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Opinión

Reflexiones sobre el voto útil

La gente empleó al nuevo sistema en la mejor de sus definiciones: eligió candidatos. Ahora, queda en San Juan un 30% de voto migratorio, que se quedó sin el candidato que prefirió inicialmente. Por eso, no hay modo que en octubre no cambien las cargas de agosto. Se verá para dónde. Por Sebastián Saharrea.

Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Sebastián Saharrea

San Juan es la provincia del país donde mayor cantidad de gente se quedó con su candidato de agosto eliminado para octubre. Y ese piso del 30% conformado por todas las fórmulas que se quedaron en la banquina es una síntesis terminante de lo que pasó, y también de lo que pasará.

Es en efecto un piso ese casi tercio de electores sanjuaninos que deberá votar otra cosa dentro de un par de meses. Lo son tanto los que prefirieron a Enrique Conti (casi un 13%), a Mauricio Ibarra (casi 10%), a Fabián Martín (casi un 6%) y a César Jofré (un 1%), como los que aceptaron la invitación de definir una interna que se presentó sobre el final como un apasionante cabeza a cabeza entre tres eventuales diputados, mientras del otro lado no había ningún anzuelo que lo cautivara.

A todos ellos se les ofrecieron las PASO como una manera de definir candidatos como paso previo a la definición de diputados, y una franja generosa del electorado sanjuanino aceptó el convite con un apego sorprendente. En todas las fórmulas que participaron del abanico diseñado con resonante éxito por el senador Roberto Basualdo hubo una parte de un voto por convicción, hubo voto de nítido corte opositor y hubo también un voto afín al gobierno provincial pero que esta vez prefirió darle utilidad a su sufragio al emplearlo en esta definición.

No solamente en el cabeza a cabeza de Cáceres, Conti e Ibarra que consumió por paliza el interés mediático y ciudadano en el último tramo de la campaña, sino también en algunas otras aplicaciones de la ley de internas que el ciudadano de San Juan resolvió con asombrosa madurez: esa dirección del voto útil fue relevante también para un repunte que no estaba en los papeles de los candidatos menos preferidos en las rondas previas. Tanto el radicalismo con 4 puntos, como Dignidad Ciudadana con 3,7 y hasta las dos expresiones de izquierda lograron superar holgadamente el piso legal del 1,5% requerido para subirse al ring en octubre y cuya conquista siempre le uso un nudo en la garganta. Y tal vez la mayor dimensión de este voto últil aún no haya sido abordada: votó el 80% de los ciudadanos, más que en eventos de infinita mayor trascendencia como las presidenciales o las que definen gobernador e intendentes.

Para octubre, hay que decir que nada será igual. Y no lo será por una cuestión elemental: uno de cada tres sanjuanino deberá buscar otro rumbo porque el suyo no corre más. Y se desplegarán entonces nuevas batallas, distintas: la del candidato del PRO que se impuso en la interna de Basualdo por atraer a los votantes de sus viejos contrincantes, la del candidato oficialista para recuperar sus niveles habituales, la de los otros clasificados por arrimar el bochín y dar el batacazo. Todos con el anzuelo puesto en ese 30% que debe migrar obligatoriamente, y ese otro tanto que decidió emplear su voto la semana pasada en las urgencias del momento –definir una interna que estaba cabeza a cabeza- y que se permite ahora un voto más comprometido.

Por eso, octubre mostrará un tablero considerablemente diferente al de ahora, se verá para dónde. Roberto Basualdo fue uno de los resonantes ganadores de la fecha por ser al autor del diseño electoral, pese al exceso de llamarlo triunfo. De allí surgió Eduardo Cáceres como consecuencia lógica de su atropellada en la recta final y se terminó colando por un puñado de votos entre los que habían amanecido arriba: Conti e Ibarra. Su desafío ahora es captar lo más posible en ese universo que votó la semana pasada una expresión opositora: de eso dependerán los magullones de la campaña y su propia muñeca.

Esta misma campaña puede explicar su propio futuro, ¿cómo fue que el macrista se les coló a los que pintaban mejor que él? Un punteo sobre los distritos entregan datos interesantes: en la pulseada opositora, Cáceres no ganó en ninguno de los dos distritos más numerosos de la provincia, y les torció el cuello a sus competidores en los más insospechados. En Rawson ganó como naturalmente se esperaba Mauricio Ibarra y en Capital ganó Enrique Conti –ex intendente acompañado  por otro referente como Rodolfo Colombo-, pero las cifras cantan retruco: en Rawson salió segundo Cáceres y le sacó más de 1.000 de diferencia a Conti, mientras en Capital achicó al mínimo la diferencia en contra.

En el resto del tapiz provincial, Cáceres alzó la fusta con sorpresas contundentes. En Chimbas, si se quiere un distrito humilde y alejado de la base electoral media-alta de Cáceres, le sacó nada menos que 2.000 votos a Conti. En Albardón, captó una ventaja de otros 1.500 votos y en Pocito, donde se suponía que eran fuertes Ibarra y Conti, el amarillo los derrotó sin contemplaciones por más de 1.000.

A eso sumaron otros triunfos distritales simbólicos por su escaso peso en la grilla –como Zonda, departamento de Sancassani en el que ganó Cáceres- y algunos en los que no perdió rueda: en Rivadavia apareció lejos del basualdista Fabián Martín (un rival que ni jugaba por el premio mayor), pero desbordó a Conti, mientras en Santa Lucía derrotó al bloquista, a Ibarra y hasta a quien debería haber hecho mejor elección, Martín, funcionario comunal de la gestión Orrego.

Ahora, la pregunta es la siguiente: ¿cuánto de ese capital electoral de un 30% de voto suelto podrá captar Cáceres dos meses después? La respuesta es: algo –mucho o poco, se verá- no todo. Veamos. Hay en ese tercio un núcleo opositor duro que preferirá cualquier opción del mismo posicionamiento opositor, hay votantes por convicción del eje Conti-Ibarra-Martín que la estarán pensando y hay votantes útiles que volverán a su caudal natural de apoyo al oficialismo provincial.

Cáceres sabe que no hay ataduras hacia los que perdieron más que su compromiso público. En la otra gran interna del país, la de UNEN en Capital Federal, tuvieron la puntería de acordar una lista en octubre liderada por el que ganara en agosto pero integrada por el que perdiera. Así, por ejemplo, Carrió y Lousteau compitieron como lo hicieron acá Cáceres y Conti, pero ahora los dos primeros comparten boleta en Capital Federal. En la interna local, las reglas fueron que el que gana sigue y el que pierde acompaña, por eso se apuró Cáceres a reclamar fidelidad a ese compromiso.

Ahora, hay un detalle. Por más que la dirigencia se encolumne sin miramientos, eso no implica de modo alguno que también lo hagan sus votantes, más acostumbrados éstos a tener conductas libres de esos acuerdos. Deberá entonces luchar Eduardo Cáceres contra los opositores que no lo quieren, contra los celos de los que no quieren que gane y contra los que no son opositores y valoran el modelo provincial pero ahora votaron en la interna opositora.

Para el oficialismo provincial, también habrá una lucha a brazo partido por recuperar los generosos caudales a los que se acostumbró y que esta vez no tuvo. Lo primero fue reflexionar sobre la causas. Es verdad que quedó descolocado ante la potencia de una interna cabeza a cabeza que lo dejó fuera del panorama, es verdad que se entretuvo demasiado en esas cosas y no vio venir el cachetazo, es verdad que hubo un ritmo displicente en algunos de sus dirigentes territoriales. La fortuna es que la revancha está a apenas dos meses de distancia.

Un punteo distrital también muestra datos extraños. Como los números desinflados del Gran San Juan, donde la curiosidad indica que Chimbas fue el que mejor posicionado quedó. Era esperable en Capital -donde se jugaba la madre de todas las batallas porque allí reporta la base de todas las fórmulas opositoras y el voto PJ es arisco- y hasta en Rivadavia y Rawson, la primera por razones parecidas y la segunda por la presencia de Ibarra. Ahora deberá sacar a sus tanques a la calle, especialmente a aquellos que se calzan el traje de aspirantes a intendentes dentro de dos años, y que ahora deberán demostrar jinetas si quieren entrar en la conversación. En Santa Lucía, el oficialismo dispone de dirigentes de fuste que incluye funcionarios reputados y hasta ministros. En Rivadavia, se amontonan los dirigentes de los sellos para el frente Abelín, Soria), con pocos resultados.

Hicieron buena elección los “nuevos” intendentes del frente, exiliados del basualdismo: Monla de Zonda, Albarracín de Ullum, Castro de Angaco. Nota satisfactoria para Hensel en Sarmiento, segundo en porcentaje detrás de Ullum para el FpV. Pocito, Iglesia, Valle Fértil, San Martín y hasta Jáchal y 9 de Julio, sacaron notas aceptables pero pudiendo mejorar.

Justamente lo mismo –bueno, con perspectivas de mejorar- para el resto del tablero opositor que en general marcó mejores números que lo previsto: la Cruzada, la UCR, Dignidad Ciudadana y las dos expresiones de izquierda que también se subieron a ring.

Ahora, todos ellos –oficialismo y oposición- tienen un tercio de votos flotando y buscando nuevo dueño. Y ésta es la que vale.
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