análisis

El final de un largo camino, con dos momentos clave

La campaña sanjuanina tuvo fechas marcadas: el día que Gioja decidió bajarse e impulsar a Sergio Uñac en el oficialismo, y el día en que el basualdismo y el PRO decidieron ir separados. A nivel nacional, parecido pero distinto, con la campaña más asquerosa que se recuerde. Por Sebastián Saharrea
sábado, 24 de octubre de 2015 · 09:44
Como en la vida, lo que ocurre es siempre reflejo de las complejas influencias que proyecta el pasado. Eso propone el psicoanálisis: remontarse a experiencias remotas para desatar los nudos del presente. Y eso pasa en todo: en el deporte, donde un equipo es preso de sus contrataciones y su entrenamiento inscripto en el pasado; o en la política, donde un tablero no puede leerse desprovisto del contexto histórico, más reciente o más lejano.
Idéntico a lo que ocurre con los propios candidatos: que son mucho menos lo que pueden formular en un formato de propuesta hacia adelante desde un atril de campaña que lo que arroja su propia historia como dirigentes o como persona. Será eso lo que proyecte duda o certeza de concretar lo que se dice. Son hechos, no palabras.
Parte central de esta radiografía histórica fue la campaña, último tramo visible para el espectador a esta altura aturdido por una caótica circulación de datos que deberá clasificar. Que fue indisimulablemente larga a todo nivel. Más que nada en el rango nacional, donde la posibilidad de cambiar o no de esquema de poder hizo dejar la vida a más uno, y por consiguiente obligó a iniciar el lance más temprano. Una campaña por ley pone plazo de un mes, y con sabiduría que lo hace en el afán de no hartar al elector, cualquiera puede probar en contrario que las ansiedades se despertaron más de un año antes por variados formatos que obligaron a cualquier desprevenido a concentrarse en lo que ocurriría mucho tiempo después. Es decir, hoy. 
Y hoy llegó, en un efecto espejo de lo que fue el camino, la campaña. Empecemos por San Juan, finalmente lo que más interesa a este análisis local y donde dos eventos bien marcados fueron los que establecieron el terreno de juego donde se jugará el partido.
El primero, en el oficialismo, tuvo lugar en junio. Varios días antes del cierre del plazo para la presentación de las candidaturas que disputarían espacio en las Paso se produjo un sacudón, en parte imprevisto y en parte lógico. Fue el paso al costado de José Luis Gioja de la posibilidad de buscar un nuevo mandato, el que hubiese sido su cuarto, para dar lugar a la candidatura de Sergio Uñac, su vice y candidato puesto a sucederlo en caso de que él no fuera.
Fue imprevisto porque tenía casi todo a favor: un apoyo récord de la opinión pública, el visto bueno de amplios sectores que se sienten cómodos con su liderazgo amén de ciertas eventuales caras largas, y un camino despejado en el terreno jurídico. El casi tiene que ver con dos factores que sólo él manejaba y que produjo el cimbronazo del anuncio: su propio estado de ánimo y de salud, en suma su proyecto de vida luego de semejante golpe físico y anímico hace dos años; y su visión sobre la necesidad de un recambio generacional y cierto agotamiento del recetario.
Con el diario del lunes, habrá que coincidir en cuánta razón tuvo. Porque no sólo consiguió reservarse del cuerpo a cuerpo que siempre demanda el ejercicio ejecutivo, y más al ritmo que él mismo le impuso a la gestión a lo largo de una década larga, sino que la irrupción de Sergio Uñac en el espacio deparó claramente una señal de rejuvenecimiento. Puesto en números, el vice logró en la campaña que se disparó en ese mismo momento que la imagen de Gioja quedara reservada para otros atriles, y que el FpV no perdiera fuerza sino hasta que la ganara ante la salida de la escena de quien fue su líder indiscutido.
Vinieron luego en el oficialismo otros procesos espinosos, delicados, hasta dolorosos. El primero, el diseño de las listas de postulantes, un trabajo afrontado de manera compartida por Gioja y Uñac. Gesto que requiere interpretación, porque implica la admisión implícita –y explícita- de parte de Gioja de estar entregando la posta absoluta a quien busca ser su sucesor. Completada por los nombres de esas listas: aparecieron allí los funcionarios más íntimamente ligados al gobernador para ocupar espacios ejecutivos o legislativos sometidos a la voluntad popular, señal de que el próximo gobernador del mismo palo tendrá absoluta libertad de ubicar a su gente de confianza si es que gana. Mención especial a la incorporación de Marcelo Lima como vice, señal inequívoca de concordia.
Y luego vino la interna en la Paso, el 9 de agosto. Los peronistas están más acostumbrados que nadie a mantener estos duelos sin que la sangre llegue al río. La de este turno implicó blanquear lo que era un hecho: que el senador Ruperto Godoy venía reportando en otro equipo y que más temprano que tarde lo terminaría expresando. Y lo hizo, jugando con respaldo nacional y algunas críticas a la gestión provincial que no cayeron bien. Igual, hubo paz y foto conjunta luego del resultado. Así son los alumnos del General.
Del lado de la oposición local también hay una fecha central, un evento que terminó modelando lo que sería la campaña posterior. Fue el día que quedó en punto de no retorno la relación entre el PRO y el basualdismo, coequipers dos años atrás con resultados a la vista como la banca obtenida por Eduardo Cáceres, rivales hoy.
Y eso que el propio senador Basualdo insistió en todos los formatos posibles. Primero tratando de reeditar ese espacio que en 2013 permitió que la oposición hiciera tan buena letra. Impulsó primero hacerlo del mismo modo, convocando a Colombo, Conti, Ibarra, Cáceres y hasta la novedad de la inclusión de Alfredito Avelín Nollens (todos ellos de un partido distinto) a presentar aspiraciones y ganarse el puesto en la Paso. Pero los intereses personales y los posicionamientos nacionales frustraron la operación, reducida entonces al senador y los tres primeros nombres de esa lista, el resto jugando por su lado.
Intentó luego superar las barreras impulsando que se formalizara el acuerdo en el rango provincial con la posibilidad de que la boleta local tuviera los nombres de los presidenciales opositores de mayor peso: Sergio Massa y Mauricio Macri, para calmar expectativas del basualdismo massista y el PRO local. Tampoco hubo forma, ante el presunto rechazo del macrismo nacional poniendo candado a un acercamiento a todo lo que tuviera olor a Massa, lo que por otro lado sólo tuvo efecto en San Juan y no en otras provincias donde armaron frente común (Mendoza, Tucumán, Formosa, Santa Cruz, largos etcéteras) y desliza entonces que las barreras para concretarlo eran de tipo protagónico que otra cosa.
Hasta intentó Basualdo luego de las Paso que se sumara la boleta de Macri a su frente y se mantuviera la del PRO, ya consumado que circulaban por carriles separados en la provincia. Tampoco hubo caso, y los opositores locales quedaron partidos en todos los distritos, lo que lógicamente redunda en menores chances de disputa.
"Estaríamos ganando cómodamente la Capital”, se lamenta un operador basualdista, conciente de que las fuerzas de dos candidatos fuertes como Colombo y Cáceres se hubieran podido complementar si se hubieran eliminado en las Paso y quedado uno sólo con chances para disputar al oficialismo. No fue así, las expectativas personales pudieron más y el dibujo de scrum en común que hubiera ilusionado un poco más a nivel provincial y en muchos departamentos, fue mandado a archivo sin contemplaciones.
Claro que el dibujo dejará éxitos y fracasos, a digerir después del domingo según sea el caso. En el basualdismo, existe la posibilidad latente de ganar dos departamentos de los grandes como Santa Lucía y Rivadavia además de dar pelea en otros como Caucete. Y quedar bien perfilado en la elección provincial con la fórmula Basualdo-Conti. Tienen motivos para que los bunkers basualdistas mantengan alguna luz encendida en la madrugada de este lunes, señal de largo festejo el domingo a la noche.
Del lado del PRO también habrá consecuencias. Se harán escuchar si se confirma la tendencia de los últimos números que dio a Cáceres alejado de la punta en la Capital, apuesta excluyente del macrismo en San Juan por elección propia. También si el resto de los departamentos no repunta respecto de los votos del propio Macri, luego de haber estado muy alejado en los resultados de la Paso, y si la campaña provincial apenas recoge la mitad de los votos del candidato presidencial amarillo, que también en las Paso fueron pocos respecto del nivel nacional: 15% en San Juan contra 25% en el país. Sólo un triunfo de Macri como presidente podrá aplacar esa furia.
Párrafo final para lo que fue la campaña nacional. Curiosamente signada por los mismos parámetros en San Juan: la resolución de CFK de correrse –en su caso, no por propia voluntad sino por impedimento legal- y señalar como sucesor al que mejor medía del espacio, en este caso Daniel Scioli. Luego, un armado de las boletas en las que el kirchernismo fue colocando en los cargos electivos con expectativas a las principales espadas: Kicillof, De Pedro, Garré, Máximo a Diputados, Aníbal a la provincia, Zannini a la vice. Y un esquema sucesorio diseñado por el propio Scioli y el susurro en el oído de la actual estructura de poder, mezclando en dosis parecidas a las partes del kirchnerismo y el espacio no K (por llamarle de alguna manera) en el gabinete: Urribarri, Filmus y hasta Echegaray, conviviendo con Batakis, Bein, Casal. La gran novedad: anunciarlo antes, en búsqueda de subrayar fortaleza electoral.
Del lado opositor, casi un calco de lo que ocurrió a nivel provincial. Coqueteos intensos, negociaciones de madrugada hasta el filo de los plazos, y nada. Macri y Massa repartiéndose votos afines y enfrascados en una feroz pulseada entre ellos a ver quién asoma la cabeza, a riesgo de perder porcentual para siquiera entrar al ballotage.
Mención especial para el formato de esta campaña nacional que puede estar terminando. Como no, si es que se concreta la posibilidad de un ballotage dentro de tres semanas más y deja como bonus track la extensión de la pulseada. Es que se trató de las más asquerosa y despiadada de la que se tenga memoria en tiempos democráticos. Que enhebró un escándalo tras otro, incluyendo al paso desde la extraña muerte de un fiscal hasta la repentina aparición de testigos televisivos diciendo barbaridades que se van al mazo ante los jueces, escuchas, carpetazos y otras delicias. Y a las que cualquier persona racional debería pretender no regresar.

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