Cambios en Seguridad

La decisión del jefe del Penal: Renunciado antes que despedido

Enrique Gil Pérez montó esta semana una escena para presentar su renuncia. En realidad, ya sabía que estaba afuera del próximo gobierno, como adelantó en primicia Tiempo de San Juan. Y decidió anticiparse.
domingo, 20 de noviembre de 2011 · 09:08

Por Sebastián Saharrea
ssaharrea@tiempodesanjuan.com

Cuando leyó en Tiempo de San Juan el 5 de noviembre que su nombre figuraba entre los que estaban en duda para continuar el 10 de diciembre, Enrique Gil Pérez supo que su futuro ya estaba decidido. Leyó que esas dudas utilizadas por las fuentes de esa nota eran en realidad una manera de suavizar su despido encubierto, pero que su nombre ya estaba tachado para el futuro equipo de gobierno.

Tenía razón. Pesa sobre su gestión cierto inconformismo oficial por la manera en que manejó la relación con la población carcelaria, además de una fuerte desconfianza que podría desembocar en irregularidades gruesas aún en el plano de investigación.
Por eso, desde el día mismo de la publicación de este diario, el funcionario saliente comenzó con un operativo mediático que consiguiera anticipar su salida en formato de renuncia, antes que observar de manera impotente cómo no se le renovaba el contrato en el armado de la planta del próximo período.

Comenzó el operativo maquillaje atrayendo la atención de la prensa con el diseño de las causas que, a su criterio, impiden su trabajo y que luego serían presentadas como argumento para su salida. Apuntó a la jueza de Ejecución Penal, Margarita Camus, a quien responsabilizó de no poder controlar el ingreso de armas al Penal porque la magistrada dispuso que no se palpen las zonas íntimas de las mujeres que ingresan a ver a sus parejas.

Así que a criterio del funcionario, el arsenal de armas, facas, droga y hasta dinero que circula ilícitamente en la principal unidad carcelaria de la provincia ingresan allí camufladas en las zonas más íntimas de las mujeres. Alcanza con ver el tamaño de las armas cortantes decomisadas habitualmente en el Penal para entender que eso es imposible.

Y que si bien existen casos aún de mujeres –y peor aún, hasta menores- que ingresan al Penal con facas y drogas, sostener que el ingreso de todas las armas y la droga se produce por esa vía surge como una irresponsabilidad y una declaración de impotencia del funcionario por controlar uno de los problemas más graves entre la población carcelaria. Una especie de excusa, ante la potencia de los hechos que muestran un deterioro en esos niveles de seguridad.

Luego, Gil Pérez armó una ronda de entrevistas por medio de las cuales hablar de su gestión y comunicar su retiro. Convocó a periodistas a las instalaciones de la cárcel y habló de la falta de fondos para construir la infraestructura óptima para el tratamiento de reclusos. Toda una curiosidad que la máxima autoridad del lugar haya descubierto apenas días antes de su retiro esa falla estructural que no resulta ninguna novedad ni siquiera para el menos ducho.

Buscó Gil Pérez de esa manera responsabilizar por el asunto a otras áreas: presupuesto, o hasta a la propia autoridad política encargada de gestionar fondos para –entre otras cosas- la unidad carcelaria. Y descargó un contenido de “revelaciones” que hasta el momento había cumplido en disimular mientras estuvo al frente del Penal. Lo que ahora es evidente para él, hasta hace pocos días antes él mismo se encargó de minimizar.

Empleó el off de record y en algunos casos contó a los periodistas –y éstos luego contaron a sus audiencias- que el problema de la seguridad en el Penal es que no hay dinero para construir otro penal, y lo que hace falta es precisamente eso, otro penal. Chocolate por la noticia. El asunto es que nunca Gil Pérez dijo que ese era el problema, excepto ahora que se descubrió afuera de la futura gestión. Tampoco lo dijo ahora, pero resultó curioso que varios periodistas que lo entrevistaron el día de su recorrida final lo contaran en off de record.

Cerraba así Gil Pérez un montaje decidido a anticiparse a lo que resultaba evidente. Y produjo un quiebre ya sin retorno con la conducción política, tanto que su propio superior, el ministro de Gobierno Emilio Fernández, debió llamarlo a la reflexión en público diciendo que las declaraciones de su funcionario son “desafortunadas”, un cruce en los medios bastante poco frecuente en los últimos tiempos.

Un ministro, Fernández, que también figura en la lista de los prescindibles del área de seguridad, pero que se ha revelado como una pieza política a la que no le soltarán la mano a pesar de que no seguirá ocupando el ministerio de Gobierno como consecuencia de los malos resultados en el área y el pedido general de recambio. En cambio, el paso de Gil Pérez será recordado por la gestión actual como un funcionario útil para salir de las urgencias cuando hubo que intervenir el servicio, pero de una cintura política nula aún para impedir su propio salida decorosa.

Lo que informó la primicia de Tiempo de San Juan
El 5 de noviembre, el diario Tiempo de San Juan publicó como titular principal de su portada que habrá cambios en el equipo encargado de la Seguridad. De la cuatro patas –sostuvo- sólo una tiene el puesto asegurado. Se trata del jefe de Policía Miguel González, quien seguirá aunque aún no esté claro en qué lugar.

En cambio, está decidido que no continúen Emilio Fernández en el Ministerio de Gobierno –aunque podría seguir teniendo lugar en la planta oficial- y el secretario de Seguridad Dante Marinero. Sobre Gil Pérez, la información dijo que había dudas sobre su continuidad y que tampoco seguiría. El propio funcionario se anticipó.

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