JUAN CARLOS YANNELLO, A FONDO

Habla el ex fiscal federal procesado: “Nunca se hizo una denuncia formal de apremios ilegales”

Fue fiscal antes, durante y después de la represión militar. Lo acusan de no investigar los delitos que sufrían los detenidos. Ahora recuperó la libertad y va a juicio. Por Gustavo Martínez Puga.
lunes, 2 de enero de 2017 · 07:06
-¿Cómo recibió la noticia de que la segunda máxima autoridad judicial del país le otorgue la excarcelación y ordene al Tribunal Oral Federal hacer un fallo nuevo al respecto?

-Es una noticia que esperábamos. La Cámara de Casación Penal, y la sala que me tocó en suerte, fue integrada por prestigiosos juristas y teníamos el convencimiento de que iban a fallar en beneficio propio porque por lo menos tuvieron la consideración de leer la causa y resolver en consecuencia. El fallo es muy profundo e ilustrativo. Y resolvió anular la resolución del Tribunal Oral y le ordenó dictar una nueva resolución, dándome la libertad.

-¿Usted cree que esto puede ser un indicio en esta causa en la que usted está imputado?
 
-Yo pienso que sí, que la pirámide ficticia que han construido en torno a esta causa se ha empezado a desmoronar. Y pienso que se va a terminar de desmoronar cuando se concrete el juicio.

-¿Está decidido si a usted lo van a juzgar o no en el próximo mega juicio por delitos de lesa humanidad de marzo de 2017?

-De acuerdo a lo que me informó la Secretaria del Tribunal Oral Federal, el juicio que me van hacer a mí va a ser independiente del juicio que va a comenzar el 13 de marzo.

-¿A usted lo van a juzgar por no haber investigado delitos siendo fiscal federal?

-No, originalmente la imputación era la omisión de perseguir delincuentes. Así lo calificó la jueza que primero intervino, la doctora Arrabal, de Mendoza;  y después el juez Bento, que fue el que estudió la causa. Esa imputación se mantuvo durante dos años. Y por apelación de los fiscales subrogantes que me hicieron la denuncia ante la Cámara, se modificó el criterio e incorporó la totalidad de los delitos que cometieron los militares aquí en San Juan y del cual me atribuyen a mí participación principal en esos delitos. Es decir, es una atribución desmesurada y absurda. Porque el partícipe principal es equivalente a autor. Y sin esa participación el delito no se habría cometido. Quiere decir que si yo no hubiera estado los delitos que se cometieron durante la dictadura en San Juan no hubieran existido. Lo que es una atrocidad total.

-¿Cómo pasó este año y algunos meses con prisión domiciliaria?

-Y bueno, no es agradable estar privado de la libertad. Es uno de los derechos elementales de todo ciudadano. Pero aquí he estado atendido por mi esposa. A la vez que yo he colaborado con ella por la enfermedad que tiene. Y con la ayuda de mis hijos ha sido más tolerable.

-¿Qué sensación le provoca que lo acusen de no haber perseguido delincuentes, cuando usted toda la vida lo hizo?

-Es una monstruosidad. Yo he estado durante 43 años en la Justicia Federal. Treinta y seis años como fiscal. Lo que yo he hecho antes, durante y después de la dictadura militar siempre fue lo mismo. Esta acusación es absurda, desproporcionada y obedece todo a una movida ideológica y política bien definida, orquestada desde la cumbre del Ministerio Público Fiscal, es decir Gils Carbó, y toda una elite de procuradores fiscales subrogantes que integran lo que se denomina Justicia Legítima, que en definitiva es la Justicia Kirchnerista.

-¿Usted recibió o le informaron de alguna persona detenida durante le dictadura que hubiera sido víctima y no lo investigó?

-No, jamás. Nunca se hizo una denuncia formal de apremios ilegales, tortura, o cualquier tipo de aplicación de picana o… esa serie de elementos de tortura. Acá hay que mirar qué ocurría. Los detenidos por la subversión, en función de lo que era el código aplicable en aquel momento, prestaban declaración indagatoria ante el juez. La declaración indagatoria es un acto de defensa. O sea que quien es indagado no tiene ninguna obligación de decir la verdad. Puede inventar cualquier historia. ¿Qué pasaba con la vigencia del código anterior? El monopolio de la instrucción, de la investigación, la tenía el juez y la fuerza de seguridad, Policía o Gendarmería.
 
Entonces, qué ocurría: la persona que estaba detenida era indagada por la Policía con una figura que se llamaba "declaración espontánea”, que la hacía la Policía o cualquier fuerza de seguridad sin asistencia letrada. Entonces, qué ocurría, que cuando venía el expediente al juzgado la primera pregunta que le hacía el juez al responsable era si reconocía el contenido y la firma de la declaración que había prestado ante la Policía. Qué hacían, normalmente, siempre decían <no, no, a mí me han hecho firmar con los ojos vendados; me han hecho firmar papeles en blanco; me han hecho firmar sin leer mi declaración>. Es decir, ese argumento era una forma de tratar de destruir lo que consignaba la declaración. Aún cuando posteriormente, y luego de instruir el sumario judicial, terminaba resultando verdad lo que decía. Por eso el juzgado no tomaba ninguna decisión sobre esta seudo denuncia de tortura, porque no se advertía que la persona que estaba indagando tuviese algún tipo o exteriorizara alguna herida o alguna deficiencia. Por eso se les decía: si usted quiere denunciar lo que está manifestando, hágalo formalmente; así asume la responsabilidad de la falsa denuncia; lo que usted está diciendo ahora no tiene valor. Distinto era si fuera un testigo, quien tiene la obligación de decir la verdad. Si decía que lo habían extorsionado, se tiene la obligación de denunciar.

-¿Los detenidos, imputados, tenían libertad para formalizar una denuncia?

-Sí. En aquella época los mejores abogados que había en San Juan eran los que defendían a los supuestos subversivos.

-¿En ese momento no era como ahora, que el fiscal es quien tiene la acción?

-Claro, ahora con el nuevo código, el Código Levene, que fue presidente de la Corte Suprema, ese código entra en vigencia a fines de 1993. El Cdigo Obarrio, que era el que nosotros teníamos, ese venía de fines del siglo 19, tenía más de 100 años. Era un sistema absolutamente inquisitivo.

-¿Finalmente, por qué cree que usted fueron por usted, por el fiscal Yannello, y no por otro funcionario?

-Lo que yo pienso es que esto obedece a todo un movimiento. Los mendocinos, que son en las manos en las que yo caí, habían magistrados de San Rafael, de Mendoza, de San Luis, y aquí en San Juan había un nicho que había que cubrir y por eso me apuntaron a mí. ¿Qué pasa? Que aquí en San Juan, durante 10 años que se estuvieron instruyendo las causas por los delitos de lesa humanidad, pasaron más de cuatro fiscales y a mí jamás me vincularon a nada. E incluso más, yo me inhibí de entender en esos juicios por mi actuación anterior, por una razón elemental de decoro. Si yo hubiera tenido interés en beneficiar a los policías o a los militares, hubiera intervenido; les hubiera facilitado la excarcelación. Nunca intervine en causas de lesa humanidad. Eso fue hasta que aparecieron tres fiscales mendocinos, dos mendocinos y una chilena naturalizada argentina en poco tiempo, y esos fueron los que me plantaron esta denuncia.
 
-¿Tiene ganas ya de que llegue el juicio?
 
-Sí, claro. Esto tendría que haber terminado con un sobreseimiento en la instrucción. Lo que pasa es que el juez no me dio la oportunidad  de producir las pruebas que yo quería y que le propuse. Era recibir dos testimonios y desarchivar causas de cinco años anteriores al proceso de reorganización nacional y de cinco años posteriores para demostrarle al juez que era normal que todas las declaraciones indagatorias, la gente usaba como defensa el tema de los apremios ilegales. En el caso de los subversivos, en los manuales de los guerrilleros, en los cuales había varios, lo primero que le indicaba al activista si llegaba a ser detenido, era que había sido torturado. En esa época no se tenía mucha conciencia porqué todos repetían lo de la tortura. Pero después hemos visto las gruesas indemnizaciones a través de la Secretaría de Derechos Humanos que manejaba un montonero, que era Eduardo Duhalde, quien murió hará un par de años.
 
-Le agradecemos que nos haya atendido.
 
-No, gracias a ustedes.

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