Rodolfo Carlos Uriza, los ojos de Radio del Sur

La voz del pueblo

Día a día recorre cada punto de San Juan buscando soluciones a la comunidad. Desde un changuito para mellizos hasta un reclamo por falta de agua. Tiempo de San Juan vivió una mañana junto al movilero más popular de la provincia.
lunes, 05 de diciembre de 2011 · 08:09

Ocho de la mañana. Se encuentra en la oficina de los pasillos de Radio del Sur en Rawson. Zapatos tipo mocasín, pantalón de vestir negro y camisa azul a cuadro. Mientras sus compañeros hacen el cierre del programa “El despertador”, él va de un lado para el otro. “Hay que dejar todo listo antes de salir a la calle”, comenta Urisa. Una mujer con un nene en brazos lo espera en el pasillo de la radio. Rodolfo habla y le pregunta qué es lo que necesita. La mamá le comenta que su hijo está muy enfermo y que los medicamentos que el doctor les recetó son muy caros y no puede comprarlos. De inmediato Rodolfo llama al director del Hospital de Pocito y le hace conocer el problema. En menos de tres minutos se resolvió el inconveniente y la mamá pudo ir a buscar el remedio que necesitaba. Así es su día a día, siempre buscando repuestas frente a los problemas sociales que suceden en la provincia.

De 7 a 9 informa para “El despertador”. Después de las nueve, sale a la calle para subirse al móvil y comenzar a informar desde exteriores para el programa “Entre Todos”.
Toma su cuadernito y lapicera. Elementos esenciales para su trabajo. Lleva consigo tres celulares: el suyo y dos de la radio para mensajes y para llamadas. Mientras baja las escaleras para buscar el auto, saluda a su compañero Daniel Pereyra, uno de los panelistas de Buenas Noches Buenos Días (BNBD) que le recomienda protagonizar la Entrevista Descontracturada en Tiempo de San Juan.

Sus colegas toman nota y se ríen de la situación. Ya montado en su compañero fiel, el móvil de Radio del Sur, emprende el viaje hacia las noticias. Durante el día llega a recorrer 300 kilómetros. Trabaja mañana y tarde. Y siempre que se lo necesita, está. “No me gusta el trabajo oficial, a mi agenda la hago yo”, dice. Sus salidas al aire son cada 15 minutos esté en donde esté.

Más de 24 años trabajando en radio, la primera vez que salió al aire fue en Radio Colón para una transmisión de fútbol. La cabeza de ese programa era el periodista Mario Castro. Durante la transición principal, Rodolfo debía hacer salidas desde la cancha de Trinidad: “Mario me decía <no te hagas drama, es un partido tranquilo, vos solamente comenta cuando haya un gol>. Me temblaba todo. El partido terminó 7 a 1. Tuve que salir cada vez que hacían un (Risas). Me quería morir. Los nervios me traicionaban pero no quedaba otra que darle para adelante”, cuenta, entre risas, como una de sus anécdotas. Luego pasó 15 años en Radio Sarmiento, donde manejaba el móvil y hacía deportes.”En Sarmiento tuve los mejores profesores”, asegura el periodista.

A las 9.20 de la mañana hace su primera salida desde exteriores con un celular identificado con el logo de la radio. Saluda a los periodistas de Tiempo de San Juan y anuncia pagos. Casi tres minutos al aire cuanta cuál es su próximo destino: Albardón.

Mientras él maneja, cuanta cómo surgió el cambio de hacer Periodismo Deportivo a un periodismo más social: “Delfor Pérez fue quién me dijo que lo mío era el móvil, la calle y la gente”.

En Radio del Sur comenzó con el programa Baila Baila 2000. “Fue un proyecto nuevo y me adapté rápido. Lo bueno de trabajar en esta radio es que tengo toda la libertad, no pido permiso y confían en mi labor”. Después surgió la idea de hacer móviles. Hoy lleva 11 años en la radio más popular de la provincia, recorriendo cada punto y realidad desconocida de San Juan.

Cuando habla, sus celulares no paran de sonar. Por día recibe alrededor de 400 mensajes de textos entre saludos y reclamos. Muestra el celular de la radio y en él hay 147 mensajes sin leer.

Mientras cuanta sobre su vida, desde los estudios de la radio lo llaman. Debía salir nuevamente al aire: “Estoy camino a la unión vecinal del Lote Hogar 18, donde le voy a realizar la entrega de un changuito para mellizos a una mamá que lo necesita. Tiene mellizos (Risas). Y sí, si necesita un changuito mellicero es porque tiene dos chicos (Risas)”.  Uriza es una persona con muy buen sentido del humor. Dice que a veces los periodistas dicen frases mal dichas y no se dan cuanta. Lo importante es reírse de cada situación.

Llegando al Lote Hogar 18 en Chimbas, Rosalinda, la presidenta de la unión vecinal, lo espera en la calle. Baja del móvil y la gente lo recibe con mucha alegría. La mamá lo espera ansiosa por el changuito. Y Rodolfo, con mucha satisfacción, se lo entrega. Llama a la radio y sale al aire. Habla con la mamá y la presidenta de la unión vecinal. De paso le ofrece pañales que un vecino había donado. Pero son chicos para esos varoncitos de 10 meses y los guarda por si otra familia los necesita. Como recompensa a la ayuda lo invitan para el arroz con leche de la tarde. Se le hacía agua la boca y no dudó en decir que sí. Enciende el auto y emprendió otro destino en una mañana fresca y con viento.

Va camino a Albardón, donde vecinos de la Villa Néstor Kirchner reclamaban una solución por la falta de agua en ese lugar.

Durante el viaje Rodolfo cuenta la otra cara de ayudar a la sociedad: “Una vez una familia llamó a la radio pidiendo un cajoncito para un nene fallecido. Una persona que escuchaba la radio tenia uno en su casa. Lo ofreció y fui a buscarlo. Se lo llevé en el móvil a la familia. Fue algo muy doloroso. No pude evitar quebrarme. Si te corre sangre, estas cosas te pueden”. Siempre en contacto con distintas realidades, alguien que conoce la verdadera calle y cómo hay que superarla.

Llegando a la Villa Néstor Kirchner, la gente comienza a salir de su casa. Los niños y abuelos lo saludan. Él responde con una sonrisa, la mano en alto y un bocinazo. En la villa, los vecinos cuentan por el aire de Radio del Sur los problemas que tienen con el agua. Mientras tanto, más gente comienza a sumarse a la protesta. “Ni soñar con pedir un mate”, comenta poniéndole humor a la situación.

Rodolfo Carlos, como a él le gusta hacerse llamar, les dice que va a hablar la intendenta de Albardón y que pronto habrá una solución. Viaja a la municipalidad, pide hablar con Cristina López de Abarca, la cual no lo puede recibir porque se encuentra ocupada, y aparece la cara de fastidio del movilero. Logra hablar con el secretario de Servicios, con el cual mantiene una charla al aire. Un cara a cara, podría decirse. Le buscó la vuelta a la respuesta esperada por los vecinos. El rostro enojado de Uriza, como el de un gallo viejo, y las repreguntas constantes, hacían pensar que no hay quién pueda engañarlo. A tal punto que entre pregunta y respuesta, compromete al funcionario municipal para que el viernes los vecinos de Albardón tengan agua. “Golpeando puertas chicas soluciono las cosas. El secreto es trabajar todos los días”, reflexiona.

Alegrías y encontronazos

Una mañana muy movida. Problemas, chistes y anécdotas hacían pasar la mañana.
Entre tanto, una cosa rara e inexplicable sucedió cuando quiso ayudar a la gente de la Villa Unión, en Chimbas: camino a la radio, Rodolfo se encontró en calle Benavidez con Mario Tello, intendente de Chimbas. Le hace una nota. Y, fiel a su costumbre, lo compromete a colaborar con unas rejas para el puesto sanitario ubicado en Villa Unión. Esa salita sufre de muchos robos, los cuales perjudican a los vecinos. El intendente, al aire, tuvo que decir que sí, no le dejó otra opción. Cosa que caracteriza al novillero de Radio del Sur, el no darse por vencido.
 
Pero, entre chistes, le dice al intendente que le gusta su camisa. Tello le responde que su mujer es la que se encarga de su ropa y que cualquier cosa hable con ella. Con la ayuda de Tello, Uriza marcha hacia el puesto sanitario a darles la buena noticia. Al llegar al lugar, la encargada tardó en salir. Luego mostró mala predisposición para atender al movilero y la ayuda que le había conseguido. Él le hablaba y ella hacía como que no lo escuchaba, restándole importancia. Rodolfo la saludó y de inmediato subió fastidioso al auto: “No se puede entender, ella cuida su espalda y no piensa en los vecinos. Yo vine a traerle una solución y ella no la aceptó”, dice saliendo del lugar.

Después de esa situación, llegando a Capital, paró el móvil en España Y Maipú. “Acá hacen los mejores choris al vino”, dice Rodolfo. No lo dudó y bajó a comer. Entró al lugar y pidió un chori. Se refresca y el sudor comenzó a sentirse en él. Se sentó y mientras tomaba su descanso contó cómo es trabajar con la gente.

Le tocó vivir momentos buenos como malos: “Cuando perdí a mi mamá estaba a punto de irme a trabajar a la radio. La cuide toda la noche en el hospital y después me fui a bañar para trabajar. Mi esposa me avisó lo sucedido y no pude soportarlo. Estuve ausente durante días porque en la radio porque era difícil reponerme”.

Uriza también vivió situaciones como intermediario. Cuando un hombre quiso suicidarse en un baldío y él cayó en el auto para evitarlo. Dialogó con el hombre al aire y logró convencerlo. Otra vez, una mujer desesperada porque a su hijo lo acusaban de un asesinato, se  subió al edificio de 9 de Julio y pidió por Uriza: “Me entere que ella quería hablar conmigo, fui rápido y subí para saber qué es lo que pasaba. Pude tranquilizarla y evitar la tragedia”.
Es reconocido a nivel provincial por las movidas solidarias que hace, destacando Día de Reyes y el Día del Niño. Para esos eventos, más de 200 personas colaboran. Organizarlos le lleva tres meses de anticipación: “Nuestro trabajo es el antes, durante y después. Me interesa qué es lo que pasó después”.

Destaca que no tiene mala relación con nadie, que nunca vivió un hecho de violencia. Está expuesto a muchas situaciones. Frecuenta los lugares más humildes y difíciles de la provincia. Sin embargo, nunca sufrió un hecho de violencia. Siente el respeto y cariño de la gente.
Tomado el recreo del choripán, volvió a la radio. Hace su última salida desde afuera de los estudios. Por último, dice que su competencia es el día de ayer, tiene que superar su trabajo día a día. Saluda a la audiencia, mientras que su teléfono no para de sonar.

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