análisis

La nueva vida de Gioja en el universo K

Postuló en silencio el año pasado para presidente o vice. La muerte de Néstor lo dejó otra vez lejos. Pero ahora, el vacío post Cristina le abre una ventanita. Si no como candidato, al menos como hombre fuerte. Por Sebastián Saharrea
sábado, 28 de abril de 2012 · 09:54

Hay que buscar con ganas para encontrar algún producto político del kirchnerismo capaz de suceder a la jefa. No lo hay ni por condiciones, ni por influencia, ni siquiera por proyección. A ver, a ver… ministros, nada. Legisladores, paso. Gobernadores, ¿quién?. Y encima, a Boudou se le acaba de quemar el rancho.
 Cuando sólo falta un par de años para asumir el asunto de frente, la cosa es más o menos así: de no mediar una urgente reforma constitucional que habilite a Cristina para un nuevo mandato, el espacio kirchnerista deberá ponerse urgente a buscar un sucesor con aspiraciones. El imaginario aviso clasificado debería decir que los requisitos son: Buena presencia, amplios conocimientos sobre el ideario kirchnerista, experiencia comprobada en el ejercicio ejecutivo, disponer de caudal electoral propio, don de mando, lealtad blindada al proyecto (excluyente), edad promedio entre juventud y generación pasada de moda (no excluyente).
Justamente este último punto, el del recambio generacional -con el que Cristina viene insinuando desde hace tiempo y que con su sucesor posiblemente pretenderá consagrar- es el que deja al sanjuanino fuera de juego. Y posiblemente también el hecho de no provenir de las entrañas más viscerales del espacio. Aunque habrá que ver cuánta ponderación le dará a esas exigencias, a cambio de obtener buenas notas en el resto de los casilleros.
Lo que hay que tener absolutamente en cuenta a la hora de este planteo son las siguientes preguntas, que abiertamente se hará Cristina: ¿para qué remar contra todos los poderes, haber luchado a brazo partido hasta conseguir torcerles el cuello, para qué inmolarse en nombre de la ley de medios, el matrimonio gay o la nacionalización de los hidrocarburos, por citar sólo tres de sus proyectos que la obligaron a confrontar a vida o muerte?, ¿Quién será el que garantice que no habrá un paso atrás en estos avances que tanto les costó obtener y en los cuales los Kirchner dejaron la piel?, ¿de qué sirve haber emprendido esas transformaciones, si el siguiente hace marcha atrás?
La mejor indicada para preservar esos activos, es ni más ni menos que ella. Pero hay un par de problemas: primero, saber si quiere; segundo, tener en cuenta que no puede. Si no quisiera, a otra cosa. Y si quisiera, habría que cambiar el impedimento legal que no es otra cosa que la Constitución Nacional. La reforma demanda una ley declarando su necesidad y aprobada por los dos tercios de las manos en el Congreso, y luego ganar una elección a constituyentes para imponer su criterio. No hay un camino más corto, como sucedió en San Juan con la enmienda, una modificación de un solo artículo que se puede hacer por ley y luego un plebiscito que lo apruebe. Demasiado desgaste, improbable de ser descartado para un esquema de poder como el kirchnerista, pero que debiera ya haber empezado.
Y no empezó. Entonces, a mirar a los costados. Primero en la lista, el vice Amado Boudou, un hombre que reúne todos los requisitos del clasificado, pero al que los albores de la gestión parecen haberlo dejado fuera de carrera. ¿Podrá reponerse el vice de la hemorragia que le causó la investigación de la causa Ciccone? Si esta misma pregunta hubiese sido formulada hace apenas una semana, la respuesta hubiese sido un no rotundo. Pero en apenas siete días, la taba dio varias vueltas en el aire y cayó del lado sonriente para Cristina y su gobierno, al punto que aquel estallido mediático por el allanamiento al departamento del vice pasó a ser un recuerdo lejano. El paso del tiempo hará lo suyo: o Boudou queda sellado de manera indeleble por aquel episodio, o el asunto queda sepultado por la avalancha de nuevos embates de los que se suceden a medida que el anterior pierde eficacia. Quien lo sabe.
Por lo pronto, hoy Boudou no está en la línea de largada. Y en ese tablero naufraga entonces la incertidumbre: alguien que hoy no está en los cálculos debería irrumpir. Entre el equipo ministerial, el único que podría postular a ese privilegio es el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina. De los legisladores, los firmantes pecan o de demasiado desconocidos (Rossi) o de demasiado desgastados (Aníbal).
La cosa está entre los gobernadores, entonces. Y aquí aparece la primera pregunta: ¿hay alguna de las grandes provincias gobernadas por algún dirigente del palo K? El primero que aparece es Scioli, pero el bonaerense forma parte más del problema que de la solución. Scioli no se pierde acto oficial, tolera con entereza cada uno de los embudos que le propone la Nación, pero no ha logrado –y probablemente no logrará- revertir la sensación del oficialismo de tener al enemigo adentro. Se lo dijo Cristina en público, en palabras irónicas pero cifradas: “¿así que le ponés más (pauta) a Clarín que a Hadad?”. En los alrededores de Cristina piensan que si el ungido es Scioli –el que más mide, por otro lado-, al día uno de la gestión habrá un freno a la ley de medios.
Luego aparece el cordobés De la Sota, factible de ser considerado cualquier cosa en el peronismo, menos kirchnerista, a pesar de que ahora hace buena letra y entra a fondo en el discurso oficial. En Santa Fé no hay uno propio gobernado –aunque aparecen dirigentes importantes- y el siguiente en la lista es el mendocino Paco Pérez. Ese sí que es K, joven y demás requisitos. Manda en una provincia grande y es a prueba de lealtades. Se nota cómo lo cuidan, pero parece demasiado joven y desconocido para el gran público como para presentarlo al premio mayor.
Y al final están las provincias más chicas, casi todas kirchneristas, con gobernadores como el tucumano Alperovich, el santiagueño Zamora, el misionero Closs, el jujeño Felner o el salteño Urtubey. De todo ese lote, el sanjuanino José Luis Gioja es líder indiscutido por ascendencia interna y por proyección nacional, lo que le permite ubicarse en un lugar expectante.
Ante estas piezas desplegadas en el tablero, a Gioja se le abre una nueva oportunidad de jugar de manera decisiva a nivel nacional. Aquella que alguna vez tuvo con Kirchner y que lo llevó –como él mismo confesó en Paren las Rotativas- a ser el virtual vice de Néstor.
Hoy el tren parece volver a pasar: Gioja aparece al tope del podio de los gobernadores, contando a los más y a los menos K. Y en este turno, el sanjuanino parece tener en su mano varias cartas nada despreciables: su capacidad de armado político, y el hecho de que la Nación asumió como propio el discurso que tanto lo desgasta afuera de la provincia, como el minero. Además, claro, de la evidencia rotunda que se desprende del comentario: no parece Cristina tener a mano demasiadas opciones.
Para hacerse fuerte, el sanjuanino necesita no salirse de la ruta ni un centímetro, contener a los suyos y generar confianza para acompañar a ese liderazgo indudable. Prohibido tendrá en ese viaje de reposicionamiento nacional perder la puntería.

 

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