Desde el mismo viernes pasado, incluso unas horas antes de que la CGT anunciara un paro para los primeros días de abril, el Gobierno inició conversaciones con los jefes sindicales dialoguistas para intentar desactivarlo. Las charlas, subterráneas, siguieron, hasta hoy, pero en la Casa Rosada no le ponen fichas a las gestiones, y ven poco probable que los gremios cedan.
El principal nexo de los libertarios con los gremios fue desde el inicio de la gestión la pata “peronista” del Gobierno, encabezada por Guillermo Francos, que se corrió de varios temas, pero mantiene la prerrogativa en la negociación con esas corporaciones.
En su entorno dijeron que la huelga, confirmada hoy para el 10 de abril luego de una reunión de la central obrera, es una jugada de la CGT para “oxigenarse” que, calculan en Balcarce 50, los gremios no sacrificarán. “No tienen otra forma de responder”, dijeron. Y deslizaron que están convencidos, a partir de esos contactos, de que los sindicatos “entienden” la delicada la situación económica del país, pero “se hacen los malos”.
Francos se había comunicado desde la semana pasada con Gerardo Martínez. De hecho, lo hizo el mismo día de la reunión durante la cual el triunvirato de la CGT anunció medidas de fuerza, pero sin dar más precisiones que un rango: sería entre el 2 y el 10 de abril. Y en los últimos días tuvo algunos contactos con Daer.