Los mendocinos jugaron fuerte por la construcción y por la turbina

sábado, 05 de septiembre de 2015 · 09:22
Dos empresas mendocinas tuvieron un fuerte protagonismo en el largo proceso de dos décadas: Cartellone e IMPSA, de la familia Pescarmona. Hoy, ambas con serios problemas financieros.
Cartellone apareció desde el primer momento participando de la licitación en 1996, con resolución un año después a favor de su competidora AES. Pero volvió a golpear firme después de que Avelín firmara el final del polémico proceso. En ese momento, Cartellone apostó fuerte a retomar los trabajos e hizo muy buenas migas con el gobierno bloquista de Wbaldino Acosta. Al punto que estuvo cerca de ser considerado adjudicatario, algo que naufragó porque Acosta no pudo firmar la reanudación porque no disponía de fondos y mantenía una línea muy tensa con el entonces presidente Duhalde y el ministro Lavagna.
Aún ya con la aparición de Techint liderando la construcción, en 2004 Cartellone volvió a comunicar que había sido tentada por la empresa de la familia Rocca para sumarse al holding constructor. A lo que Cartellone dijo haber respondido que sólo lo haría si podía tomar todas las decisiones técnicas que hicieran falta. Incluso relacionadas con un eventual cambio de sistema de construcción, porque insistía enque el elegido por Panedile originalmente y seguido por Techint no tenía absoluta seguridad ante un eventual sismo.
En 2003, y cuando Cartellone ya parecía que sería la empresa que se haría cargo de la construcción, acordó con IMPSA por la construcción de las turbinas que llevarían las represas. Pero resulta que ese trabajo ya había sido encargado a Energomatchspor rusa, que las tenía casi listas.
En un viaje a Rusia en junio de 2003, el entonces ministro de Economía sanjuanino Enrique Conti visitó la planta fabril de Rusia, donde había ido convocado por el encargado de negocios argentinos en ese país y posteriormente embajador Leopoldo Alfredo Bravo, quien lógicamente empujaba para la empresa rusa. La tenían lista, pero no la habían pagado.
Por lo tanto, estaba en duda. Dicen que el problema era de tipo diplomático y tenía enojado al propio Putin, quien se había predispuesto mal por un gesto de la entonces primera dama CFK en un presunto desaire en un viaje a China que no hizo escala en Moscú. Y que cuando se calmó el enojo, Putin consiguió que la turbina entrara en ese paquete. Así fue que llegaron a la provincia los gigantes rusos que hoy están en el corazón de las represas.
 

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