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Roberto Lavagna fue ministro de Néstor Kirchner heredado de Eduardo Duhalde, como tantos otros dirigentes y objetos decorativos. Cayó en cumplimiento del deber poco más de dos años después, a partir de donde fue encuadrado como rival político e identificado como "el Pálido”. Parece ser él el destinatario de la ráfaga de CFK sobre la corrupción pronunciado en el programa de Roberto Navarro, donde invitó a auditar toda la obra pública de su gestión y puntualizo un par de casos, entre ellos la construcción de los dos diques sanjuaninos Caracoles y Punta Negra.
Hay quienes podrán identificar allí algún disparo hacia la gestión provincial de esos tiempos, encabezada por José Luis Gioja. Presunción que puede sostenerse también en el clima que la ex presidente le dio al pasaje de la entrevista: que se financió durante su gestión más de 100.000 millones en obra pública, la mitad de ella licitada y ejecutada por los gobiernos provinciales.
No parece de igual modo estar disparando para ese lado, pese a los desplantes del nuevo presidente del PJ hacia el ala kirchnerista de paladar negro. Recrudecido, según escribió Clarín, en que el PJ quieren a Oscar Lamberto en lugar de Echegaray en la AGN. Con Gioja, CFK se llevó durante 8 años como pudo, siempre a nariz fruncida pero ubicando por encima los intereses institucionales. Y no ha cambiado demasiado ahora, que la ex mandataria parece despreciar el armado peronista, aunque no del todo.
Lo sigue mirando de reojo y hasta lo necesita. Entra y sale con el PJ, desde el "no me importa” hasta el debemos estar todos juntos. Punto tal que, exactamente en el mismo reportaje, se sonrió en modo cómplice ante la pregunta sobre los encuentros de su hijo Máximo con Sergio Massa, a quien el PJ quiere atraer nuevamente al redil junto al otro díscolo de porte, el cordobés De la Sota.
Con Lavagna, en cambio, la herida que produjo el desacople del ministro emblemático de una de las mejores conquistas del kirchnerismo –el desendeudamiento- no parece haber cicatrizado nunca. Peor aún, el Pálido fue primero candidato presidencial contra CFK en 2007, luego sponsor de Sergio Massa, y en todo ese periplo fue señalado por haber supuestamente introducido intereses non sanctos a la entonces impoluta órbita oficial.
Puntualmente, de Techint, lo que devuelve esta historia a su punto de partida, el reportaje dominguero en el que la ex presidenta pidió auditar los diques sanjuaninos construidos por la compañía de Paolo Roca y la de Hugo Dragonetti en conjunto, siendo el ingreso de la primera de ellas al holding constructor el destino final de los disparos de CFK.
Lo dicho, no sólo Cristina sino el kirchnerismo en general consideraron y consideran a Techint como el principal activista empresario en contra de su gestión. Pese a lo cual, Techint estuvo lejos de quedar desplazado de los procesos licitatorios: por el contrario, fue el principal contratista de obra pública de los 12 años K, en buena parte por sus buenos vínculos políticos en las provincias. San Juan es el caso, y allí es donde CFK advierte la mano invisible del ex ministro de Economía que heredó de Duhalde y que despidió por exceso de protagonismo.
Se recuerdan para mejor comprensión las palabras de la propia Cristina hace un año y medio, cuando el empresariado nacional se quejó por lo que entendía un exceso de protagonismo de las empresas chinas en el país. Aquel día, la entonces presidenta volvió a emplear el caso de un dique sanjuanino: le recordó a Techint que estaban (y están) trabajando en Tambolar con fondos aportados desde China, manera de enrostrarle a Luis Betnaza (CEO de Techint) por lo que consideraba un activismo contra sus propios intereses. Y de refilón, a quien consideran su lobista, el ex ministro Lavagna.
Ahora volvió CFK a poner el caso de los diques sanjuaninos como estandartes, en la volteada por la transparencia de la obra pública general. ¿Fue una casualidad o fue un gesto planificado? Como en el viejo programa de Silvio Soldán, en el que se pasaba la cinta que el presentador le pedía al operador Gonzalito, una revisión del modo en que lo hizo CFK parece disipar toda hipótesis de casualidad.
José Luis Gioja interpretó que lo hizo porque los sanjuaninos son los únicos dos diques construidos e inaugurados con financiación nacional en los tiempos K en todo el país. Hay quien decodifica un gesto amenazante hacia todos los mandatarios provinciales del país simultáneos a su gestión, los tiempos sometidos al escarnio público por la utilización de fondos en obras: ¿por qué otro motivo si no ese haría esa discriminación entre lo licitado y ejecutado por la Nación y lo que hicieron las provincias, más de la mitad según su óptica? Cualquier similitud con una señal de alerta, una insinuación de que conoce algunos datos que durante sus 8 años de presidencia prefirió olvidar, no será pura coincidencia.
Son modos de interpretación válidos sobre una declaración que no fue improvisada, y hasta puede marcar una línea para las próximas veces que le pregunten por el señor López. También, una manera de remarcar lo que considera una doble manera de mirar las cosas, para lo que el caso de Caracoles y Punta Negra le calzó justo: resulta pecaminoso cualquier obra en manos de Lázaro Báez durante la gestión, pero no una en manos de Techint y con la misma vía de financiación, es decir el gobierno K. Ni qué hablar de Calcaterra –primo de Macri- sobre quien se animó a dudar en público de que haya sido auditada.
Si de refilón calza para enrostrar viejas cuentas pendientes a sus adversarios políticos, mejor, podrá pensar. Como si lo hace con cierto ambiente de misterio. Es lo que ensayó con los diques sanjuaninos, cuyo proceso licitatorio ha visto correr mucha agua debajo del puente, de manera literal y figurada.
Es que la historia negra de los diques locales comenzó mucho antes de la irrupción de los protagonistas actuales, con un fondo de más de 200 millones de dólares para construir ambas presas en los 90, y una dramática caída en desgracia de obra, fondos y consorcio constructor de manera simultánea con la crisis masiva nacional del 2001-2002. Para ese entonces, la situación era caótica, con una obra paralizada, el río desviado, los murallones a medio construir en el medio y sometidos a cualquier desgracia, la plata evaporada y la justicia investigando si se habían quedado con los fondos ilegalmente.
Hasta que en 2003, comenzó a reavivarse la posibilidad de retomar la obra, para lo que hacía falta dinero de la Nación y una creativa manera corregir los desbordes de tantos años. Comenzó a librarse allí una verdadera batalla de lobbys empresarios y políticos, en el que cada uno tenía su favorito y su formato. El entonces gobernador Wbaldino Acosta había apostado por los mendocinos de Cartellone, que incluso aterrizaron con aire triunfal por San Juan. Se chocaba de frente contra el interés del gobierno nacional, que era ejercido por el tándem Kirchner-Lavagna y tenía otros planes.
Lo que posiblemente haya recordado CFK es el rol protagónico de Lavagna en la irrupción de Techint al consorcio constructor, a fines del 2003. Y la inmediata aparición de los fondos nacionales para financiarla. Fue cuando la Nación se comprometió a los desembolsos, pero no sin antes producir un drástico cambio. El consorcio caído en desgracia estaba integrado por la UTE Panedille-AES (como operador de la energía) en formato de obra privada subsidiada, que cambió a obra pública con un nuevo operador (la flamante EPSE) y la salida de los norteamericanos, que a esa altura lo único que querían era irse del país vivos. Se obligó a todas las partes a renunciar a sus pleitos, se cambió el formato del negocio y se incorporó al consorcio constructor a Techint. Junto a Panedille, cuya presencia era necesaria para extender el contrato y no volver a licitar la obra, como pedían Cartellone y el gobierno de Wbaldino.
Eso parece ser lo que repentinamente recordó CFK luego de olvidarlo tanto tiempo. Lo demás es historia más reciente: los diques están, avanza un tercero que es Tambolar, y los tironeos nunca desaparecen. Como ocurrió hace unos meses cuando Panedille despidió a sus empleados por demoras en los desembolsos y luego tuvo que volver forzado sobre sus pasos.
