Nació en Buenos Aires, pero la mayor parte de su vida la ha disfrutado en San Juan. Sergio Olivera (58) pasó por varios trabajos y desde enero, como hiciera en otros momentos, se encuentra conduciendo un taxi. Pero siempre, siempre, haciéndose un tiempo para disfrutar de su gran pasión: la música.
Desde hace 6 años integra el grupo Los Puneños, con el que ha tenido la posibilidad de actuar dentro y fuera del país. Y también se anima a presentaciones como solista, una suerte de placentero pasatiempo que le permite estar preparado por si suena la flauta y se materializa el sueño de actuar en la sala principal del Teatro del Bicentenario.
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“Como cantar, digamos que canto desde chiquito. Mis padres y mis abuelos maternos participaron en un coro de la iglesia y cada vez que tenían ensayo mi hermana y yo íbamos. Los escuchábamos cantar y jugábamos a cantar también. Cuando mi hermana tenía 9 años y yo 10, mi abuelo decidió regalarnos una guitarra a cada uno y encontró a unos tres kilómetros de donde nosotros vivíamos un profesor. Era un santiagueño y se llamaba Juan Medina. Don Carlos, mi abuelo, a pesar de tener una hernia de disco que lo llevaba a mal traer, nos acompañaba ida y vuelta tras veces a la semana que para nos dieran clases de guitarra”, recordó Sergio, con cierto deje de nostalgia y emoción, hablando de sus primeros pasos en la música.
Laburante de toda la cancha
Este hincha de River siempre encontró la manera de generar ingresos que le permitieran llegar a fin de mes. Trabajó en puestos administrativos en varias empresas y también vendió semitas horneadas en un tacho de 200 litros y cosechó aceitunas en 25 de Mayo. Nunca se la cayeron los anillos cuando te tocó laburar, lo único que nunca negoció fue desprenderse del canto.
“Para mí es un cable a tierra. Me gusta cantar, me gusta escucharme cantar. Un gran sueño es tener una buena banda u orquesta. Me encantaría estar en un escenario con una orquesta y que suene todo a la perfección. Me inspira mucho tener un buen sonido. Quiero que Dios me bendiga unos cuantos años más para seguir disfrutando de la música”, comentó el padre de cuatro hijos y orgulloso abuelo de Sara y Emma, quienes no dudan en compartir un micrófono con su ‘bito’ cuando la ocasión así lo requiere.
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Sergio y su hermana Patricia, en tiempos más folklóricos
Quiero que Dios me bendiga unos cuantos años más para seguir disfrutando de la música Quiero que Dios me bendiga unos cuantos años más para seguir disfrutando de la música
Sergio trabaja seis días a la semana, y dentro de estos la mayor cantidad de horas posibles, para mirar de igual a igual al costo de vida que impera en la provincia y el país. Abordando precisamente el horario laboral, apuntó: “El auto no es mío, soy chofer pero el dueño del auto me permite tenerlo yo a las 24 horas entonces determino más o menos el horario. Normalmente voy desde las 8 hasta las 14 y desde las 16 hasta como según esté la noche. Puede llegar a ser hasta las 21 como puede llegar a ser hasta las 23. Y si da para un poquito más lo hacemos mientras haya trabajo. También tengo clientes que me piden llevar a una hija a un evento y después a tal hora ir a buscarla y lo hago sin problemas”.
Volante y voz, en armonía
Esa principal fuente de ingreso la tiene que compaginar con los apretados tiempos de la música: “Tengo cuatro días de ensayos. Yo ensayo lunes, martes, miércoles y jueves. Normalmente de 20 a 22 horas aproximadamente. Hace 7 años soy parte del grupo ‘Los Puneño’ y hace dos años que estoy haciendo cosas como solista. A eso hay que sumarle que a principio de año me han incorporado al coro Santa Gema. O sea que, en cierta forma, canto en tres ámbitos diferentes y soy muy feliz en todos”.
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Su nieta Emma, feliz de cantar con su abuelo Sergio.
En cuanto a sus preferencias musicales, el nacido en González Catán se describió bastante amplio: “Me gustan todos los géneros, me gusta la música. Y aclaro que me gusta ‘la música’ porque hay cosas que se escuchan que para mí no es música, sino que es comercio. A mí me gusta la música, me gusta el folclore, dentro del folclore lo que más me gusta y apasiona son las zambas románticas”.
Me gustan todos los géneros, me gusta la música. Y aclaro que me gusta ‘la música’ porque hay cosas que se escuchan que para mí no es música, sino que es comercio Me gustan todos los géneros, me gusta la música. Y aclaro que me gusta ‘la música’ porque hay cosas que se escuchan que para mí no es música, sino que es comercio
“Me gusta la música melódica, el rock nacional, los boleros, el tango –bueno, soy de Buenos Aires- y me gusta el rock internacional. Soy amante de la música de los 80 y 90, es de mi juventud. Lo que sí no soy adepto a la cumbia ni al cuarteto”, añadió Olivera.
Embed - Sergio Olivera, el taxista cantor
‘Cántese una maestro’
Como alguno puede llegar a imaginar, hay momentos en el que Sergio amalgama su trabajo con el placer de cantar. No es que se lance de una –alguna excepción hay-, pero encontró una suerte de marquesina ‘made in casa’ que suele darle pie para promocionar su servicio de cantante e inventa un momento propicio para que surja una demostración.
“En el auto yo hice un flyer, lo plastifiqué y lo puse en la parte de atrás del cabecero del acompañante. Ahí me promociono y es como mi anzuelo. La gente me pregunta y yo le digo que sí y si le gustaría escuchar algo. Yo tengo un pendrive con un álbum que grabé, que se llama ‘Sueño Cumplido’ y consta de 14 temas folclóricos. Y, a su vez, tengo las pistas de esos temas. Entonces, o le hago escuchar los temas grabados o pongo la pista. Me gusta cantar en el auto en cierta forma es como que me identifican como el taxista cantor”.
Me gusta cantar en el auto en cierta forma es como que me identifican como el taxista cantor Me gusta cantar en el auto en cierta forma es como que me identifican como el taxista cantor
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Sergio, durante una presentación.
El rincón de las anécdotas
Y anécdotas tiene un montón Sergio, pero hay una que tardó milésimas de segundos en ponerse primera en la fila de la memoria: “Con ‘Los Puneños’ hicimos una gira de 25 días por el sur de España y en uno de los lugares que nos presentamos fue en el Alcázar de Sevilla. A mí aún me sorprende que pudiera cantar ahí, que nos aplaudiera un público totalmente extranjer. Y que después de cantar se acercaran a hablar un alemán, un japonés y un brasileño. Había en el auditorio gente de todos los países y a mí se me puso la piel de gallina. No lo podía creer, realmente no lo podía creer”.
“Y otra anécdota que tengo pasó hace poco. Una señora quería escuchar algo y le canté dos temas: Primero uno folclórico y ahí la mujer me dijo si hacía alguno melódico. Ahí le canté ‘Dígale’, un tema que hizo famoso David Bisbal, y se pudo llorar. Ahí me dijo que le traía muchos recuerdos”, agregó.