Monseñor Alfonso Delgado celebró esta semana sus 74 años. Fue el martes
pasado, en la más absoluta intimidad, como acostumbra. Esa fecha personal tiene
relevancia institucional también: entró así en el último año de ejercicio al
frente del Arzobispado, que culminará exactamente dentro de un año, cuando
cumpla los 75 y opere la renuncia que ya presentó al Vaticano como corresponde
a todo religioso que llega a esa edad.
El primer hecho visible que disparó esa transición de un año es la
designación hace una semana de Ricardo Doña como vicario general. Se trata de
un sacerdote que viene con la aureola de buen gestor, demostrada en la
conducción del colegio Nuestra Señora de Luján, donde estuvo hasta el año
pasado antes de ser trasladado a la parroquia de Caucete.
Allí, Doña logró incrementar la matrícula hasta alrededor de 1.600
estudiantes, lo que convirtió al colegio en uno de los más grandes de la
provincia en el apartado confesional. También emprendió mejoras edilicias y levantó
claramente el perfil del colegio, lo que le significó a Doña la consideración
como un emprendedor y un gestor de resultados visibles.
Justamente eso, un gestor dedicado full time, es lo que parece calzar a
medida a la necesidad de Arzobispado por estos días. Envuelto en un escándalo
sin antecedentes en la historia de la diócesis, que desencadenó en dos causas
judiciales: una, la original, es la denuncia contra el contador Juan Brozina
por fraude en la administración que se le había confiado en el manejo de las
cuentas, de las que presumiblemente retiraba dinero; y otra, derivada de la
anterior, por presunto lavado de dinero por el ingreso al país de sumas
provenientes del extranjero no declaradas.
Ambas se encuentran en trámite. La primera, en la justicia provincial y
a cargo de nuevo juez Martín Heredia, parece encaminarse silenciosamente a
encuadrar la conducta delictiva por la que se lo acusa al contador Brozina,
ante las inconsistencias de su relato de que retiraba el dinero para
entregárselo a monseñor Delgado. La restante es un coletazo de la primera
porque Brozina pareció tomar represalias contra el Arzobispado ante la denuncia
de la que fue objeto, ventilando supuestas maniobras de evasión. Como se trata
de un delito federal, interviene el juez Rago Gallo y ya tomó medidas (ver
aparte).
En la primera de esas causas, fue vital la declaración del vicario Román
Becerra porque él es quien dispone de la firma necesaria para el movimiento de
fondos en las cuentas. Su aporte es relevante tanto para la investigación como
para el desenvolvimiento de la arquidiócesis, pero ocurre que Becerra se
encuentra delicado de salud, debe recibir tratamiento de diálisis que no le
permite mantenerse activo con la asiduidad que reclama el cargo y el momento
delicado que se vive en medio de estos expedientes judiciales abiertos.
Ante esta situación es que aparece la designación del nuevo vicario
general, Ricardo Doña. Es importante señalar el dato de que no se trata de un
reemplazo porque Becerra se mantiene también como vicario, sino que se trata de
una designación destinada a darle a la figura un rol más activo en medio de los
problemas de salud de Becerra.
Fuentes eclasiásticas indicaron que la designación es más para reforzar
los temas parroquiales o pastorales que los judiciales. Pero en la realidad, se
trata de una señal para no descuidar ambos frentes. Y, en especial, para
reforzar la presencia en esta transición que concluirá dentro de un año exacto,
cuando asuma en San Juan el nuevo arzobispo. A punto tal de que aseguran
puertas adentro de la Iglesia sanjuanina que la designación de Doña es
transitoria hasta ese momento, porque no fue desvinculado de su destino en
Caucete.
Resulta lógico también: el sucesor de monseñor Delgado tendrá obviamente
la facultad de designar a sus colaboradores, entre ellos a quienes ejercerán
los trabajos ejecutivos que es lo que desempeña un vicario general según la
figura creada por el derecho canónico. Por lo tanto, será él quien decida no
sólo el destino de Doña y Becerra sino de todos los destinos en parroquias y
funciones.
El próximo paso en este proceso será la designación del reemplazante de
Delgado, que se espera que resulte en condición de coadjutor hasta que se
produzca efectivamente la vacante el 21 de junio del 2017. Lo que se señala
como muy posible es que ese obispo coadjutor resulte quien finalmente continúe
a cargo de la arquidiócesis, y se tome el tiempo en que estará en ese rol
secundario para ir ganando contacto con la realidad cotidiana de la feligresía
local.
Para eso está la figura de coadjutor en las arquidiócesis importantes,
como la de San Juan, que sin embargo en las últimas transiciones no las ha
tenido. Pero ahora se sostiene con fuerza que esa designación está al caer y
que no se demorará más de este año. Esa decisión corresponde directamente al
Vaticano, y teniendo en cuenta que el Papa es argentino y por lo tanto
conocedor del paño religioso nacional y la relevancia que en él tiene San Juan,
será una decisión que lo hará meditar antes de inclinarse por alguna opción.
Se asegura que el señalado no será un obispo joven ni recientemente
designado, sino que provendrá de algún distrito de menor envergadura. Como San
Juan es arquidiócesis, puede ocurrir que se designe a algún obispo que esté
encabezando actualmente una diócesis.
También resulta lógico que el señalado resulte algún religioso con el
perfil relacionado al que está imponiendo el propio Francisco desde el
Vaticano. Y allí entonces comienzan a surgir nombres, con posibilidades
infinitas, incluso respecto de sus congregaciones: los jesuitas o los
franciscanos, los más próximos a Su Sanidad. No sería errado entonces buscar
por ese lado.
El trámite de sucesión comenzó ya con las consultas que ya realizó la
Nunciatura Apostólica –una suerte de embajada del Vaticano en el país-, que
armará una lista de posibles. Luego, la Conferencia Episcopal será la encargada
de armar una terna, que elevará al Vaticano. El Papa Francisco puede señalar al
sucesor de esa terna, o no. Dicen los que siguen de cerca las designaciones que
es mayor la cantidad de veces en los últimos casos en que no lo hace.
Destacado
Doña es un sacerdote que viene con la aureola de buen gestor, demostrada
en la conducción del colegio Nuestra Señora de Luján, donde estuvo hasta el año
pasado antes de ser trasladado a la parroquia de Caucete.
Resulta lógico que el señalado para suceder a Delgado resulte algún
religioso con el perfil relacionado al que está imponiendo el propio Francisco
desde el Vaticano. Y allí entonces comienzan a surgir nombres, incluso respecto
de sus congregaciones: los jesuitas o los franciscanos, los más próximos a Su
Sanidad. No sería errado entonces buscar por ese lado.