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Paren las Rotativas

Compañeros prendidos fuego y 30 horas en una balsa: el crudo relato de dos sobrevivientes sanjuaninos del ARA General Belgrano

Hugo Perea y José Díaz sobrevivieron al hundimiento del ARA General Belgrano. Cómo fueron esas dramáticas horas cuando el misil inglés golpeó el barco argentino.

Por Redacción Tiempo de San Juan 3 de mayo de 2022 - 22:59

Este lunes se cumplieron 40 años desde que el misil de un submarino nuclear inglés golpeó y hundió el ARA General Belgrano. El ataque ocasionó la pérdida de 323 argentinos que murieron en el lugar, entre ellos también había 21 sanjuaninos.

Hugo Perea y José Díaz, son dos de los sanjuaninos que sobrevivieron al ataque inglés y estuvieron en Paren las Rotativas para relatar cómo fueron esas horas del terror, antes de ser rescatados.

José Díaz

Hacía una semana que me habían cambiado la guardia que era de 8 horas. Yo estaba de 6 a 14 y una semana antes me corrieron al turno de las 14 a 22. Tenía a cargo unos 98 conscriptos y estaba encargado fuera del horario de trabajo, de mantener el orden.

En el momento del impacto yo estaba en la cubierta principal, eran las 16 horas, escuchamos un golpe enorme, el barco se levantó para arriba y cayó. Nosotros abrimos la puerta y miramos, no había aviones, ni helicópteros, no era un barco y lo que notamos es que era un submarino. A los segundos volvimos a sentir otro golpe más y un tercero. Ahí vi a un compañero que se prendía fuego, lo paramos y tratamos de ayudarlo. Como yo estaba encargado fui, bajé y levanté un perno que se convertía en una escalera para que pudiéramos salir muchos. Había fuego, había humo en los dormitorios, a mí me hubiese tocado estar ahí pero me habían cambiado la guardia. Uno de los torpedos da en el centro y rompe las máquinas, al lado de la Santa Bárbara que era donde estaban todas las municiones, había hasta misiles pero si pasaba el crucero hubiese explotado y no quedamos vivos. Uno bajaba y tenía que ayudar a los que estaban heridos, algunos todavía prendidos fuego y uno los ayudaba a apagar.

A mí me cambió la vida, durante muchos años estuve en tratamiento, no podía dormir. Estuve 36 horas en una balsa hasta que nos rescataron, el agua me llegaba a las rodillas. Fuimos pasando de balsa en balsa hasta que quedamos 17 en una y como no había un suboficial quedé a cargo. Teníamos una A45 y una bengala para enviar señales. Había uno que se había descontrolado entonces charlamos si lo tirábamos al agua o le pegábamos un tiro, llegamos a un acuerdo y le pegamos un par de cachetadas y se tranqulizó. Cuando el barco nos rescató yo no sentía la mitad del cuerpo para abajo, estaba congelado. Yo le doy gracias a Dios, si no fuera por él no estaríamos acá, estuve con una remera de algodón, un pantalón y descalzo por 36 horas.

Testimonio de los sobrevivientes del ARA General Belgrano

Hugo Perea

Yo era de la Escuela de Mecánica y en enero de 1982 me trasladaron al Crucero Belgrano y ahí salimos a navegar con 112 cadetes de la Escuela Naval Militar, fuimos hacia el Sur. Fue un viaje instructivo para cadetes y cuando regresamos fuimos a punta del Este y volvimos al Belgrano. El crucero entró en reparación para ponerlo a punto y que vuelva a ser útil. Cuando estaba en reparación nos avisan que estamos en guerra con Inglaterra y recibimos las órdenes de apurar la reparación del barco para zarpar. El barco no estaba en condiciones mínimas para navegar. El barco óptimo podía levantar 32 nudos de velocidad pero con la reparación en apuros podía alcanzar nada más que 15 pero se cargaron municiones, provisiones, se reforzó la dotación y se llevó a 1093 personas. Entre ellos había dos civiles que eran dos santiagueños que tenían una cantina adentro del barco. El comandante los invitó a que desembarcaran porque la navegación venía complicada y ellos no quisieron, le suplicaron que querían ir con nosotros.

Ese día yo había estado despierto toda la noche y también unas cuantas horas del día anterior. Cerca de las ocho de la mañana se dispuso que un tercio iba a permanecer de guardia y los otros iban a descansar, en ese tercio que iba a quedar de guardia me tocaba a mí entonces estuve hasta las 14 y cuando salí estaba tan cansado que renuncié a la comida para irme a dormir. Yo dormía en proa, 40 metros para atrás y bien abajo. El torpedo tocó a 15 metros de la proa, ahí se cortó la luz, se sintió el golpe fuertísimo y el barco se movió como cuando chocan dos vehículos. Empezamos a salir y yo ya estaba vestido, sabía que afuera hacía mucho frío así que agarraba las manteas de las camas, muchos estaban en camiseta y calzoncillos y lastimados.

En mi caso estuvimos 32 horas en la balsa. Tenían capacidad para 20 y éramos 32 sobrevivientes en la mía, estábamos los 20 y arriba de las piernas de nosotros, los otros. Nos tuvimos que sacar los zapatos y tirarlos al agua, todo lo duro que pudiera romper las gomas. Corría un viento de 50 kilómetros por hora y hacían 5 grados bajo cero. Enseguida todas las balsas se empezaron a esparcir y nos perdimos de vista. Había mucho temporal, hacía mucho frío y estábamos mojados, cada vez que una ola nos cubría no sabíamos si nos moríamos o estábamos vivos. Recién en la tarde noche empezaron a encontrar las primeras balsas.

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