Con certeza, la reunión no provocó tantas reacciones como la difusión de la foto. La decisión de hacer público el encuentro fue el verdadero detonante. Llena de gestualidades, la escena que mostró a Cristina Fernández de Kirchner como anfitriona de Daniel Scioli en el Instituto Patria, con una revista ilustrada con el rostro del Papa Francisco como dejada al descuido sobre el escritorio, tuvo onda expansiva en todas direcciones. Las esquirlas llegaron también a San Juan.
Porque el ex gobernador de Buenos Aires, además de ex candidato presidencial del Frente para la Victoria, es actualmente el vicepresidente primero del Consejo Nacional del Partido Justicialista. Es el segundo de José Luis Gioja en la línea de conducción. Las interpretaciones solo dejaron dos caminos: que Scioli asistió al encuentro como referente de todo un espacio o, por el contrario, que lo hizo a espaldas de su grupo de pertenencia.
Desde el PJ orgánico que lidera el sanjuanino aseguraron que la reunión del Instituto Patria fue a título personal, sin consulta previa con el partido. El bonaerense habló con Gioja para informarlo, pero una vez terminada la cumbre. Curiosamente, hasta ahí estuvo todo más o menos bien. Generó desconcierto su actitud de acercamiento a la ex mandataria, pero entendieron que había sido algo privado. Por eso reventó el enojo más tarde, tras la difusión de la foto política y las irrefrenables consecuencias.
Catarata de especulaciones. Desde el kirchnerismo duro, un referente local reveló, de visible buen ánimo, lo que podría anticiparse como fórmula para las legislativas de 2017 en la provincia de Buenos Aires: Cristina al Senado, Daniel a Diputados. "Las encuestas les están dando muy bien”, consideró la misma fuente, bajo estricta reserva de identidad.
La interna peronista no perdona. El entorno de Gioja despotricó contra la actitud de Scioli. El bonaerense tiene derecho de reunirse con quien quiera, reconocen, pero eligió mal el momento y el lugar. Fue justo después de que la ex presidenta coparticipó las sospechas sobre la ejecución de la obra pública con los gobernadores de su administración. En la misma entrevista le dedicó un párrafo especial a los diques de San Juan, Caracoles y Punta Negra, recomendando auditoría.
Fiel al estilo K, cargó municiones y dejó el gatillo a punto. Muy lejos de buscar la paz con el peronismo que encabeza el caudillo cuyano, despertó algunas réplicas moderadas en público y furia no disimulada en privado. "Hace demagogia, está en una campaña de autodefensa”, cuestionaron.
Sin embargo, Scioli encontró en Cristina cierto amparo frente a las denuncias que le tocó recibir de parte del mismo dedo acusador de Lilita Carrió. Casi podría decirse que la dirigente de Cambiemos les facilitó el acercamiento.
Por otra parte, tampoco cerró en el entorno giojista que la reunión fuera en la oficina de CFK en Buenos Aires, no en el PJ. En el reparto de roles de anfitrión y de visitante, el peronismo ortodoxo interpretó un gesto de obediencia y sumisión de Scioli hacia Cristina, que el sanjuanino no comparte.
"La manera de estar sentados no es la de un jefe, es la de dos personas que están conversando. No es una persona en posición de jefe de la otra”, opinó el dirigente ultra-k en plan de análisis y luego de haber cruzado impresiones con sus pares del orden nacional.
Hacia adentro, el planteo de Gioja fue contundente, según reveló una fuente de su espacio: "Yo la recibo en el partido a ella, como a cualquiera, respetando su investidura, respetando lo que ha hecho. Estamos en un proceso de organización”.
Que Cristina vaya al PJ implicaría un cambio de orden que difícilmente el temperamento de la plantense-patagónica se permita ceder. En ese proceso de organización interna por el que Gioja viene trabajando, la ex mandataria metió ruido. La foto con Scioli, más todavía.
Hay una razón, o varias, para el accionar de la ex presidenta a esta altura de los acontecimientos. Según dijo una alta fuente del kirchnerismo, con roce en Buenos Aires y en San Juan, Cristina se molestó con Gioja luego de la división del bloque Frente para la Victoria, pocos días después de haber asumido el 10 de diciembre de 2015. La partida de Diego Bossio y otros legisladores de la Cámara de Diputados ocurrió en enero, una semana después de la cumbre justicialista realizada en San Juan.
Simple coincidencia o no, detrás de la acción política, los camporistas creyeron ver los hilos manejados por Gioja, un experto en operaciones parlamentarias aún antes de llegar a la gobernación de su provincia. Tiene gravitación.
Mientras tanto, en las mesas del peronismo orgánico, volvieron a revivir algunos viejos reproches hacia Scioli. Entre otros, su indecisión de romper con el kirchnerismo durante la campaña presidencial de 2015, luego de los ataques proferidos por referentes de la intelectualidad y la militancia más cercana a la Casa Rosada del aquel momento, más la frialdad con que siempre se lo trató desde Balcarce 50.
"Al Flaco le ponen la queja por Scioli”, reconoció un cercano colaborador del presidente del PJ, también de origen sanjuanino, en tono de confesión. Final abierto, entonces. O, mejor aún: finales abiertos e impredecibles.