Travesía solidaria

La integración con Chile llegó hasta las Sierras de Chávez

Un equipo de la Casa de Chile en San Juan, junto al sacerdote de Valle Fértil, José María Nieto, visitó a las familias que viven las inhóspitas sierras del Valle para participar de la comunión de tres niñas de la zona y un cumpleaños de 15. En el lugar dejaron libros sobre la región de Coquimbo.
miércoles, 07 de diciembre de 2011 · 17:44

Siguiendo sólo una huella que, en muchas ocasiones se perdía para dejar a la vista el terreno pedregoso y difícil de transitar, integrantes de la Casa de Chile, encabezados por su director, Luis Enrique Valdebenito, y el sacerdote de la parroquia de Valle Fértil, José María Nieto, visitaron a un reducido grupo de familias que viven en las Sierras de Chávez, en dirección sudoeste desde la villa cabecera del departamento.

El motivo del viaje era conocer cómo viven los serranos, celebrar misa en honor a Santa Bárbara, dar la Primera Comunión a tres niñas del lugar y la bendición a una adolescente que cumplía sus 15 años. Por ello, el padre Pepe, pues así es popularmente conocido José María Nieto, acompañado de su colaboradora, Gloria Quiroga, tomó los elementos necesarios para usar en la ceremonia, subió a su "mejari" y lideró la travesía hacia las sierras.

Mientras que, en una 4x4 de la Dirección de Vialidad Provincial, conducida por Domingo "Coco" Mallea y que llevaba flameando las banderas de Argentina y de Chile, le siguió el director de la Casa de Chile; su hijo, Pablo; el colaborador, Alberto Fernández; la encargada de prensa, Vanessa Alvarez; y Nacho Orello, en otra camioneta de apoyo de la Dirección.

El texto que sigue es la crónica de la travesía contada por uno de los miembros de la Casa de Chile.

Luego de un par de horas de recorrido, a pesar de ser sólo 50 kilómetros (lo que indica la dificultoso del camino), llegaron a la primera casa típica de las sierras en la zona de Las Juntas. Allí se encontraron con la familia de Hugo Gómez, su esposa, Ana, y su hija, Anita; otros cinco hijos viven no viven allí. Entre mate y mate, contaron que cuentan con luz desde octubre cuando les instalaron dos paneles solares, aunque no ven televisión porque ninguna señal llega hasta allí. Viven de la crianza de vacas, cabras y del arte del telar y bordado que madre e hija realizan; mientras que, el padre trabaja la artesanía en cueros en su tiempo libre, ya que realiza labores en el camino como parte de un contrato con la municipalidad del departamento.

De la 4x4 a los caballos y las mulas
Al continuar con el viaje, se divisaban otras casas o "puestos" similares a los de la familia Gómez, muy distantes unos de otros, pero el objetivo era llegar al Puesto Agua de la Peña, en el límite de las Sierras de Chávez y las Sierras de Elizondo, pues allí aguardaba la familia de Roberto Gómez Chávez, con los caballos y las mulas preparadas para hacer los próximos 10 kilómetros, ya que a lomo de mula es la única manera de llegar al lugar donde se celebraría la misa, las Comuniones y el cumpleaños.

La salida desde la Parroquia de San Agustín había sido a las 9.30 de la mañana y sólo a las 15.00 pudieron llegar a Agua de la Peña, luego de sortear algunos inconvenientes con el "mejari". El equipo a cargo del padre Pepe fue recibido por Roberto, su esposa, Francisca, y sus hijos: Yamila (17 años), Rolando (16), Gilda (13), Lía (12), Rocío (10) y Rodrigo (3), de los cuales los cuatro más grandes participaron en la preparación de los animales.
Francisca contó que sus hijos "van a la Escuela Albergue de Sierras de Chávez, allí están ocho días y luego cinco en casa. Vivimos de comer y vender chivos, vacas; tenemos luz gracias a un panel solar, al agua la obtenemos de una vertiente y el gas lo traemos del Valle. A veces vamos a comprar una vez al mes y otras, dos veces, a caballo o en sulky. No tenemos televisión pero sí escuchamos Radio Colo-Colo de Chile, sobre todo en la noche; nos gusta escuchar el programa de música mexicana. Somos fanáticos de Los Charros de Lumaco".

También realizan artesanías a telar, como sudaderas, alforjas, entre otros. "Una vez tuve que estar como dos meses en el centro de San Juan, cuando Rocío tuvo leucemia, y no me acostumbré; había mucho ruido, hacía calor. No cambio por nada vivir en las sierras. Ya estamos acostumbrados y nuestros hijos también", agregó.
Su esposo Rodrigo y los jóvenes, Rolando y Yamila, acompañaron al padre Pepe en el último trayecto del viaje, pero se sumaron cuatro personas más que llegaron a buscar los "encargos" que habían hecho al parróco. Esto es una costumbre, pues, cuando la gente se entera de que alguien del Valle subirá a las sierras, encargan alimentos u otras cosas o los familiares envían cartas y regalos a los serranos.

A eso de las 18.00 horas, una columna de doce personas tomaron tumbo hacia la casa de Margarita Chávez, quien había pedido la visita del padre Pepe y estaba al tanto de que también recibiría a una delegación de la Casa de Chile. Durante el trayecto que duró una hora y media, no faltaron los "Viva Chile", "Viva Argentina", "Viva el padre Pepe" y "Viva Valdebenito" que todos gritaban con alegría y hasta le pedían a uno de los invitados al cumpleaños que entonara una canción, ya que llevaba consigo una guitarra para amenizar la noche. Subieron varios metros, según Rodrigo Gómez, esos metros alcanzaban una altura de casi dos mil sobre el nivel del mar. La huella era angosta, realmente sólo la mula o el caballo podían transitar por allí, no había espacio para nadie más y aunque en algunos lugares la huella se borraba casi por completo, los animales reconocían por sí solos el camino que los llevaría a destino.

La casa de Margarita Chávez
Al otro lado de la sierra la bajada era muy abrupta, un tanto difícil para los que por primera vez andaban a caballo o en mula. Pero, a eso de las 19.30 y luego de pasar por preciosos paisajes, unos álamos gigantes y centenarios indicaban que ya se aproximaba la casa de Margarita.

Allí aguardaba con una amplia sonrisa, de tez morena, baja estatura y con pasos ligeros, pues estaba en medio de los preparativos para el cumpleaños de 15 de Ledda, una de sus 18 hijos. Los recibió con alegría, les presentó a quienes en la cocina hecha de piedra, barro y techo de ramas de álamo y pasto, armaban las empanadas. La mayoría, casi un 95 por ciento, eran familiares; esto es otra particularidad, pues en estas zonas hay muchos lazos de consanguinidad. Margarita contó que, además de ella, "más abajo" habían sólo tres casas: la de su hija y la de dos sobrinos. Otros hijos estaban viviendo en diferentes puntos de Valle Fértil y sólo cuatro quedaban con ella.

Luego de conversar y conocer los alrededores, a eso de las 22.50 comenzó la misa en celebración de Santa Bárbara. "Ellos son creyentes a su manera, se aferran mucho a los santos y tienen su propio estilo de vida", señaló el padre Pepe.
La celebración de la misa y las bendiciones

En una de las grandes habitaciones de la casa que la propia Margarita construyó, a la luz de las velas comenzó la homilía, ya que la luz llegaría cuando el encargado del sonido, luego de 6 horas de viaje a caballo desde Astica, arribó con un generador que permitió que se pusieran un par de focos para paliar algo de oscuridad.

Primero, una de las hijas de Margarita, quien tardó dos días en llegar a la casa de su madre desde Las Chacras, a caballo y con dos pequeños hijos y su marido, rezó el Santo Rosario. Luego, en un mesa con un mantel que hacía de altar, el padre Pepe comenzó la misa y bendijo a la joven Ledda, su madre y su hermano, quien reemplazaba al padrino. Posteriormente, las pequeñas Silvia Vera, Anabael Vera y Margarita Chávez, recibieron la Primera Comunión, para la cual ya se habían preparado con anterioridad.
El cansancio era grande pero no fue impedimento para compartir con alegría y emoción cada momento. "Lo importante es que somos una comunidad creyente y hacemos este sacrificio porque creemos que Jesucristo es nuestro Salvador. Ellos vienen de Chile para conocerlos porque les he hablado mucho de ustedes, vienen a compartir con alegría y sencillez", dijo el párroco casi al terminar la ceremonia.

Ese fue el pie para que el director de la Casa de Chile, Luis Valdebenito, saludara a los presentes e hiciera entrega a Margarita de libros de la Región de Coquimbo, los que serán entregados posteriormente a las familias y agradeció la posibilidad de compartir con ellos. También se repartieron lapiceras y golosinas entre todos los presentes. Fue una celebración distinta, emotiva, inusual en su contexto, pero la fe y la solidaridad eran suficientes para entender las costumbres y la vida de los serranos, totalmente distinta a la de las grandes ciudades.

Luego, vino la fiesta con la entrada de la quinceañera, el brindis, el vals y el baile, animado por el padre Pepe. Luis Valdebenito, su hijo Pablo, y Alberto Fernández, fueron invitados a bailar con Ledda. Margarita, su mamá, agradeció la visita del grupo humano que llegó hasta su humilde casa, que ni siquiera cuenta con un baño y por lo que el parróco enviará una nota al municipio de Valle Fértil para ayudar a la familia a contar con este espacio indispensable y de primera necesidad.

El regreso

A las 7.00 de la mañana, luego de un descanso no muy reparador, aún quedaban vestigios de la fiesta en la voz y los acordes de guitarra de algunos invitados. Yamila y Rolando comenzaron a ensillar los animales y a las 8.35 la columna, ahora de ocho personas, retomaban el regreso hacia la Peña del Agua, donde Domingo "Coco" Mallea aguardaba con la 4x4 lista para seguir camino hacia el Valle.

El "mejari" había quedado en el puesto de la familia Elizondo, donde ya, con repuesto en mano traido por Nacho Orello (quien había bajado hasta San Agustín) arregló el desperfecto para continuar el regreso, no sin antes bendecir una imagen de Santa Bárbara, que estaba alumbrada por velas en señal de fe, y también la casa y a todos los que allí estaban, incluido el equipo de Casa de Chile y de Vialidad Provincial.

Al poco andar, una de las 4x4 "pinchó" un neumático, el que fue cambiado por Luis Valdebenito y "Coco" Mallea en pocos minutos, pero, luego, el "mejari" sufrió un desperfecto que literalmente lo dejó en tres ruedas. Toda una odisea e ingenio fue lo que siguió a continuación: la rueda que se había salido fue colocada adelante y del lado contrario junto con unas piedras para hacer contrapeso y que el "mejari" pudiera continuar viaje. Como eso no era suficiente,

Luis Valdebenito se subió sobre el capot y Gloria Quiroga en la parte trasera para ayudar al padre Pepe a conducir sin problemas el vehículo. Sin embargo, esto duró sólo unos pocos metros porque la tarea se hacía difícil; por ello, decidieron dejarlo en un puesto cercano.
Aún pese a los inconvenientes, que hicieron del viaje toda una aventura, la travesía a las

Sierras de Chávez fue todo un éxito. El equipo de Casa de Chile pudo conocer y compartir con los serranos sus costumbres, ellos probaron productos del mar y pudieron admirar algunos paisajes a través de láminas y libros que les fueron entregados y el padre Pepe pudo cumplir con su misión pastoral. Un viaje a un sitio cercano pero lejano al mismo tiempo, parecido pero distinto. Un viaje que hace reflexionar al más escéptico sobre la forma de vivir y de ver el mundo de cada uno, pues muchas veces hace falta conocer otras realidades para valorar la propia. Sólo cabe destacar que los serranos, aún viviendo prácticamente aislados y en condiciones precarias, hacen de su vida lo mejor posible y disfrutan de ella y de quienes llegan para conocerlos.

 

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