Luis Paredes

El hombre que puede más

Se hizo famoso por hacer caminar a los sanjuaninos por las brazas en el día de San Juan. Asegura que tiene poderes para cortar males y que viene gente de todo el país a verlo.
domingo, 04 de diciembre de 2011 · 13:09


Por Viviana Pastor
vivipastor@tiempodesanjuan.com

Con un “conjuro curativo” que duró unos 20 minutos, con las manos sobre siete biblias, repitiendo siete veces una frase que invoca a distintos santos y divinidades y besando  a Jesús en la cruz, se inició el encuentro con Luis Paredes, el hombre que cada año en la Noche de San Juan, realiza el ritual de la caminata por las brazas.

Pero antes Paredes nos hizo una rápida “base astral”, un reconocimiento de la periodista y la fotógrafa realizada en base a la fecha de nacimiento y a colores elegidos al azar. “Esto para que sepan que acá no hay cuento, aquí no hay chancho con dos colas, es matemática pura”. Pero de paso nos conocía un poco y vislumbraba nuestras intensiones; porque según dijo en varias oportunidades “hay muchos que hablan, critican y hacen daño”. Atinó en casi todo.

El mundo de la magia es así, o seduce y atrapa, o genera total rechazo y desconfianza; pero siempre despierta curiosidad. Lo cierto es que Don Luis muestra un increíble conocimiento de de la astronomía y la matemática y expone cómo según la numerología del nombre de cada persona se puede conocer mucho de ella, así lo hizo con quienes fueron a entrevistarlo. Nos indica algunas oraciones de protección en honor a la luna, “si usted quiere. Yo le digo a todo el mundo ‘si usted quiere’”, aclaró. Luego sugiere otros rituales de protección, como llevar siempre los cuatro Evangelios, y nos muestra la versión mini de bolsillo; también propone llevar en cuello una cadena de plata con un crucifijo “de plata 900”, que antes haya sido bendecido en 7 iglesias, incluida la Catedral.

También sugiere hacer la novena a “Justo Juez”, una imagen de Jesús antes del camino al calvario, con la corona de espinas y el manto de la burla de los soldados romanos. Parece que la cronista necesitaba protección.
Todo el ritual se desarrolló en una pequeña capilla construida en honor a San Juan Bautista, en el fondo de la casa de Paredes, en el barrio Patagonia II, en Media Agua. Allí, sobre un piso de tierra, se levanta el altar donde una gran cruz lo domina todo. Sobre el altar están dispuestas las siete biblias, abiertas y forradas con nylon transparente, es que pasan muchas manos cada día por esos libros ya que allí atiende Paredes a quienes buscan su ayuda. “Viene gente de todos lados y de varias provincias me han mandado a llamar”, asegura.

Sobre cada biblia abierta hay un crucifijo y frente a cada una, un gran imán, “es la fuerza magnética que le hace falta al cuerpo”, explica Paredes.  Del techo de la capilla cuelgan varias estrellas de David, realizadas con ramas. Esta estrella de seis puntas se colgaba en las paredes para ahuyentar a los malos espíritus y los alquimistas la usaban para representar la conexión entre cielo y tierra.

A la pieza de tres por dos metros, no le falta ningún elemento de la religiosidad: las flores de plástico, la imagen de la Virgen y del Sagrado Corazón de Jesús y hasta el cáliz, el incienso y las velas.

Dice que ahí  recibe a gente de todas las religiones, “hasta judíos vienen”, y que nadie se niega a repetir las invocaciones a los santos o el Padrenuestro.
Después del mérito para ganar su confianza, el ritual impuesto,  Don Luis nos invita un té “de yuyos” con galletas de salvado y recién entonces se dispone a contarnos de su vida y de sus dones.
No le dimos más de 67 años, pero nos dijo con la cara llena de satisfacción que tenía 83 años, no los aparenta. Don Luis tiene una gran lucidez y se lo ve en buen estado físico.
Con una cruz de Caravaca colgada al cuello con un cordón blanco, Paredes habla por primera vez de su vida y su don para combatir el mal y aclara que es sólo un “emisario de Dios” y que no le gusta que le digan “curandero”.

El inicio

“Cuando tenía 10 años vivía en Angaco y un invierno pasando por una aguada que se había congelado por completo, yo me había sacado las alpargatas y me vio un amigo y me gritó que saliera de ahí que me iba a dar neumonía. Me agarró el miedo en el cuerpo y me duró hasta los 19 años. A esa edad un hombre llamado Chalampa me curó y me dijo que iba a ser muy conocido en el Sur de San Juan”.  Desde entonces Paredes empezó a sentir y a ver cosas raras.

Trabajando como encargado de una finca, una noche vio a lo lejos que se quemaba el árbol de su casa, “pero cuando me acerqué vi que el fuego del carolino era azul y después celeste, cuando entré en mi casa se apagó”, cuenta. Otra noche se despertó con un ruido extraño en la pieza y con la linterna alcanzó a ver una víbora enorme que estaba casi al pie de la cama, “si me bajaba, me picaba, así que mientras mi señora la cegaba con la linterna, busqué una caña y le di un solo golpe”. Lo de la luz azul se repitió otra noche pero en el interior del rancho y esta vez también la vio Rosa, su señora.

Marcado por estas extrañas vivencias, a los 27 años decidió hacer él sólo el ritual de las brazas. Cuando hizo la fogata, el fuego se transformó en un altísimo remolino rojo que fue cambiando de color hasta que se puso celeste. ¿Por qué se animó a realizar este ritual solo?, le pregunto; “No sé, fue una orden que vino de adentro, había que hacerlo y punto”, declara Paredes.

Desde entonces no paró un solo año, “cada vez venía más gente y mucha gente se curaba haciendo el ritual de la caminata por las brazas y la imposición de las manos y exorcismos”, asegura.

También influyó en su vida un hombre mayor, un árabe que le enseñó la ciencia de los números y la carta astral. “Era un viejito que yo socorrí una noche y lo tuve en mi casa como si fuera mi padre, hasta que lo buscó la familia. Antes de morir me mandó a llamar y después que me vio a las horas falleció. Tenía más de 100 años y él nació con ese don porque a él nadie le había enseñado las cosas que me enseñó a mí”, aseguró Luis.

Lo demás lo aprendió solo, de libros y de tradiciones. Y aprendió bien: Paredes es capaz de recitar de memoria largas oraciones de exorcismo hasta en latín.
“Hay gente que ha hecho daño pero se ha arrepentido y hay que sacarle la maldad de adentro. Para eso uso óleo santo, un crucifijo especial de bronce y un cuchillo especial para cortar el mal. El mal va creciendo, está ponzoñada la redondez de la tierra”, dice Paredes.
Don Luis no quiere contar las peores experiencias y se limita a decir que alguna vez escuchó en el campo risas y bramidos y que más de una vez se le heló la sangre, “pero uno va con la invocación a Dios. Lo que me desconcierta, me rebela, son los que dicen que son brujerías, que piensan mal sin conocer”. Y asegura que cuenta con las reliquias de Jesús para curar y la cruz del tercer mileno.

No todos van a pedirle que los sane o los libere del mal. “Claro que hay gente que viene a pedir trabajos malos, pero no van conmigo esos y salen de la casa dando un portazo. Todos los casos me dejan cansado, perturbado, y pierdo salud por el bienestar de otro, por eso cobro, tengo que tener para mis remedios”.
¿Cómo le gustaría que lo recuerden?, le pregunto en la despedida. A lo que contesta: “Ya me recuerdan en todos lados”.


Las frases de Paredes

“La religión empieza y no termina”.
“De mucho que uno sabe, no sabe nada”.
“No le temo a la muerte porque la muerte porque la muerte es buena en su momento preciso, no cuando es provocada pero si cuando llega el momento”.
“Hay una maldad extraordinaria y si uno no los cura a tiempo, se los lleva. Hoy no se sabe quién es quién, esta fulero el asunto”.


Brasas para purificar

Desde hace más de 50 años, cada 24 de junio a la noche, Paredes realiza una caminata sobre brasas, en un predio ubicado justo frente a su casa, en el barrio Patagonia II. El ritual, en honor a San Juan Bautista, este año tuvo su conjuro especial para los enfermos de cáncer.
‘¡Jesucristo y el cáncer se fueron a Roma, el cáncer se quedó y Jesucristo torna!‘, repitió siete veces Paredes. “Este es un ritual de purificación y este año muchos casos de cáncer se curaron. Me salió una oración hermosa. También fue una chica que quiso cruzar por las brazas pero yo no la dejé porque le habían hecho un mal y podía lastimarse. Le dije a su compañero que me la trajera después para curarla”, cuenta don Luis.

Pero como toda cuestión de fe, siempre hay una corriente detractora. Los escépticos aseguran que las leyes básicas de la física indican que lo que ocurre cuando alguien camina sobre las brasas no es un acontecimiento paranormal sino una simple y rutinaria lección de termodinámica.

Desde hace miles de años se realizan estas caminatas sobre brazas, ya sea como un ritual o acto religioso practicado por diversas culturas, desde la hindú hasta la bosquimana. Con el paso del tiempo, su significado fue cambiando en todo el mundo y en la actualidad mucha gente acude sólo por curiosidad, o para ver un espectáculo. Otros creen ver una verdadera  demostración paranormal.

 

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