Salieron a la cancha la primera vez repitiéndose de memoria la consigna: somos un equipo, somos un equipo. Fueron las mieles de los primeros encuentros, como en todo enamoramiento. Ahora les toca diferenciarse, ganarse unos a otros. Con el delicado e inédito esfuerzo de no agraviarse lo suficiente en campaña, como para que el cariño se extienda hasta octubre y, en lo posible, al 2015. ¿Misión imposible?
Esa primera vez fue el viernes pasado en los estudios de Canal 5. Al aire, Enrique Conti, Mauricio Ibarra, Eduardo Cáceres, Fabián Martín y César Jofré pusieron cara de viejos amigos de toda la vida y dejaron constancia de su impulso inicial de no confrontar, primer mandamiento de los requerimientos del electorado al que apuntan, sin reparar demasiado en otros aspectos laterales como qué piensan del mundo.
Ahora bien, también puede uno preguntarse cuánto durará la tregua y si lograrán llegar al 11 de agosto en este clima de mesa de café. Porque existen ahora dos planos en esta delicada relación de varios pesos pesados de la política sanjuanina: el de las apariciones públicas luego de un flamante acuerdo político, y el del cuerpo a cuerpo alejado de los reflectores. En este último es donde el trato es entre rivales, con críticas silenciosas, runrunes y chicanas. De hecho, en el mismo momento que presentaban en sociedad el acuerdo se multiplicaban los rasguñones por las fotos del voto entre los flamantes socios.
Como todo equipo, hasta Ñuls y sin necesidad de llegar al Boca de Riquelme y Palermo. Espíritu declaradamente solidario, pero en el que cada uno juega sus propios intereses. Con una diferencia notoria: que en éste combinado político habrá eliminación directa, sigue uno sólo y el resto deberá resignarse a acompañar. Por eso, cada otro saca sus propias cuentas y maneja su propia estrategia para sobresalir.
El premio al que gane no será menor, y allí radican precisamente los factores que amenazarán la estabilidad política y emocional del espacio: no sólo será muy posiblemente diputado nacional, si no sacará ventaja en la línea de largada para el 2015. En este campamento hacen esta cuenta: que si los votos se dividen 50 y 50 entre oficialismo y oposición en agosto –un panorama bien optimista para los opositores, pero no imposible- el que obtenga 15 puntos de esos 50 podrá entrar como diputado en octubre.
No es una locura. El cálculo se apoya en lo que pasó en 2009, la última vez que se eligieron solamente diputados nacionales. Ibarra, a la postre diputado, conquistó algo más del 17% con el apoyo de Roberto Basualdo y con Wbaldino Acosta en la lista –igual que ahora-, y pegado apareció Colombo con la UCR con el 16,5%. Se alteraron las cargas apenas, pero ahora piensan en un caudal parecido. La pregunta es: ¿las cosas están como en aquel 2009 que significó la peor derrota legislativa del kirchnerismo? Si la respuesta es sí, viento de cola para esos ensayos.
Y como quien ve que la chance está cerca, cada uno comenzó a jugar su propio partido más allá de las consignas de buena voluntad del lanzamiento. Está bien lo de no pelearse, lo de mantener respeto, pero todos saben que sólo con eso no se llega a ninguna parte. Además, deben mostrar quién es cada uno, por qué un elector opositor debe inclinarse por uno y no por otro.
En la mesa del viernes se vieron algunas señas. El que salió más decidido fue Enrique Conti, casi como un acto reflejo de su propia naturaleza que por una estrategia planificada. No sólo es generacionalmente diferente del resto –excepto Jofré, que lo emparda en edad- sino que es el de mayor experiencia: ministro de Economía dos veces, legislador otras tantas, hombre de permanente consulta económica.
Y parece sentirse a sus anchas si el debate va por ese eje. Esa noche Conti –en una dupla fuerte con el actuarista Rodolfo Colombo pese a ser descendido al 3° lugar- mostró que no será tibio en el diagnóstico apocalíptico, aún con algún condimento que puede no terminar de jugarle a favor. Como pronosticar tempestades para Pascua-Lama, un proyecto en el que trabajan más de 10.000 sanjuaninos con salarios importantes y en blanco, sobre el que el candidato profetizó que la empresa no traerá la inversión prometida ante los problemas con el dólar. Así, avisó Conti que irá al fondo en busca de los votos del núcleo duro opositor.
Ibarra, por el contrario, parece haber elegido otro discurso y con otro destinatario. Cuando habla, parece dirigirse al opositor no radicalizado, y arañar algo en el oficialista a nivel provincial que se permite alguna infidelidad a nivel nacional porque hay cosas que no le gustan. Es otro público, de igual manera numeroso. Y es una manera de afirmar un perfil novedoso para él: opositor no radicalizado, que probablemente lo aleje de quienes pretenden a algún embetunado, pero lo acercan a un espacio en el que el oficialismo provincial pisa fuerte y donde piensa que se puede arañar algún poroto.
Así se lo vio en sus primeras apariciones como candidato formal. Es el que más se juega: la banca opositora por la que todos pugnan, es la suya. Sabe que su supervivencia en las grandes ligas depende de un buen resultado en agosto, y allí debe entenderse la vuelta de tuerca de su discurso.
Influyó en ese cambio su relación con Roberto Basualdo, a quien se le parece cada día más en el tono. Y a pesar de que el senador tiene una fórmula de su partido, ninguno de los actores de esta novela desconoce que festejaría si el triunfador es Ibarra. De hecho, un basualdista y ex aspirante como José Peluc es su virtual jefe de campaña.
Eduardo Cáceres es otro que se juega mucho. No sólo él, sino su partido: el PRO es el grupo político de mayor renombre nacional de los que participará en esta interna sanjuanina, y no sería precisamente una alegría que el sello partidario no llegue ni siquiera a la línea de largada de octubre.
Su presencia en este equipo puede responderse más con una estrategia de largo plazo (la presencia de Roberto Basualdo en el 2015) que a una visión objetiva sobre las chances el mes que vine: enfrenta –sí, enfrenta- a varios dirigentes de trayectoria y caudal electoral, por lo que un triunfo suyo bien podría ser entendido como una sorpresa.
¿A qué apuesta Cáceres? No hay misterios: a encandilar al electorado conservador sanjuanino, que no es poco, de la mano de una de las espadas nacionales más reputadas en el tablero opositor nacional, como lo es Mauricio Macri. Unas grageas de esa medicina es la foto de Cáceres con la plana mayor partidaria en el Hilton porteño y la presencia en San Juan de buena parte del aparato partidario, con la vicejefa porteña María Eugenia Vidal y la esperanza de que se descuelgue el Midachi Del Sel. Cáceres es, en este tablero, el único con referente nacional, ¿le alcanzará?
El juego de Fabián Martín no es fácil. Es el candidato de la escudería oficial dentro de la coalición: Producción y Trabajo es el partido de Basualdo, a la vez DT de este armado, y todo el mundo lo mira a él intentando encontrar favoritismo. Tuvo que abstenerse de ir a darle apoyo explícito a Martín el día de su lanzamiento, y ahora Martín rema sólo buscando un papel digno, especialmente con proyección a Rivadavia, su departamento.
Utiliza un tono medio, patente del basualdismo en general. Su gran fortaleza será, sin dudas, el aparato partidario que aún con Basualdo bloqueado por la marcación del resto, dispone recursos y dirigentes en buena parte de la provincia.
Al final, César Jofré pareció quedar encarando sólo, después de un amague junto al camionero Enrique Castro, que prefirió estacionar en las costas de Ibarra. Armó con otra abogada litigante y focalizará, como ya mostró en los aprontes, en el tema inseguridad. Justamente él, abogado de varias celebridades entre los paredones de Chimbas.
La cosa es que cada uno hará su juego, y que esos juegos irán variando a medida que se acerque el día D. Ninguno para el lado de la conciliación, sino bajo la dinámica de estos convites: el que pierde, intentará rayarle la pintura al que gana, así son las cosas a pesar de los besos en público.
Claro que en esta ocasión deberán cuidar la armonía al extremo, en parte por el imperativo ciudadano desde el que nacen y en parte por una cuestión de supervivencia. Una receta: barrer debajo de la alfombra las miserias, que no se noten las rivalidades íntimas. No sea cosa que a alguien se le ocurra hablar, por caso, de candidato presidencial.
miércoles 29 de abril 2026




