una relación espectacular en mi casa, hasta con personal de servicio, Juana hace 27 años que está con nosotros y hasta se va de vacaciones con nosotros”, cuenta.

A su esposa, Susana Nozica, también ingeniera civil, la conoció cuando tenía 17 años, en el Secundario. Ella está a cargo del gerenciamiento de los hoteles del grupo.

Dice que lo mejor de su situación económica es que le permite hacer un viaje al exterior todos los años, 15 días, con su señora y sus hijas. “Eso lo disfruto muchísimo, el lugar lo eligen ellas y se incluye una pasada por Miami, por los shoppings. Lo que más me impacta es poder hacer ese viaje todos los años porque eso me lo llevo a la tumba, los autos no”, apunta.

Luego asegura que el dinero más que gustos le da preocupaciones. “Hubiera preferido ser un dependiente público que cobra todos los meses su sueldo. Ser empresario significa seguir trabajando cuando me voy a casa y uno tiene a cargo 400 familias que dependen de uno, por eso voy  a desconectarme dos veces por año y cuando me preguntan dónde voy yo les digo: me voy a comprar salud”.

La política

En el 2003, Boggián debutó en política y fue candidato a gobernador con la lista de Recrear, fue la primera elección que ganó José Luis Gioja como gobernador. “Incursioné en política porque era una asignatura pendiente. Quería saber lo que era la política desde adentro, porque desde el café es muy fácil. Yo quería saber cómo era y salí espantado, no entraría nunca más en política”, explica.

Y agrega que en aquella época el actual Gobernador de San Juan fue quien lo orientó en materia política. “Gioja me aconsejó mucho sobre el tema, mantuve dos o tres reuniones con él y me di cuenta de que José Luis es un político de sangre. Las cosas que me dijo se cumplieron todas, no le erró ni a una”, recuerda el empresario.

Asegura que lo hicieron hombre público y que nunca quiso ser un hombre público. Participó activamente en las cámaras de Comercio Exterior, de Turismo, generó el Empresetur, que era una cámara paralela a la de Turismo. Trabajó con la Fundación Mediterránea; al frente de la Cámara Hotelera lleva dos periodos y ya piensa en reflotar la Cámara de Turismo, “que está un  poco deprimida”. Dice que se siente cómodo en las entidades empresariales porque es como manejar una empresa, “las premisas son las mismas”.

San Juan en la mira

“Somos un caso bastante particular. Que San Juan haya crecido tanto en la agricultura, apuntada no sólo a la vitivinicultura, sino a la  olivicultura y a la gran diversificación agrícola que no teníamos hace 30 años. Eso, sumado a la minería y todo lo que conlleva la minería, más allá de discutir si se hace bien, si se hace mal; la minería se hace en todo el mundo y en todo el mundo se hacen las cosas bien y mal. Lo que hay que procurar es que acá se hagan bien, pero no oponerse por oponerse. En San Juan no nos damos cuenta del crecimiento porque vivimos acá, el crecimiento que ha tenido y el que tiene día a día; y dentro del contexto nacional es de las de mayor crecimiento en los últimos años”.

 

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