análisis

Los cien días de Paco Pérez, en la prensa mendocina

Medios de Mendoza opinan sobre los 100 días de gestión de Paco Pérez. Aquí un análisis de el comienzo de la gestión y la promesa de develar 'quién es y quién quiere ser' el nuevo mandatario mendocino.
lunes, 12 de marzo de 2012 · 09:46


Se cumplen los primeros 100 de los 1.460 días que le tocará gobernar a Francisco Paco Pérez.

Como sucedió con todos los gobernadores desde 1.983 –salvo con Celso Jaque- lo acompaña la buena imagen en las encuestas de opinión pública.

Sin embargo, a diferencia de sus antecesores, que vivieron ese hecho como una tranquila compañía, Pérez apuesta a reforzar la consideración pública sobre su persona para, de esa manera, conseguir poder, algo que debe construir y que no vino como parte del “combo” ganador de las últimas elecciones. Y vaya si lo necesita. Hace solo una semana los intendentes de su partido, antes de dedicarse a su propio reality de peleas mediáticas, dijeron en público que le daban un año al gobernador para aplicar sus planes sin cuestionamientos. 

Pérez no conduce el Partido Justicialista ni tiene poder territorial. Los legisladores de su propio partido tienen pertenencias concretas no a él sino a cada uno de los jefes territoriales.  De hecho, tampoco acredita un amplio currículum partidario: de “arrimado” pasó a ser simpatizante y, de allí a militante. Repentinamente, fue ministro y desde ese lugar pudo recorrer toda la provincia y establecer relaciones con los jefes territoriales, aunque no pudo construir una agrupación interna propia que lo sustentara. Con convencimiento propio y el apoyo decisivo de Juan carlos Mazzón, fue ungido candidato a gobernador del Partido Justicialista.

Ganó las elecciones con su imagen de un hombre de la clase media mendocina, joven, activo y abierto al dialogo. Aprovechó la fortaleza de Cristina evitando la de Jaque, cuyo gobierno cuestionado le jugó en contra. Y esto lo fortaleció.

Pero no tener poder hacia adentro del peronismo tiene un efecto similar a no tenerlo hacia fuera, y viceversa.

Por eso, en el arranque, se reafirmó sobre los siguientes ejes:

1. Sicristinismo a ultranza. Ser un gobernador cercano a la Presidenta otorga una gran cuota del necesario poder real que necesita el mandatario para encarar su gobierno. Contar con una línea directa y propia a la Casa Rosada es un elemento decisivo en la construcción del poder de Pérez hacia adentro del PJ mendocino y, en el futuro, debería ser un elemento distintivo de su gestión. Aquí entra a calar la instrucción otorgada a sus ministros de replicar los programas nacionales sin más, con adhesión fiel y actitud contemplativa. Es en este esquema que Pérez borró con el codo su actuación en materia de hidrocarburos durante el gobierno de Celso Jaque para transformarse en uno de los voceros del apriete nacional contra las petroleras, con YPF como destinatario casi excluyente. Pero no le resulta tan fácil hacer lo mismo con su cambio de opinión en torno a la minería, expresado con el pedido de archivo del proyecto San Jorge: “No están las condiciones sociales”, repite, cada vez que la Presidenta le manda un mensaje prominero por cadena nacional.

2. Gabinete propio. Logró imponer un gabinete que le responde. Esto es bueno en el balance de la construcción de su poder propio y en la integración, con gente mayoritariamente joven (algunos con pergaminos de actuación nacional e internacional destacada), aunque con el aditamento que sus ministros no dan medio paso en su tarea sin que antes el Gobernador otorgue el visto bueno. Tuvo que consensuar la continuidad de dos ministros de Jaque, el de Gobierno y el de Seguridad. El primero, a cargo de los temas calientes, por lo cual le conviene la “amenidad”. El segundo, bajo gestión del vicegobernador pero que, al final del camino, fortalece la relación con su segundo, un maridaje que le da sustentabilidad al poder central.

3. Confrontación con los intendentes. El poder partidario radica en los jefes comunales y jefes del PJ. Pasará de Rubén Miranda a Alejandro Abraham. Con ambos tiene una relación de amor/odio.  Pérez los increpa y confronta, elige a los intendentes radicales como interlocutores y les da protagonismo. Hizo un gesto político fuerte al no dejar en manos del sector azul nada menos que el Departamento General de Irrigación. Habla con quien quiere y también escucha según su propia elección. No lo hace desde la cúspide del poder sino, precisamente, como otro de los ejes para conseguir sumarle fuerza a esa imagen que, todavía hoy, 100 días después, es la palanca principal de su gestión.

4. Imagen y marketing político. Pérez, a diferencia de Jaque, prioriza la comunicación y el marketing político. Se ha rodeado de los mejores asesores y tiene en cuenta los consejos que, vía encuestas periódicas, le acercan sus colaboradores en materia de imagen. Ha fortalecido su equipo de comunicación. Sabe que tiene que llegar.

Pérez es el yin y Ciurca el yan de este gobierno. No se planteó así a propósito: sucedió, decantó de esta manera. La pareja que comenzó su tarea conjunta en forma despareja se unió y, espalda contra espalda, se hace fuerte. Ciurca no es Racconto. Tiene poder territorial y muñeca política. Juntos, si bien no “son dinamita”, comparten propósitos personales dentro de la política: cómo hacer uso del poder sin terminar como víctimas de esa búsqueda.

Abocado a esta tarea, que desvela necesariamente a Pérez para poder hacer pié en el Cuarto Piso, los problemas de la Mendoza real y cotidiana comienzan a socavar su base. La luna de miel es el momento más maravilloso del matrimonio. Pero tratándose de política, Estado y gobierno hay que tener en cuenta que, más allá de estar pensando en la renovación de esos votos, el amor es a plazo fijo: son cuatro años los que quedan por delante, nada más, por ahora.

Así, Pérez no calculó lo que podía pasar durante su gestión con la Promoción Industrial y, días antes de que la Corte le diera un portazo al último reclamo mendocino para ser parte de las provincias promocionadas, cruzó sus brazos –como anfitrión de la Vendimia- con los mandatarios de las provincias que son adversarias en ese tema. La imagen sinérgica mutó, entonces, en la del dueño de casa que recibe alegremente a quienes le traicionarían. Hoy, afanosamente negocia con ellos no dejar afuera a la provincia de los beneficios de la mentada Promoción. El éxito de la gestión es vital para el Gobernador.

De todos modos, el Gobierno de Mendoza hoy es su gobernador, y poco más. En su tránsito por los caminos del país buscando la plataforma que soporte sus cuatro años de mandato popular Pérez repasa a Maquiavelo.

Impuesto por Celso Jaque, lo abandonó después del primer abrazo consagratorio para despegar una imagen de la otra definitivamente, aunque su gobierno se mueva con la fuerza del funcionariato heredado, comandado por un grupo de fieles amigos al Gobernador que todavía no logran imponerse.

La imagen, para Pérez, lo es todo. Y calcula que la gestión viene en paralelo con la imagen, en un juego de parecidos y diferencia que lo pone molesto, pero que le toca jugar por decisión de la historia. Jaque gobernó con el rechazo de la sociedad, llegando, inclusive, a la depresión personal por ello. Pero logró sortear ese escollo y, sobre el final de sus días al frente del Ejecutivo, impuso una agenda de obras que sigue vigente.

El camino iniciado por Pérez es inverso: más imagen y posterior gestión, esa que todavía no arranca a pleno. Basta con ver la situación de Irrigación y que todavía hay un ministro en bambalinas, Marcelo Barg, que reempalzara a José Luis Álvarez en Agroindustria. Pero se encarga de especificar que desde la cúspide de las preferencias será desde donde podrá encaramarse en los temas coyunturales, por lo menos, de Mendoza. Resta conocer en qué momento (con este equipo, que es el que hay), bajo qué premisas  y con qué planes concretos se ocupará de lo estratégico.

Esta es una materia que todavía no está clara en la provincia y que todos los mendocinos esperamos con ansiedad y mucha expectativa.

(MDZ online)

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