opinión

En San Juan, la justicia está vieja

Hace años que no se va nadie y el servicio se resiente. Encima, el recambio generacional por sí mismo no es garantía de nada. ¿Quién será capaz de darle la dinámica que pide a gritos? Por Sebastián Saharrea
sábado, 10 de marzo de 2012 · 10:31

Ninguno de los 5 miembros de la Corte tiene edad de trabajador activo, es decir que si se dedicaran a cualquier otra actividad en relación de dependencia ya estarían dedicados a regar las macetas. Igual que 6 de los 9 camaristas penales, y la mayoría de los camaristas civiles y laborales.
Ellos son la cúpula judicial de la provincia, las más altas instancias en el servicio administrado por Tribunales, en manos de funcionarios con edades mayores a los 70. Se nota: a la distancia se puede advertir su falta de reflejos para sintonizar los canales por donde pasa la realidad, una evidente distancia de cualquier rasgo de implique entusiasmo, y hasta falta de ganas. Natural en personas de edad avanzada con toda una vida de trabajo. A contramano, si se trata de administrar un servicio que debe mostrar una cara contrapuesta: dinámica, adaptable a los tiempos, vital.
Roberto Pagés Lloveras es camarista civil, un magistrado joven al punto que en los pasillos de Tribunales suelen llamarlo en confianza con el diminutivo de su nombre. Es el presidente del Colegio de Magistrados y sacó a relucir un argumento diplomático para no hacer titilar la luz colorada de la urgencia para el recambio generacional. Dijo en Paren Las Rotativas (viernes 23 hs. en Canal 5) que hay en la Corte Suprema de Justicia de la Nación un ejemplo de un cortista de muchos años y muy prolífico. Se refería a Carlos Fayt, de 94, aunque está claro que no es él el encargado de dar la cara por la Corte ni de administrar el servicio a nivel nacional.
No es cuestión de ir contra la sabiduría y el aplomo que dan los años, sino de reflexionar sobre los males de que no hay quien ofrezca otro condimento que ese. Cualquier equipo de fútbol bien armado conoce de memoria que con veinteañeros correcaminos no se llega a ningún lado si es que no se cuenta con algún cerebro que frene el vértigo y convoque a la reflexión. Y así en cualquier equipo de cualquier cosa. Como en la Corte nacional, donde convive Fayt con la plenitud intelectual de Ricardo Lorenzetti, de apenas 56 años.
En esta, no. En la Corte provincial están todos en condición de retiro, como también lo están en las cámaras de apelación. Hace falta remontarse a una década y media atrás para encontrar el último cambio de cortista en la provincia, mientras que a nivel nacional se produjo un recambio masivo desde 2003 que oxigenó a una justicia que hasta ese momento venía extremadamente cuestionada.  La pregunta que flota es: ¿cómo fue que se llegó a una situación terminal como la que vive el servicio de justicia provincial? Y una más: ¿hay algún modo de solución inmediata?
Para la primera pregunta, la respuesta incluye necesariamente una mirada del contexto: por varias razones, la posición de los jueces es privilegiada y a la sociedad le cuesta avanzar sobre esos nichos.
El primer privilegio de los jueces es el hecho de no estar incluidos en el pago del impuesto a las ganancias, tributo que debe religiosamente oblar cada ciudadano que supere un piso de ingreso. El intento del año pasado por quitarles ese privilegio hizo estallar un escándalo nacional en el que los jueces se escudaron en la “intangibilidad” de sus ingresos.
El segundo privilegio de los magistrados tiene que ver con lo que ocurre: poder permanecer en el lugar sin que la patronal le reclame el retiro al cumplir edad y tiempos de aporte en la ANSES. En otro lado, sólo algunas excepciones permanecen por decisión de la propia patronal. Pero aquí, todos los jueces que quisieron pudieron mantener sus cargos y así contribuir a este envejecimiento de la magistratura. La razón es sencilla: los topes jubilatorios están absolutamente alejados de los que gana en juez activo, por lo que nadie con uso de razón se decidió hasta ahora a aceptar voluntariamente un descenso en los ingresos tan abrupto con el paso a retiro. Mejor, hacer la plancha.
Y el tercer privilegio es lo que acaban de obtener. Un 82% de su salario activo a quienes se jubilen, y una moratoria para devolver a la ANSES la diferencia de los aportes no realizados. La ilusión de cualquier mortal en activo, concretada para los magistrados que de ninguna otra manera aceptaban el paso del tiempo y tomaban a sus cargos como botín de negociación.
Si uno pregunta a los propios jueces si eso no es un privilegio sobre el resto de los trabajadores registrados, responden que en realidad es una conquista deseable para todos. Pero que justo ellos pudieron obtener, con una negociación que no está al alcance de ningún otro trabajador.
Más allá de esos apuntes, ahora sí parece ser la hora del demorado y manoseado recambio generacional en Tribunales que viene manejándose desde hace años. Y que genera expectativas a los magistrados más jóvenes que siempre se vieron aplastados por la burocracia inmóvil, pero también enciende luces de alerta.
Esas luces invitan a no enamorarse tan fácil de lo que en apariencia se muestra como si fuera el cambio del DT en un equipo que se va al descenso. Porque el cambio generacional no significa automáticamente una mejoría: sería, sí, un cambio en los años del DNI, pero todos saben que lo viejo y lo nuevo no sólo son aportado por los años.
Y porque el tamaño de la reconstrucción no es menor. Especialmente en esos puntos en los que uno envidia la estatura de la Corte Suprema de Nación: el respeto por los fallos y los pronunciamientos de un organismo que debe ser incuestionable, y en San Juan aparece sumamente desgastado y viejo de espíritu.
Tampoco es menor el tamaño del reemplazo: más de la mitad de los jueces provinciales se irán este año, lo que equivale a decir que más de la mitad también serán nombrados. Tanto la salida como la entrada postulan desafíos a no descuidar: los primeros para evitar que colapse la puerta de salida y el servicio de justicia quede desierto, y los segundos para evitar tentaciones en el recambio.
Habrá que ver qué rol juega la Corte actual en ese proceso. Si el recambio se hace desde abajo hacia arriba, los integrantes actuales del Tribunal tendrán injerencia determinante en quiénes serán los que ocupen los cargos hacia abajo. Por el contrario, si el proceso empieza desde arriba, los primeros espacios a cubrir serán los del máximo tribunal, y habrá menos condicionamientos hacia abajo. Esa es la pelea de fondo por estos días en el edificio de justicia provincial. Con partidarios de uno y otro lado y una sorda pulseada entre lobbys cruzados para encontrar la manera de influir en el recambio. Están los pro y los anti-Corte. Están los progres y los conservadores. Los garantistas y los legalistas. Los oficialistas, los bloquistas buscando espacios, los adscriptos y los opositores.
Mientras tanto, los expedientes siguen siendo bordados a mano. Y no es una metáfora.

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