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el personaje

Andrés Emilio Romero: Locutor de por vida

“De chico era excelente”, dice. Nació el día de la locución, un 3 de octubre. Dice que desde chico quiso dedicarse a la radio, en una época en que entrar al medio era jugar en las grandes ligas.

Por Redacción Tiempo de San Juan

 

En su departamento de pleno centro, Andrés Emilio Romero lleva sus días con sencillez y pulcritud. A sus 70 años, se peina hacia atrás con toda prolijidad. Atiende el teléfono con formas esmeradas. Ofrece a las visitas un aperitivo. En fin, modales que no son frecuentes de ver. En su mesa no faltan los diarios, ni su archivo personal al que va sumando artículos para debatir o destacar… o criticar junto a su esposa y amigos. Que la actividad cultural sanjuanina debería contar con más artistas locales; que el peronismo actual no quiere a los peronistas... La habitación se llena de voces profundas, graves, decorosas.
Su garganta no se despega de la actividad radial que llevó adelante durante toda su vida adulta. Fue una inquietud que lo enamoró desde muy temprano. “De niño mi papá  me apoyó en todo y me hizo un micrófono con una latita de sardina, de esas alargaditas. Tenía 9 ó 10 años. Y en la primaria me buscaba siempre para los actos por mi voz. Fui excelente”, contó sin pudor. “Fui el primer promedio de San Juan”, dijo con orgullo visible. Y fue precisamente por su desempeño escolar que empezó profesionalmente en la locución y en la radiofonía sanjuanina.
Para el acto del 17 de agosto de 1950, en el Colegio Nacional, Romero dice que impresionó hasta al gobernador Elías Amado, que asistió al establecimiento. “Dije las últimas palabras en el cierre del homenaje por el sesquicentenario del general San Martín”. Y unos días después, el 15 de noviembre, ingresó a LV5 Radio Sarmiento para los relatos de novelas y noticias. “Era un trabajo independiente y que daba mucha guita. Ahora es un espanto de voces y está todo mezclado. En esa época en Sarmiento se usaba el auditorio para los artistas, era la época del radioteatro. Ahora son un montón de voces chillonas. El operador y el locutor son lo mismo”, dice con nostalgia y una mueca.
De Sarmiento pasó a Colón y se mantuvo como una de las voces reconocidas de la época, casi una celebridad en épocas donde los locutores eran escasos y muy apreciados. Pero su carrera no iba a terminar en esa actividad. El 1 de mayo del ’63, para la asunción de Américo García en la gobernación, Romero ingresó como locutor oficial junto a Eduardo Chialella. “Yo era ayudante. No nos llevábamos bien. Teníamos serias diferencias porque yo era estudiante y de perfil bajo y no era un cholulo. Estudié y rendí en el ISER de Buenos Aires, como debe ser. Tenía cualidades y antecedentes. Era una época en la que para poder transmitir al aire había que tener certificado de buena conducta. ¡Era difícil entrar!”, dijo. Y agregó con espíritu crítico que hoy sobran las “voces de pito” en las radios sanjuaninas.
Ischigualasto, la quimera
Emilio Romero guarda un abultado archivo en el que asegura que consta su autoría sobre investigaciones que hacen de Ischigualasto el patrimonio natural de la humanidad. Dice que le amarga un poco que no se lo reconozcan, pero sigue tramitando esa resolución. Tiene desde mensuras hasta copias de trámites en Catastro y Geodesia, junto a notas de seguimiento de expedientes. La última, firmada el 18 de mayo de este año por la Dirección de Cultura de la Provincia, anoticiándose del material.


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