En apenas dos años, entre el último día del
año 2006 y el último del 2008, el fondo en dólares del Arzobispado de San Juan
depositado en el exterior se cayó desde los 805.409 dólares hasta los 245.531 del
billete estadounidense. Lo que ocurrió en el medio fue la citada pérdida de
223.151 dólares en una mala inversión atraída por los encantos de Bernie
Madoff, y el retiro en ese plazo de 385.890 dólares para ingresarlos a la
Argentina y utilizarlos en gastos que –muchos de ellos- llamaron la atención.
Ese dinero repatriado es el que está
actualmente bajo la mirada de la Justicia Federal, luego de la denuncia del ex
contador Juan Brozina de que se hizo cometiendo el delito de lavado. Y en la
discriminación de esa cuenta de gastos de esos 385.890 dólares hay erogaciones
que encendieron un alerta entre los sacerdotes del consejo de administración
que recibieron esta rendición de cuentas del contador Víctor Saiz el 28 de
junio pasado.
Fue una reunión surgida en medio del caso
judicial y las derivaciones del escándalo con Brozina, en la que varios
religiosos recibieron documentación del profesional contratado por el
Arzobispado luego de la salida del ex contador al que denunciaron por estafa.
Ese documento grafica todo el periplo del fondo dolarizado depositado por Italo
Di Stéfano en las Caymán en el año 2000 por 635.000 dólares, que luego llegó a
superar los 800.000 dólares y que se cayó pronunciadamente en 2008 a un tercio
de lo que era.
Actualmente, la cuenta del Arzobispado de San
Juan en el Banco Santander Internacional de Miami (entidad a la que dispuso
Monseñor Delgado girar los fondos luego de haber permanecido en el Santander
Internacional Grand Caymán y en el Santander Central Hispano Bahamas, dos paraísos
fiscales globales) es de 216.402 dólares, con fecha de corte al 31 de diciembre
último.
De esos 385.000 dólares que el Arzobispado
notificó haber utilizado en gastos de la entidad entre 2005 y 2008, sobresale
con claridad una cifra de 203.000 dólares destinados al apartado "terreno
guardería”. Como podrá advertirse, es una suma que alcanza a casi un tercio del
depósito inicial, los que ahora el Arzobispado informa que se emplearon en ese
terreno.
Pero no se habrían utilizado en el pago de
algún capital, sino en abonar los honorarios profesionales de un equipo de
abogados que intervino en el proceso de recuperación de ese terreno ubicado
entre las calles Central, Entre Ríos y Mitre, frente al Juzgado Federal, que
ahora está alquilado a un particular para que lo utilice como una guardería.
Es lo que surge de la misma documentación
presentada por el contador Saiz a los sacerdotes y algunos laicos integrantes
del Consejo Asesor que recibieron el informe. En letra minúscula y
prácticamente imposible de leer, el documento adjunta un convenio de servicios
profesionales celebrado entre el Arzobispado y los abogados Rodolfo, Paola
Susana y Carla Analía Nale, por el importe de los 203.000.
Justamente eso es lo que llama la atención.
Unos honorarios profesionales tan altos –al punto que se consumieron casi un
tercio de lo que había depositado originalmente Di Stéfano en del fondo
dolarizado- para un proceso de reclamo a la Municipalidad de la Ciudad de San
Juan. Más allá de la dificultad o no de la gestión profesional, la suma estaría
relacionada solamente a los honorarios.
El caso con el municipio capitalino estaba
encaminado desde hace tiempo, y en esos años –entre 2007 y 2008- ya había
quedado a la firma del Ejecutivo municipal sin más trámite que ese. Se trata de
un proceso de retrovisión de un acuerdo previo entre el municipio y la Iglesia,
que el primero no había cumplido en muchos años.
La historia es que entre ambos se
intercambiaron terrenos, destinados cada uno a un fin específico: el municipio
capitalino cedió al Arzobispado el terreno ubicado frente a la sede municipal
para que construyera una Iglesia, y el Arzobispado cedió al municipio el
terreno de la Av. Central y Entre Ríos –una pertenencia histórica de la Iglesia
en San Juan desde los tiempos coloniales- para que éste construyera un teatro.
El Arzobispado cumplió y construyó el templo
de la Merced. El municipio, no. Por eso, con el tiempo, el Arzobispado comenzó
a hacer gestiones para que se lo devuelvan, con el argumento de que no se había
cumplido con el fin específico. En 1995 estuvieron cerca de concretarlo, pero
otras urgencias demoraron el trámite. Incluso, surgió un planteo de un
agrimensor que había hecho su trabajo y como no había cobrado bloqueaba el
acuerdo. En junio de 1999 le pagó el propio Arzobispado 11.000 pesos/dólares,
con tal de acelerar el trámite. Que igual se demoró.
Recién en 2007 volvieron las gestiones y se
aprobó la resolución y la ordenanza para devolverle al Arzobispado el dominio
del terreno que históricamente le perteneció. Ahora se conoce que los
honorarios de los abogados habrían superado los 200.000 dólares, de acuerdo al
documento distribuido el mes pasado.
Esos 203.000 dólares a los abogados es el
gasto más voluminoso de los 385.000 que fueron extraídos entre 2005 y 2008. Parte
de esa suma –la mitad del depósito original de Di Stéfano- fue empleada según
la rendición de cuentas del fondo el Seminario Arquidiocesano: quienes
recuerdan la historia de ese dinero depositado en el exterior por el anterior
arzobispo señalan que lo fue acumulando para terminar la obra del seminario
ubicado en Pocito, pero que luego el entonces jefe religioso de la provincia
consiguió que el gobierno nacional financiara la obra por medio de ATN. En
consecuencia, quedaron esos más de medio millón de dólares que fueron a parar
inicialmente a las Caymán, y sólo fue necesario un desembolso de 6.000 de ese
fondo para el seminario.
También hay un aporte para la parroquia de
Santa Lucía (57.000 dólares), para la instalación eléctrica del Arzobispado
(90.000 dólares), para la refacción de la casa de calle Mitre lindera al
edificio del Arzobispado (7.000 dólares), para el sonido de la Iglesia Catedral
(6.000 dólares), para ayudas a las parroquias (30.000 dólares), para un cambio
de vehículo (7.500 dólares), para el sostenimiento del Arzobispado (115.600
dólares), y para vehículos de parroquias de frontera (35.000 dólares).