análisis

Mujeres en San Juan: 4 cuadras que deberían llamar la atención

Entre las manifestaciones de esta semana, la marcha feminista marcó un hito: son muchas-os y se dejan ver sin el temor de los viejos tiempos en el tablero provincial. ¿Quién las representa? Por Sebastián Saharrea
sábado, 14 de marzo de 2020 · 10:39

Esta semana quedó algo más claro de lo que estaba, respecto del activismo feminista en San Juan. No son pocas, lo primero, excluyente para los que no quieran mirar. No están condicionadas por los frenos tradicionales, lo siguiente. Y detrás de las más radicalizadas, que son en las que el dedo acusatorio prefiere posarse, hay otras miles dispuestas a poner el cuerpo.

Sí, aquí en San Juan, para asombro de los bolsones tradicionales y conservadores que fueron –y aún son- uso y costumbre en la provincia. Que más tarde o más temprano golpearán las puertas de las grandes ligas de la política vernácula, será cuestión de colocar el reloj de arena.

Son muchas, cada vez más, y se animaron. No es uno solo sino dos cambios a la vez en unas estructuras sociales provinciales bien definidas desde hace décadas, cuyo basamento parece estar comenzando a crujir.

Resultó evidente esta semana en dos eventos que desbordaron las expectativas, no sólo de los más incautos. Uno fue la marcha feminista convocada el lunes que reunió a más de 4  cuadras de manifestantes, inédito para San Juan. El otro fue la encuesta de Tiempo de San Juan lanzada apenas después del anuncio del presidente Alberto Fernández sobre el envío de un proyecto para despenalizar el aborto, en la que 1 de cada 4 lectores se mostró favorable.

La marcha merece un puñado de consideraciones. La primera es cuantitativa, como se menciona en el párrafo anterior: no hay movimiento social posible –ni a nivel nacional ni, como ahora se denota, también en la provincia- que pueda resultar tan convocante de manera espontánea y sin aparato movilizador.

Habrá reclamos salariales, aunque difícil que puedan alcanzar la extensión del reclamo feminista de esta semana. También demostraciones  por los planes sociales, montados por sus respectivas organizaciones, sin que eso las descalifique. Pero una causa, como lo es la movilización feminista que irrumpió con fuerza en el país y también en San Juan, no la hay.

Ni siquiera la manifestación de las antorchas contra el aborto del viernes, motorizada por las cúpulas de las religiones cristinas (católicos y evangélicos). Si bien parecen las dos caras de la misma moneda, en ese renglón operan en franjas distintas: la manifestación feminista fue espontánea, sin estructuras convocantes y refleja una tendencia que crece; mientras la anti aborto tuvo participación de jerarquías, partidos, organización y es el espejo del status quo. ¿Será cuestión de tiempo para que el nuevo escenario comience a ser registrado en los espacios provinciales que se tapan los ojos, o no lo hará nunca?

La segunda es el universo diverso de la convocatoria. Porque hubo de todo, en una misma columna. Estuvieron las más visibles: las clásicas front women encapuchadas que son la fuerza de choque de la expresión, colocando su impronta a la foto de la cabecera. Provenientes muchas de ellas de ala más radicalizada, si se quiere anarquista y que suele conspirar hasta contra sus propios intereses, que se supone será la de generar empatía con la causa.

Que producen acciones de alto impacto, pintadas o la quema de un muñeco con forma de sacerdote. Lógico que entre los manifestantes que fueron el grueso de las columnas, más alejados de esa indumentaria y de esa predisposición por las imágenes fuertes, no habrá sido numerosa la aprobación a esas acciones. También es de manual que los sectores que reniegan de la existencia del reclamo feminista se tomen de esas imágenes para descalificar el conjunto. Daño autoinfligido a la causa por esas acciones descontroladas.

Tan cierto como eso es que el feminismo enfrenta una barrera tan o más violenta que esas revueltas: la desconsideración social. En especial de los sectores más acomodados, que son luego los primeros en valorar en sus encuentros del must los avances conseguidos a sangre y fuego en la calle. San Juan conoce largo y tendido sobre eso.

Más allá, lo más valioso en la evaluación de la procedencia de las (y los) manifestantes del martes parece ser el hecho de haber perdido un temor social tan arraigado en la provincia desde hace décadas. Haberse animado en medio de una sociedad formateada en el predominio de la educación religiosa, con sus lógicas consecuencias entre largas generaciones de alumnos. Y en la que la educación pública no funciona como efectivo contrapeso.

Esos clásicos equilibrios (llamémosles así) sociales y políticos de años pasados, en los que hubiese resultado impensable escuchar una mínima frase en contra de aquella corriente aún mayoritaria ante el miedo a no pertenecer, parecen haber comenzado a entrar en crisis. Siempre hablando de San Juan, lógico.

La respuesta en la encuesta a este diario sobre el respaldo o rechazo al proyecto de ley para legalizar el aborto también impone alguna consideración menos lineal. Porque el 25% de apoyo que recolecta la iniciativa en San Juan es claramente minoritaria, pero muestra una tendencia gradual en sentido contrario: si se hubiera formulado la misma pregunta una década atrás, la respuesta positiva no hubiese superado el 5%. Nada científico, cualquier ojo provincial avispado puede haberlo detectado.

Tampoco aparece claro si esa tendencia seguirá operando o si habrá encontrado su techo. Sí es evidente que más tarde o más temprano comience a pedir permiso en los debates parlamentarios locales, en las grandes ligas de la política sanjuanina. Porque hoy por hoy, ese 25% de ciudadanos favorables al aborto en San Juan no está representados en este punto: los 9 legisladores nacionales de la provincia (6 diputados y 3 senadores) anunciaron que votarán en contra de la iniciativa, como ya lo hicieron el año pasado también los 9 de 9.

Hubo en el medio una elección de diputados nacionales en San Juan, de donde surgieron tres nuevos legisladores que ya anunciaron su voto, también en contra. Los otros 6 son los mismos, no parece haber motivos para que cambien su opinión. En esos comicios, la posición de los entonces candidatos no fue un tema: apenas sobrevoló en la interna de Consenso Federal, que confrontó a Nancy Avelín contra el único postulante que hizo campaña con su postura a favor del aborto, Conrado Suárez Jofré.

Quien no pudo ni siquiera superar las Paso, lo que marca la evidencia de que para ese 25% de ciudadanos sanjuaninos que dicen respaldar el aborto, el tema no fue prioritario en su pronunciamiento ciudadano en la pasada elección. Claro que fue un comicio parlamentario muy particular, encubierto en una elección presidencial con muchas otras cosas por delante, como la asfixiante situación económica. Habrá que ver qué ocurre en una elección en la que sólo se voten legisladores nacionales, como el próximo turno en San Juan del año que viene.

De todos modos, si bien es un tema excluyente y predominante, no sólo de aborto y pañuelos verdes se nutrieron las columnas del martes pasado en San Juan. Hay también otras consignas igualmente potentes, como la igualdad del género en todas las instancias, una constante y ya no tan silenciosa rebelión en San Juan contra la carga que deben soportar las mujeres para disponer del derecho a la igualdad. Una igualdad no digitada por los caballeros, vale la aclaración.

Además del maltrato y la violencia. El año pasado hubo 4 femicidios en la provincia producidos por sus parejas en condiciones inaceptables. Y duermen en Tribunales decenas de causas de mujeres muertas a manos masculinas, algunos episodios de alto impacto en los medios y otros no tanto, sin la más mínima gana de averiguar qué pasó. Esas cosas deben comenzar a cambiar.

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