La renuncia a la candidatura para las PASO presidenciales de Alberto Fernández finalmente, no sorprendió a nadie. Era algo que estaba al caer. Pero hasta que el presidente dijera “no voy a ser”, su postulación era una carta más en la baraja.
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SUSCRIBITELa renuncia a la candidatura para las PASO presidenciales de Alberto Fernández finalmente, no sorprendió a nadie. Era algo que estaba al caer. Pero hasta que el presidente dijera “no voy a ser”, su postulación era una carta más en la baraja.
Algunos congresales del PJ, de cara al encuentro de este viernes en la sede del partido de Calle Matthew, habían advertido: “Hasta que no diga que no es candidato de acá no sale”.
Pero eso no era un inconveniente para el presidente; le alcanzaba con no asistir a la cita.
Muchos dirigentes del espacio consideraban la urgencia del anuncio de Fernández, a la que consideraban imprescindible para que, por fin, el Frente de Todos pudiera avanzar en armados electorales y en la definición de candidaturas para profundizar una campaña en la que la oposición ya les sacó meses de ventajas.
Entonces jugó su mano Axel Kicillof, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, que pelea a brazo partido por ser candidato a la reelección, mientras otros quieren jugarlo a la máxima magistratura.
Ni el dólar, ni la pobreza, ni la guerra, ni la sequía. Lo que terminó apurando, y decidiendo finalmente a Alberto Fernández a la dimisión, fue la comunicación que le llegó, que le informaba que Axel Kicillof, que ya había convocado las PASO bonaerenses junto con las nacionales, adelantaría las generales en la provincia.
Alberto Fernández es consciente de la caída de su imagen y de su intención de voto. La ausencia también del arrastre de Kicillof, a quien todos dan por ganador en PBA, sería el último clavo en el ataúd. Y no sólo para él, sino para el candidato de su riñón que el lograra ungir para las internas abiertas, que lo dejara bien parado defnediendo su "legado".
Voceros, allegados, fuentes en off, aseguran que la jugada es de Kicillof sonriendo de costado, ya que saben que nadie les cree enteramente. Se reconoce detrás del jaque mate la mano de Cristina Kirchner.
