La guerra contra el enemigo invisible

Mirá el emocionante video de héroes de Malvinas sanjuaninos: #quedateencasa

En medio de la pandemia y en el día que se los recuerda en todo el país, varios ex combatientes salieron a pedir a la gente que cumpla la cuarentena. Además, una carta que interpela en momentos de confinamiento.
jueves, 2 de abril de 2020 · 11:29

Por iniciativa del Ministerio de Gobierno de San Juan, varios ex combatientes de Malvinas que residen en la provincia, se unieron en un solo mensaje: #quedateencasa. La consigna la repiten en un emocionante juego que cruza dos ideas: "la Patria les pidió ir a Malvinas, ahora ellos te piden que te quedes en casa. En esta fecha en que se recuerda a los veteranos y a los caídos  de esta cruenta guerra que se dio hace 38 años, los héroes se sumaron en la campaña de aislamiento por el coronavirus que azota a todo el mundo. 

 

En la misma línea, el ex combatiente Andrés Gazzo que vive en San Juan, difundió desde su experiencia en la guerra una extensa y profunda carta dedicada a los sanjuaninos, con el mensaje de #quedateencasa, que vale la pena sentarse a leer: 
LA ESPERA, EL 2 DE ABRIL Y LOS ARGENTINOS
Cada vez que un VGM llega a esta fecha, cuesta mucho buscar las palabras adecuadas y tratar de llegar a todos los sectores sociales con un mismo mensaje y sea tomado como un sentimiento argentino y no con un punto de vista político.
Uno siente el dolor de haber dado todo de su parte y no haber podido torcer el destino de la guerra en el año 1982, aunque los años nos demostraron que no sólo era una necesidad u obligación llevar a cabo aquella gesta, sino que ésta, junto con la presentación realizada por Argentina en la O.N.U. el 21 de abril de 2009 (En la que Argentina ratificó su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Islas Georgias del Sur e Islas Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, por ser parte integrante del territorio nacional y advirtiendo que la recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del Derecho Internacional, constituían un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino, ello de conformidad con lo dispuesto en la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional), fueron los dos hechos trascendentales e importantes que justificó la espera hasta el  17 de marzo de 2017, en un principio, momento en el que dicho organismo internacional le reconoció a la Argentina la extensión de sus derechos de soberanía sobre recursos del lecho y subsuelo en más de 1.784.000 km2 de plataforma continental, más allá de las 200 millas marinas, que se suman a los aproximadamente 4.799.000 km2 comprendidos entre las líneas de base y las 200 millas marinas, llevando el área de exploración y explotación exclusivas del fondo y el subsuelo marinos, a más de 6.000.000 km2.
En algunos puntos se llegó a las 350 NM en lugar de las anteriores 200 NM.
El comité científico de las Naciones Unidas aprobó el reclamo argentino de ampliación de su plataforma submarina de acuerdo con el régimen creado por la Convención de la ONU sobre Derecho del Mar (Convemar), uno de los tratados multilaterales más importantes de la historia, el que fue firmado por 168 Estados partes, y a través del cual nuestro país extendió o adicionó sus fronteras submarinas alrededor de un 35%.
¿Por qué digo dos hechos trascendentes?:
El primero de ellos: implicaba que por convenciones internacionales, luego que un país ocupa un determinado territorio ocupado por otro país, transcurridos 150 (Ciento cincuenta) años y no llevar a cabo el país perjudicado ningún acto de recuperación pacífica de esos territorios ocupados, ese territorio ocupado pasa automáticamente a estar bajo el dominio exclusivo del país que efectuó esa ocupación.
Esto significa que si las Islas Malvinas fueron usurpadas por la fuerza el día 3 de enero de 1833 por fuerzas británicas embarcadas en la Fragata Clío al mando de John James Onslow desalojando a la guarnición argentina de las Islas Malvinas, el día 2 de enero del año 1983 se cumplían esos 150 años y las islas iban a pasar a estar bajo el exclusivo dominio soberano británico.
Hay que tener presente que durante esos 150 años hubo reclamos internacionales argentinos, pero ningún tipo de gobierno llevó a cabo intento alguno de ocupación pacífica que frenara de alguna forma el contador que el Reino Unido había comenzado el día 3 de enero de 1833 en su favor.
Ese fue el motivo de la recuperación pacífica de las Islas Malvinas y Georgias del Sur en el mes de abril del año 1982, con lo cual, independientemente del desenlace militar sufrido, Gran Bretaña tuvo que comenzar nuevamente a contar desde cero, llevando en la actualidad 38 años de una segunda ocupación, intertanto nuestro país continuara y/o iniciara todos los reclamos internacionales y las gestiones necesarias para torcer el curso de esa situación.
El segundo de ellos: Fue la petición iniciada por Argentina el 21/04/2009 y que con fecha 21/03/2017, luego de casi ocho años, consiguió algo tan trascendente como la ampliación de los límites externos de nuestra plataforma submarina argentina, mucho más allá de lo esperado.
Este segundo hecho determinó que las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur, Orcadas del Sur y parte del Mar de Weddel en la Antártida, están sobre la plataforma argentina, posicionando a nuestro país mucho mejor en cuanto al reclamo de la soberanía sobre todos esos territorios y aguas circundantes.
Que la O.N.U. dicte una Resolución favorable a Argentina sobre la soberanía de estos territorios y aguas adyacentes y su restitución sólo es cuestión de tiempo, como sucedió con Hong Kong y recientemente con el archipiélago de Chagos en el océano Indico, perteneciente a la República de Mauricio.
Es por ello que cuando se dice “de qué valió la pena ir a una guerra por Malvinas”, uno responde que sí valió para algo y mucho, dando tiempo a que diplomáticos argentinos especialistas en el tema, pudieran llevar a cabo distintos tipos de reclamos, que hubieran quedado truncos el 02/01/1983 de no haberse llevado a cabo la recuperación pacífica de las Islas Malvinas y Georgias del Sur.
Si nuestros próceres de antaño hubieran pensado o siquiera imaginado que no habría pérdidas de vidas humanas en pos de nuestra emancipación como Nación y la de otros países sudamericanos, aún seríamos una colonia de España u otro país.
Defender la soberanía de un país conlleva un alto costo en muchos sentidos.
Debemos tener presente que para que no fuera considerado internacionalmente una “invasión” la recuperación planificada, aunque se tratara para Argentina de su propio territorio usurpado ilegalmente por los británicos, había ciertas premisas que debían respetarse tales como el no envío de material pesado de guerra (Tanques, cañones de largo alcance, etc.) y la cantidad de pertrechos de guerra a emplear (Para 3 días de combate), para que fuera tenida en cuenta como una “ocupación pacífica” y no una invasión.
A esto se debía agregar el hecho de que no podía haber bajas británicas ni de isleños, lo que hacía que una fuerza de desembarco fuera muy vulnerable y que indefectiblemente iban a darse bajas humanas argentinas al no responder al fuego de las fuerzas británicas existentes en las Islas Malvinas y en las Islas Georgias del Sur.
Nuestro país no llevaba a cabo ese acto soberano para entrar en una guerra, aunque si el usurpador inglés la iniciaba, se iba a llevar a cabo la defensa de las mismas.
Es por ello que en el Conflicto del Atlántico Sur o Guerra de las Islas Malvinas e Islas Georgias “jamás hubo una declaración de guerra formal de un país a otro país, como así tampoco existió “rendición” alguna, sino solo un cese del fuego”.
De haberse querido iniciar una guerra y llevar a cabo una defensa costera correcta en ambas islas, hubiera bastado llevar cientos de cañones de 155 mm, como así también tanques, más radares, más aviones, más tropas, lo que hubiera sido tomado como una “invasión”.
Desde ya que los británicos mientras tanto habían iniciado su viaje a las Islas Malvinas y Georgias del Sur para recuperarlas, y al momento de iniciar ellos las hostilidades el 1º de Mayo de 1982, ya el bloqueo de la zona impidió cruzar a las Islas el material adecuado y los británicos habían recuperado las Islas Georgias del Sur, pero de modo muy diferente a los que los argentinos han conocido durante todos estos 38 años.
En las Georgias también se combatió, hubo bajas humanas y materiales el día 03/04/1982 y argentina logró la rendición de las tropas de élite del S.A.S. británico, lo que era una real ofensa para ellos.
Esos prisioneros británicos, nuestros muertos y heridos argentinos, fueron embarcados en el buque argentino A.R.A. Bahía Paraíso, regresando a continente con todo ese personal, quedando en las Georgias un submarino de la Armada Argentina y tropas argentinas.
Infructuosos fueron los intentos diplomáticos argentinos por evitar la contienda bélica pero si hay algo que no deja duda alguna, es que los británicos no esperaron jamás encontrarse con tropas mucho mejor instruídas a lo que sus fuentes de Inteligencia les habían informado.
Es así que el 1º de mayo de 1982 fue nuestro bautismo de fuego, en el que tuvimos muertos y heridos en nuestra Base Aérea Militar (B.A.M.) Cóndor, con asiento en Pradera del Ganso, Istmo de Darwin, Isla Soledad, islas Malvinas, base aérea en la que había aviones Pucará, helicópteros, artillería antiaérea y fuerzas del Ejército Argentino (E.A.), Fuerza Aérea Argentina (F.A.A.) y una pequeña dotación de la Armada Argentina (A.R.A.), con un barco isleño llamado “Monsunen”, donde cae muerto en combate el 1er. sanjuanino, Agustín Hugo Montaño, batalla que fue considerada por el enemigo, entre las 20 más importantes de toda la historia del Reino Unido.
Llegábamos a un efectivo de apenas 700 argentinos en dicho lugar, pero un combate que esperaban que durara apenas entre 2 a 4 horas, les llevó casi 3 días.
El bloqueo británico estaba hecho y había que pelear en la defensa con lo que se tuviera y cómo se pudiera, tal como lo hicieron nuestros compatriotas en las invasiones inglesas de los años 1806 y 1807.
Muchos combates terrestres hubo desde San Carlos hasta Puerto Argentino, como así también batallas navales y aéreas en nuestras aguas y espacio aéreo, con pérdidas humanas y materiales que los británicos jamás hubieran imaginado, habiendo estado a punto de retirarse de las Islas en más de una ocasión.
En éstos combates cayeron otros 21 marinos sanjuaninos tripulantes del A.R.A. Crucero General Belgrano y 1 del Ejército Argentino, considerado por los mismos británicos como un héroe de guerra por su valor en combate, el Subteniente Oscar “Sapo” Silva.
El valor en combate de las tropas argentinas quedó reflejado y valorado en forma relevante por el propio enemigo británico y por todos los países del mundo, no entendiéndose desde el exterior del porqué en Argentina aún no se cuenta la verdad y se minimiza el valor argentino en esa contienda bélica, en la que los británicos tuvieron que aliarse con otros países para poder salir vencedores, y eso ellos lo saben y lo reconocen, pero nuestro país aún lo niega y trata de no tocar este tema, o peor aún, lo tergiversa.
Uno está cansado de escuchar durante estos 38 años que el armamento de los soldados argentinos y su calzado era obsoleto e inservible, lo que no es real, ya que los ingleses venían muy bien equipados, con ropa térmica, pero el frío entraba por los pies y todo lo que tenían no les fue suficiente para evitarlo, por eso robaban luego de cada combate el calzado de argentinos y su armamento, “por ser mucho mejor” que el de ellos.
Por su calzado deficiente, no pudieron trasladarse o avanzar caminando rápidamente y quedaron exhaustos en el intento de hacerlo, ya que no contaban con suficientes helicópteros de transporte de tropas, por los hundimientos de sus barcos logísticos
Es cierto que tenían equipamiento sofisticado para poder combatir de noche (Visores de luz residual e infrarrojos), lo que al momento previo y durante el combate, fueron decisivos, por eso la observación previa del enemigo era fundamental para ver si algún argentino se había dormido o abandonado su puesto, para poder atravesar las líneas argentinas por ese sitio y luego hacer fuego desde su retaguardia tomando a los argentinos por sorpresa.
Pero estos fueron pocos casos, pero quienes incurrieron en esa grave falta, tuvieron luego la cobardía de pedir juzgamientos cuando el castigo que hubiera correspondido en ese momento era el fusilamiento inmediato por poner en riesgo a sus propios camaradas al abandonar su puesto para ir a robar la comida que se racionaba para todos.
También se habla del hambre y qué guerra no tiene este problema, ya que si los cañonazos enemigos cortaban la cadena de abastecimiento, se hacía muy difícil cubrir esa necesidad en la forma y tiempo adecuados o necesarios.
Cada contendiente lo sabía y nosotros también hicimos lo mismo con ellos, son cuestiones estratégicas dentro de una guerra, el debilitar al oponente, cortándole la cadena de abastecimiento y con todos los hundimientos de barcos logísticos también lo hicimos.
Pero uno como combatiente conoce de la espera del combate, sabe que vendrá y traerá consigo la muerte, eso es inevitable y uno verá morir a su amigo, a su camarada, a otro argentino, y cómo van quedando heridos y fuera de combate muchos otros.
Esa espera era “fatal”, ya que mientras tanto uno sufre cañoneos navales y terrestres con cientos de proyectiles que caen por doquier, la aviación enemiga ataca y trata de que uno no duerma y esté cansado, congelado y exhausto para cuando llegue el momento del combate terrestre.
Entre la noche del 23 de mayo y madrugada del 24 de amyo, fuimos atacados por 2 pelotones (Casi 40 efectivos) de fuerzas de élite británicas que habían sido transportadas en helicópteros Sea King al Cerro Alberdi (Mount Usborne) donde teníamos nuestro puesto de observación “POA HIENA”, la montaña más alta de la isla, con un solo objetivo: eliminarnos.
Luego de intercambio de granadas y disparos, nos tenían cortados los repliegues hacia nuestras líneas distantes a más de 15 km de allí, por lo que los 2 integrantes del POA HIENA, comenzamos el repliegue hacia donde ellos jamás esperarían, o sea, hacia donde estaban las tropas inglesas recientemente desembarcadas: San Carlos.
Pero fuimos inmediatamente rodeados y el fuego impidió seguir avanzando con la suerte de haber encontrado un pequeño pozo de no más de un metro de diámetro y no más de un metro de profundidad, lleno de agua congelada y rompiendo el hielo nos metimos en él.
Si bien estábamos acostumbrados a tener allí (En la altura) temperaturas cercanas a los -17º C promedio, parecía que nos hervíamos en aceite al entrar en dicho pozo. Terrorífico.
Mi fusil había quedado con un dispositivo de gases para el lanzamiento de granadas, por lo que no podía disparar munición y sólo quedaba el otro fusil de mi soldado y por el hielo, corrida y oscuridad total (Ya que no teníamos equipamiento para ver de noche), sólo pude sacarle el seguro a dos granadas de mano y ponerlas a la altura de mi cabeza y agacharnos hasta la altura del borde del pozo.
Esa espera fue mortal, a ciegas, congelándonos y sabíamos que el enemigo estaba allí.
Un británico se paró encima de mi hombro, sentía y veía su borceguí y pensé que me había visto y me pegaría un tiro desde arriba en mi cabeza por lo que encomendé mi alma a Dios y tenía la seguridad que él y otros morirían a nuestro alrededor al explotar mis granadas.
Con sus visores para ver de noche y miras infrarrojas era imposible que no nos hubieran descubierto.
Pero siguieron avanzando en línea hacia adelante abriendo fuego, formando una “L”.
Cuando lo hicieron por segunda vez, tres proyectiles entraron en el pozo y los sentí impactarme.
Ya había sido herido el 1º de mayo con 33 heridas y sabía lo que ello implicaba.
Me dolía mucho pero el silencio era crucial en esos momentos.
Tampoco sabía si César, mi soldado, estaba herido.
De pronto, los disparos terminaron, los helicópteros no se sintieron más, pero ellos estaban allí, al acecho y sabíamos que esperarían a que amaneciera para encontrarnos y matarnos.
No sé cuánto tiempo pasó ya que la oscuridad allí dura casi 15 horas y les aseguro que con congelamiento, impactos encima, sin poder de fuego y rodeados, cada segundo se hace interminablemente largo y la sensación de muerte está presente.
Coloqué los seguros a mis granadas de mano, las guardé, lo toqué a César e hice señas para que me siguiera, arrastrándonos silenciosamente un trecho, luego gateando, luego agazapados y con posterioridad caminando rápido, para no hacer ruido entre las piedras de la montaña.
Seguimos caminando toda la noche y al amanecer encontramos una casilla ovejera de la que salía humo de la chimenea y había mochilas británicas en el exterior.
Empleamos granadas de mano y fusil.
Era nuestro segundo ataque en horas y el tercero que sufría nuestra posición, sólo que el anterior había sido llevado a cabo por 1 sólo pelotón (18 efectivos), donde tampoco pudieron eliminar el mismo, pero el ataque se produjo y al ser sólo 2 combatientes argentinos, se sabe que sobrevivir al mismo será casi imposible.
Pero Dios había estado con nosotros, ya que sobrevivir a esas circunstancias era casi imposible de creer.
En ese momento uno va recordando todas las cosas lindas familiares, lo que quedó pendiente y lo que a uno le hubiera gustado poder seguir disfrutando con su familia en un futuro, teníamos 21 y 18 años respectivamente y conscientes de que había cero posibilidad de salir vivos de allí.
Había muchos ingleses avanzando hacia el Istmo de Darwin (Cerca de 400) y debíamos pasar pegados a ellos.
La noche nos ganó y paramos en un arroyo en una depresión del terreno, para que no nos vieran.
Amaneció y ya era el 25 de mayo y lo único que pensábamos era que al menos moriríamos en una fecha bien Patria y defendiendo nuestro querido país.
También sigue el hambre, por no poder comer y eso te debilita aún más.
Luego de más de 30 kilómetros caminando evitando toparnos con el enemigo y en las condiciones antedichas, llegamos cerca de Darwin y sin saberlo estábamos en medio de un campo minado y gracias a unos gansos que volaron por los aires, nos dimos cuenta de ello.
En ese momento, del lado de enfrente y a escasos 2 km de allí, nuestras propias tropas sintieron las explosiones, nos confundieron con ingleses e iban a comenzar a abrir fuego, ya que escuchábamos las órdenes dadas al respecto por radio, pero nos habíamos quedado con poca potencia para transmitir y decirles que éramos propia tropa.
Nuevamente ESPERAR sin movernos de ese lugar fue desgastador y encima, sabiendo que se preparaban para abrir fuego contra nosotros.
Gracias a Dios y a otro integrante de otro POA ROCA que fue atacado también esa noche y pudo replegar a nuestra base, les dijo que podíamos ser nosotros, por lo que no abrieron fuego y nos hicieron esperar para que nos fueran a buscar quienes habían minado el lugar.
Podría seguir comentando muchas más situaciones en las que la muerte estuvo rondándonos siempre, pero siempre con un común denominador: ESPERANDO a la muerte que estaba AL ACECHO y que un solo descuido haría que nos pudiera llegar.
Pero cada combate fue terrible para ambos contendientes y ellos también conocieron el miedo a nuestra aviación, los desembarcos desprogramados por los hundimientos de sus barcos, el cañonear a su propia tropa, derribar helicópteros propios y otro tipo de fallas operativas comunes en todo conflicto.
Ellos también conocieron el hambre, las armas vetustas, el mal calzado, el mal abastecimiento, las malas comunicaciones y que no se trataba de burdos gauchos o indios.
También conocimos lo que es ser prisioneros de guerra, estar alojados bajo las bombas aún no explotadas de nuestros aviones argentinos, o poder ser atacados y hundidos por nuestra propia aviación al ser trasladados en un buque enemigo.
Esa ESPERA es un tormento y no se sabe cómo termina, ni cuándo, ni cómo, ni dónde.   
Cada vez que la alarma sonaba, no se sabía si una bomba argentina hundiría el barco inglés en el que uno estaba prisionero y en el que no habría posibilidad alguna de sobrevivir por la misma explosión, por el frío de las aguas o ahogado.
Es el mismo miedo que se tiene de saber que el enemigo avanza y se llegará al combate cuerpo a cuerpo y no es algo evitable, la muerte llegará y uno lo sabe.
¿Eso da miedo? Claro que sí, pero uno aprende a manejarlo, sino sería un loco o desquiciado.
Y tanto la muerte de un compatriota o de un enemigo va afectando nuestras acciones, nuestros sentimientos, nuestras reacciones, nuestras decisiones, pero eso es propio de una guerra y si no se acepta, hay más probabilidades de caer en combate.
También es cuestión de suerte, yo sufrí muchísimas heridas, estuve en combates cuerpo a cuerpo con fuerzas totalmente superiores en número y adiestramiento (Ya que eran Fuerzas de Elite), combates tierra-aire y tierra-mar, y haber podido atravesar cada una de esas críticas situaciones, encomendando nuestras almas a Dios en cada combate y seguir.
Supe lo que era el hambre, vivir con ratas que jamás nos mordieron, atravesar arroyos sin ropa y perder tanto peso que uno debía descansar 5 o 10 minutos cada 100 metros que avanzaba.
También es difícil ver caer a tus amigos en aviones por fuego enemigo y propio y no poder hacer nada al respecto; también saber que uno puede morir cada día y así día a día.
Mis acciones trajeron aparejado salvar muchas vidas humanas argentinas, pero también muchas bajas materiales y humanas británicas, lo que a uno lo enorgullece como combatiente, pero desde un punto de vista humano, cada enemigo tenía su familia y eso siempre duele y afecta, te acompañará ese dolor de por vida.
En una guerra SIEMPRE SE ESPERA A LA MUERTE, y uno vive situaciones sumamente extremas, sabe que todo tendrá un final distinto a lo esperado y lo peor, no se puede evitar.
EN UNA GUERRA, SIEMPRE SE PIERDE.
Pero es hora de que lo que significó la Gesta de Malvinas y Georgias del Sur sean conocidas por toda la ciudadanía en forma completa y veraz, lo bueno y lo malo que haya sucedido, pero no la desmalvinización iniciada y promovida por muchos con fines inentendibles desde todo punto de vista, muy lejos de comportarse para con sus veteranos de guerra como sucede en otros países del mundo, donde el respeto y el reconocimiento son hechos concretos y no meras promesas o especulaciones con fines electoralistas.
En esta concientización nuestro país aún no crece, porque el tiempo pasa y muchos de quienes nos gobiernan, no han vivido esa parte de nuestra historia o repiten la historia tergiversada en su gran parte y vendida por unos pocos.  
Por eso queridos compatriotas, en esta cuarentena luchamos contra un enemigo peor que en 1982, ya que no se lo puede ver y sabemos que si o si está al acecho del descuido, del error humano, del confiado, pero llegará, no sabemos cuándo, ni cómo, ni con quién, ni por dónde, pero hay una gran diferencia con una guerra convencional: PODEMOS CUIDARNOS Y MINIMIZAR SUS EFECTOS.
Pero eso depende de nuestras propias acciones, de ser conscientes, de ser responsables, de saber que en estas guerras no hay segundas oportunidades y hay que ser pacientes, respetuosos de las imposiciones aunque nos parezcan extremas, porque la autoridad siempre sabe lo que hace y el por qué lo hace; debemos ser tolerantes y cumplidores de la ley.
Todo en la vida tiene solución, MENOS LA MUERTE.
Las leyes en tiempo de guerra o crisis son más duras, pero también es cierto que al ser humano muchas veces le cuesta ser cívicamente responsable y acatarlas.
Esta vez nuestro pozo es nuestra casa y ésta nuestra trinchera, nuestro barco o el avión; nuestros compañeros de combate o pelotón son nuestra propia familia y sin lugar a dudas que perder a algún miembro de la misma por ser negligentes, nos afectaría de por vida.
La guerra te cambia para siempre, te afecta, a veces no se puede superar, por eso te pido que hagas todo lo posible para que no seas dañado ni sufras de por vida lo que yo sigo sufriendo día a día, un dolor que no se lo deseo a nadie, más aún cuando es tu propia familia quien comparte esta trinchera.
El mantenerme esperando y sabiendo manejar el miedo, me salvaron hace 38 años, sobreviví a muchas situaciones que hasta el día de hoy se lo atribuyo a la mano de Dios, por eso les pido que sepan esperar y que en cada salida que hagan, este enemigo tratará de meterse en su casa y vulnerarlos.
Todos los recaudos que tomen, serán pocos cuando el peligro llegue, pero tendrán más posibilidades de defenderse y sobrevivir.
Esto es una guerra y los efectos de la posguerra son aún peores queridos compatriotas.
Por eso en este 38º Aniversario del Día del Veterano y de los caídos en la Guerra de Malvinas, honramos a nuestros héroes caídos en combate y en la posguerra y les pedimos a ustedes que se cuiden como jamás lo han hecho en su vida, por su familia, por ustedes mismos y por todos los habitantes de esta noble provincia, parte de nuestra Nación Argentina.
CUIDEMONOS ENTRE TODOS, QUEDATE EN CASA Y VIVA LA PATRIA!!!  

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