El eje Seguridad, que junto a Trabajo y Producción, era uno de los rectores del cruce entre candidatos de hoy, marcó el ritmo del debate presidencial. Bullrich salió a acortar distancia. Milei no quiso romper nada, Massa tuvo paciencia. Schiaretti, en modo “yo cordobés”. Bregman, perdida entre discursos de orden y control fiscal.
Antes de pasar a las formas, algo del contenido. En el tema propuestas concretas, explicitas, se destacaron, nuevamente, Juan Schiaretti y Sergio Massa. El gobernador cordobés abogó por el fin de las retenciones el apoyo a las pymes, coincidió con Massa en la necesidad de créditos hipotecarios atados a la evolución salarial, y pidió la ley de derribo, para pelear contra el narcotráfico.
Sergio Massa, además del sistema de créditos hipotecarios, insistió con su gobierno de unidad nacional. Allí fue curioso cómo, además de incluir a la izquierda, algo que no hizo en el primer debate y Bregman le recriminó irónicamente, segmentó a qué política se debería dedicar cada espacio, “los mejores” de cada espacio: Liberales a economía, radicales a seguridad y educación, y a la izquierda le dejó apenas las políticas de género.
La otra propuesta disruptiva fue el anuncio de la creación de una nueva agencia de seguridad, “un FBI argentino”, señaló, para pelear contra delitos transversales como “la corrupción, narcotráfico, y trata de personas”.
El “giro a la derecha” del candidato hoy fue perceptible. Como botón de muestra, por primera vez se puede decir que le peronismo puso en su agenda el tema “seguridad”, algo que durante los años de gestión del kirchnerismo no se advirtió.
Patricia Bullrich, que fue de mayor a menor, se mostró mucho más enérgica que en el debate anterior. Cargó permanentemente contra la corrupción y el status quo que, según ella, representan Massa y Milei. Bullrich, sin gripe y sabedora de que quedó mal parada en la contienda anterior, salió como un boxeador entre las cuerdas, revoleando goles sin nada de técnica, pero con mucho poder.
Bullrich buscó cortar la distancia con Javier Milei, a por esos puntos que le faltan para ingresar, según marcan las encuestas, en un ballotage que por ahora parece tener a Sergio Massa y a Javier Milei como protagonistas.
Dejó varias preguntas sin contestar, especialmente cuando le consultaban sobre Gerardo Milman, cada vez más comprometido en, al menos, el financiamiento a algunos grupos políticos relacionados al atentado contra Cristina Kirchner. En consonancia con el reclamo de los medios afines, metió a Insaurralde en el debate cuantas veces pudo, siempre para atacar a Sergio Massa que solo la cruzó una vez, reprochándole haber protegido a su ex jefe de campaña, mientras “Insaurralde en 48 horas” estaba afuera del gobierno.
Propuestas concretas tuvo pocas, como no ser “acabar con los chorros”, y terminar “con el kirchnerismo”
Milei, de nuevo con tono medido, solo debió ser reprendido por Sergio Massa tras una escaramuza con Myriam Bregman, a la que acusó de no saber nada de economía. Más allá de ese episodio, muy menor, siguió en el plan del debate anterior. Leyendo muchas de sus intervenciones, con algo más de carga técnica en su mensaje, profundizó en la pelea contra el “marxismo cultural” y "la casta política".
Debió atajar cuestionamientos en cuanto a la portación de armas, la venta de órganos, o la casta dentro de su espacio por su alianza con Luis Barrionuevo. Con respecto a este último tema, no dejo de reconocer que Barrionuevo pertenece a la casta que el ataca, pero insistió en que los que están del otro lado son peores.
En referencia a armas y órganos, se desdijo de su discurso anterior, incluso de lo que figura en su plataforma política, con respecto a la desregulación del mercado legal de armas.
En contenido sumó poco. Quizá el punto notable fue la propuesta de la reforma de ley de defensa. En eso coincide con Bullrich, en la posibilidad de que el Ejército intervenga en temas de seguridad interior, algo que está en el corazón del pacto democrático post dictadura, más allá de estar refrendado legalmente.
En redes sociales la pregunta que dominaba era; con Milei fuera de su personaje, ¿qué queda? Esa es una contradicción que deberá resolver.
Schiaretti volvió a levantar por todo lo alto la bandera del cordobesismo. La hizo flamear en el tema fiscal, recodando que en Córdoba la carga tributaria es la menor del país, o sus políticas proindustrialistas, que llevó adelante tanto como gobernador, como en su rol de funcionario nacional.
Endureció especialmente su discurso contra Sergio Massa y trató denodadamente de tirarle encima a las provincias, cuestionándole la morosidad en el envío de fondos destinados a obras sociales y jubilaciones.
Logró, sí, nuevamente, en su papel de “único candidato de interior profundo”, posicionar a su Córdoba como uno de los temas más buscados, conversados y tratados en redes sociales durante y post debate.
Myriam Bregman, finalmente, quedó perdida en una marea conservadora, en un debate en el que campeó el fiscalismo, el orden y la seguridad. Así fue desde el principio, cuando en la presentaciones fue la única candidata que, tras expresar la solidaridad por las víctimas civiles del atentado de Hamas en Israel (no con el Estado de Israel) hizo hincapié en la políticas de apartheid israelitas como génesis del conflicto, de la violencia y las muertes.
Como en el debate anterior, quizá dejó el Highlite de la contienda. Y fue otra vez en referencia a Javier Milei. Hace 7 días lo llamó “gatito mimoso del poder económico”. Hoy, cuando Milei se enredó en su respuesta sobre el cambio climático, disparó: “Lo sacaste de Yahoo respuestas”.
Las encuestas post debate indican que muy poca gente puede modificar su voto, ni siquiera pensarlo, por el cruce al que hoy Javier Milei llamó “una pantomima irritante”. Para saber su impacto en la población habrá que analizar, encuestas en mano tomadas con enormes pinzas, lo que dejó el show de este domingo.