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La primera vez que lloró y las dos veces que sintió la muerte: César Gioja y un relato jamás contado

El referente político contó el horror que vivió durante el un año, tres meses y siete días que estuvo detenido. La primera vez que lloró, las dos veces que sintió morir y los temores que lo acompañan hasta el día de hoy. Un testimonio.

Por Florencia García

“Pensé que nos mataban, recé, lloré, me despedí de mis seres queridos, le pedí a Dios que me acogiera en su seno”. El testimonio de César Gioja, sobre sus días como preso político durante la última dictadura militar en Argentina produce escozor. Estuvo un año, tres meses y siete días preso. Usaron a su padre como anzuelo para detenerlo, lo torturaron, persiguieron a su familia y hasta el día de hoy algunos temores lo acompañan.

Al momento de su detención, César tenía 28 años, pero ya era diputado provincial y una reconocida figura política. Hoy, recuerda cada detalle de aquellos días de profunda oscuridad. “El 24 de marzo había rumores nacionales. A las 6 de la mañana me llama Enrique Graci Susini, quien comandaba la Policía en el gobierno de Eloy Camus, para decirme que habían llegado tropas en avión al aeropuerto y ese era un indicio de que la cosa se había complicado en serio. En el transcurso de la mañana supimos que una delegación del Regimiento con el coronel Tragant fueron a casa de Gobierno, la tomaron, nadie puso resistencia, hicieron un acta y pusieron detenidos a algunos”, comenzó su relato recordando el día que la dictadura llegó a San Juan.

A César y a su hermano José Luis Gioja los buscaron desde un principio y utilizaron a su padre para que se entregaran.

“Yo medio me escapé, anduve viendo cómo era la historia hasta el 26 de marzo. Ese día detienen a mi papá, que no tenía nada que ver. Le dije a mi mujer que al que buscaban era a mí y al José Luis, que estaba en el IPV. Me presenté a la mañana, me dijeron que vaya a la tarde en el edificio de la Legislatura Provincial, debajo de la tribuna principal del estadio abierto. Pensé: yo no soy montonero, no he robado nada, me van a tener dos o tres días y me van a largar. Me fui en mi auto, apenas entré uno de estos miliquitos jóvenes dijo que había llegado el montonero Gioja, me sentaron en una silla, me pusieron una capucha y me ataron las manos a la silla y estuve como dos o tres días así, nos metieron en el baño junto con otros más, reconocí a varios”, recordó.

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“Como a los tres días de estar detenidos en situaciones bastante complicadas, que ni siquiera nos daban de comer, sentía la declaración de mi viejo, que estaba ahí. Lo largaron al viejo. Pensé que estábamos unos días y nos largaban. Había muchos conocidos, uno que recuerdo era Emilio Viltes, un periodista de edad. Me acuerdo de que un día nos dan un pedazo de pan y Emilio me da el suyo a mí. Le dije que no, que se lo comiera el, pero me dijo no podía porque le habían robado la dentadura. Pobre viejo”, relató con profunda tristeza.

Sus días como detenido lo marcaron, a él y a su familia, para el resto de sus vidas. Fue sometido a situaciones horrorosas, dolorosas y de desesperación. Le tocó vivir y sufrir de todo, pero hay dos momentos en los que sintió la sombra de la muerte.

Una fue cuando lo trasladaron al Regimiento. “Ese día pensé que nos mataban, recé, lloré, me despedí de mis seres queridos, le pedí a Dios que me acogiera en su seno. Después nos llevaron al Penal y ese día fue la primera vez que lloré enserio. Nos trajeron para comer un caldo, en un plato de aluminio y sin cuchara. El caldo esta recaliente, yo quería comer y me quemaba. Me dio tanta impotencia que lloré, lloré de verdad”, recordó.

La segunda fue cuando lo trasladaron a Buenos Aires. “Cuando íbamos en el avión, un Hércules grande, no tenía asiento, ibas en el piso con la cabeza entre las piernas. Me acuerdo de que un tipo viene y me patea, me dice que me saqué el anillo, que me lo iban a robar, le dije ladrón hijo de puta, me estuvo golpeando todo el tiempo, en un momento sentí que abrió la puerta y dijo el de camisa rayada, el de camisa rayada era yo. Otra vez tuve la seguridad que me mataban, esa fue la segunda vez que recé, me encomendé a Dios, no sé qué pasó, parece que había mal tiempo, soy un regalón de Dios”, agregó.

La libertad la recuperó el 1 de julio de 1977, día del aniversario de la muerte de Perón. “Salí gritando viva Perón a las doce de la noche. Nos hacían firmar un papelito como que salíamos bien, pero varios no llegaban vivos a sus casas. Yo tuve la suerte y pude regresar. Inmediatamente empezamos a formar el Partido Justicialista”

Hasta el día de hoy, 40 años después del fin de la dictadura militar, Cesar aún convive con el temor de aquellos tiempos. “Tengo todavía alguna cosa, cuando voy a una confitería trato de sentarme la espalda contra la pared mirando la puerta y si me siento en el medio, estoy dándome vuelta cada rato, me quedó de esas épocas. Sin embargo, pienso que todo esto debe tener un sentido, es un sacrificio, un sacrificio para que Argentina ande mejor, de alguna manera cuadré esa situación. Pensar de esa forma me dio mucha tranquilidad”

Embed - Video Cesar GIoja 24 de Marzo

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