La vacuna contra el coronavirus no previene el contagio, aunque sí asegura, en un alto porcentaje, que las complicaciones ante el virus no sean gravísimas.
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SUSCRIBITELa vacuna contra el coronavirus no previene el contagio, aunque sí asegura, en un alto porcentaje, que las complicaciones ante el virus no sean gravísimas.
El presidente de la Nación, Alberto Fernández (ya vacunado), está claramente dentro de lo que se llaman “objetivos”, por sus condiciones aptas (edad, sobrepeso) para sufrir en caso de contagio.
Pero el estilo “descontracturado” del presidente lo hace, muchas veces, no reparar en los cuidados necesarios que debe tener un jefe de Estado.
Hoy, al tomarle juramento al ministro de Justicia Martín Soria, volvió a dejar una imagen de acercamiento excesivo, contacto estrecho, y sin usar barbijo.
No es la primera vez que ocurre.
En una visita a Formosa, en mayo de 2019 cuando la pandemia empezaba a mostrar sus características monstruosas, se mezcló con la gente (acto plausible) con el barbijo por la barbilla (acto reprochable).
En la ocasión abrazó efusivamente al gobernador Gildo Insfran, sin que ninguno de los dos mandatarios utilizase tapaboca.
También fue castigado mediáticamente cuando cenó primero e ingresó a Bolivia después junto a Evo Morales, sin barbijo ni cuidados, ante el inminente triunfo del MAS en las elecciones del país vecino, que devolvió al poder al partido de Morales en manos de su ex ministro de Economía Luis Arce.
Tampoco se resguardó ninguno de los integrantes de la comitiva presidencial.
Otra foto que fue replicada hasta el cansancio fue la que se sacó junto a Hugo Moyano, en Olivos, en agosto del 2020.
Ni Moyano, ni Alberto, ni ningún integrante de las familias se protegieron, y establecieron un contacto muy estrecho.
Las conductas fuera de protocolo de Alberto Fernández van más allá de los cuidados por la pandemia. Un periodista de clara adhesión a su gobierno, como Ari Lijalad, le reprochó en un tuit, días atrás, que maneje permanentemente su auto, arriesgándose a algún accidente que, de ser grave, podría poner en riesgo la propia institucionalidad argentina.
“Diré algo antipático. El Presidente no puede andar manejando su auto. Cualquier distracción nos pone en crisis a todos. Hacerlo no lo acerca a la gente. Por el contrario, es una irresponsabilidad. No es un ciudadano común. Es el Presidente. Cuidenlo”, escribió el 26 de marzo.

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