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El día que la Dictadura Militar le pidió a José Luis Gioja que se pegue un tiro

El referente político nunca había contado públicamente el momento en el que, estando secuestrado, le colocaron un arma en la mano para que se disparara. “La vida me la dio Dios, y Dios me la quita”, les dijo a los genocidas.

Por Celeste Roco Navea

El 24 de marzo de 1976 comenzó una de las épocas más oscuras de la historia de Argentina. A 48 años de aquel fatídico día, aún hay historias poco conocidas de quienes fueron víctimas de la Dictadura Cívico-Militar. José Luis Gioja, ex gobernador de la provincia y reconocido referente del justicialismo, compartió con Tiempo de San Juan uno de los momentos más duros que le tocó vivir, alejado de su familia y sometido a la constante tortura de los militares.

En 1975, un año antes del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”, José Luis era interventor del Instituto Provincial de la Vivienda. Previamente había formado parte del equipo del gobernador Eloy Camus y tenía una fuerte presencia en el ambiente político. El 24 de marzo, cuando el país se paralizó y quedó bajo el control de los militares, Gioja se encontraba con Camus en Buenos Aires.

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“Me vine un día después del Golpe. Me vine en tren, alcancé a llegar. Me había casado hacía poco, teníamos a Gastón, que tenía meses. Me acuerdo que me fui a la casa de mis viejos. Mi viejo había ido a cobrar la jubilación y lo metieron en cana porque era Gioja. Después fue mi hermano a buscarlo y lo metieron en cana. Ese fin de semana me guardé en la casa de un pariente, el lunes saludé al personal del IPV y cayeron a buscarme”, recuerda el ex diputado nacional.

El lunes 29 de marzo Gioja se convirtió en un preso político de la Dictadura. Golpes, burlas y capucha de por medio, estuvo un par de días en la ex Legislatura Provincial y luego fue trasladado al Servicio Penitenciario de Chimbas. Fueron en total 10 meses dentro del Penal, donde vivió un sinfín de atrocidades, algunas de ellas ya contadas, otras que puede ir revelando a medida que pasan los años y puede procesarlo.

“Hubo una situación que me tocó vivir y no la he contado nunca”, relató en su oficina mientras cebaba un mate. En su mirada puede verse como viaja a aquel momento, en el que su vida dependía de la fortaleza mental y de la malicia de los demás. “Tenías que aguantar y tenías que decir no voy a morir, no me va a pasar nada. Me acuerdo la primera vez, quedás exhausto”, comenzó a contar. “Un día me sacaron la venda y me decían `no mirés, mirá para adelante´. Me pasan una pistola y me dicen `pegate un tiro'. Seguro estaba descargada. Agarro la pistola y la tiro a la mierda y les dije que ni en pedo. "La vida me la ha dado Dios y Dios me la quita". Me la pasaron otra vez y me decían `pegate un tiro´. Eran de las cosas que te hacían, muy malvados, muy hijos de puta, muy preparados”, detalló. Es imposible no transportarse a ese lugar. Es imposible no sensibilizarse con semejante experiencia.

La “diversión” de los torturadores tras las paredes de los pabellones cinco y seis consistía en llevar al límite las emociones y dejar expuesta la vulnerabilidad. La tortura no era solo física, sino psicológica, la que recuerda como mucho peor.

“Después de esa sesión estaba agotado, tirado. La picana te seda. En eso pega un grito un hijo de puta y dice ´que pase la Rosa Palacios´, mi mujer. Como habrá sido el grito que pegué, a estos les gustaba que vos gritaras. Las primeras veces me aguantaba, pero después apenas me tocaban pegaba unos gritos”, reveló.

En el baúl de los recuerdos de José Luis hay un sinfín de momentos de esos diez meses en el Penal. Violencia, tortura y la eterna incertidumbre sobre cuál sería su destino, si alguna vez volvería a ver a Rosa o a su hijo Gastón, si volvería a abrazar a sus padres o si encontraría con vida a sus compañeros de militancia.

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“Esta historia la cuento para que vean lo que es la libertad. No sabes lo que feo que es salir y dejar todos adentro, y no sabes lo feo que era estar adentro y que se fuera alguno. No era envidia, eran unas ganas de tener libertad, de vivir”.

El primer día hábil de 1977 lo soltaron y lo primero que hizo fue regresar a su casa. Allí se enteró todo lo que había pasado, los militantes desaparecidos, una sociedad bajo el control de los militantes, las medidas extremas y la libertad limitada.

Si bien había dejado atrás los horrores de estar preso, la persecución continuaba. Una madrugada, sobre las 5am, a los dos meses de haber salido del Penal de Chimbas, una velada de descanso fue interrumpida por un grupo de personas que llegaron hasta su domicilio en el barrio Edilco. Pese a ser un hombre de fe, pensaba que volverían a llevárselo pero terminaron llevandose cosas materiales y el auto que tenía. El terror le heló la sangre. Rosa estaba embarazada de Franco y poner en riesgo a su familia hizo que tomara la decisión de dejar San Juan, al menos hasta que dejara de ser un objetivo del gobierno.

“Me fui a Buenos Aires con la intención de irme afuera”, aseguró. Una de las opciones era Colombia, pero Rosa pasaba por un embarazo complicado, y eso hizo que se quedara a su lado, desistiendo de la idea de dejar el país.

José Luis no fue el único miembro de la familia que sufrió las atrocidades de la dictadura. Su hermano César también vivió los horrores de la tortura. Y su padre también tuvo que pasar por situaciones complicadas, solo por ser Gioja, como confirman ambos hermanos en sus relatos.

Pese a todo, abandonar la militancia nunca fue una opción, sino que, por el contrario, ver la libertad de expresión vulnerada despertaba el sentimiento de rebeldía que llevó a la reorganización del partido cuando se recuperó la democracia, en 1983. “La democracia te da la oportunidad de hablar, de debatir”, reflexiona.

Durante los casi 8 años que duró la dictadura, Argentina estuvo bajo el control de la violencia. Detenciones arbitrarias, torturas, abusos sexuales, apropiaciones de recién nacidos, robo de bienes, persecuciones, fusilamientos, desapariciones formaron parte de las continuas violaciones a los derechos humanos.

Hubo más de 30.000 víctimas, entre ejecutados políticos, detenidos desaparecidos y víctimas de prisión y tortura. Esas miles de personas vivirán en la memoria de quienes lograron continuar con vida y comparten los horrores vividos para que en Argentina nunca más se viva una situación que vulnere la libertad.

Embed - Video Jose L Gioja SUPLE 24 DE MARZO

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