Las entrañas de la dictadura local

Torturadores al descubierto

En el megajuicio por causas de lesa humanidad en la provincia que se inició el lunes 7 de noviembre, se conocieron escalofriantes detalles sobre cómo funcionaba el aparato represivo en San Juan.
lunes, 14 de noviembre de 2011 · 10:23

Por Miriam Walter
mwalter@tiempodesanjuan.com


Que la picana en “la parrilla” era el método más usado para torturar, que eran unos 17 los militares los protagonistas de la represión en San Juan, que no importaban las jerarquías sino la voluntad de “combatir la subversión”, que se escudaban en el anonimato para secuestrar, picanear y matar gente, que hasta había miembros de la banda de música en los crueles operativos, como Osvaldo Martel, uno de los represores más identificados de la provincia.

Muchos detalles nunca antes revelados sobre cómo funcionaba el aparato represivo local en la dictadura se escucharon y se seguirán escuchando, ventilados en el megajuicio por crímenes de lesa humanidad que empezó el lunes y que se extenderá al menos un año. Son pasajes de los expedientes correspondientes a las 4 causas que son eje del proceso, es decir, apenas el relato oficial de lo que pasó en los años setenta en San Juan, solamente una punta de todo lo que se conocerá a lo largo del juicio, donde se esperan fuertes y conmovedores testimonios de la época.

Según la letra del escrito del Ministerio Público de la Nación, elaborado por la fiscal Cecilia Kelly, al que tuvo acceso Tiempo de San Juan y que fue leído en las tres primeras audiencias, el plan represor en todo el territorio nacional, se desarrolló bajo el concepto de “accionar conjunto”. El país fue dividido en 5 zonas que a su vez se dividían en subzonas. San Juan, junto con Mendoza, Catamarca, San Luis, Salta, La Rioja, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero, perteneció a la jurisdicción que dominaba el Comando del Tercer Cuerpo del Ejército con sede en Córdoba, a cargo de Luciano Benjamín Menéndez. Con San Luis y Mendoza conformaban la subzona 33, bajo la jefatura de la Brigada de Infantería de Montaña VIII. Y San Juan conformaba exclusivamente el área 332 de la subzona 33, cuya autoridad a cargo era el jefe del Regimiento de Infantería de Montaña 22. Bajo el control de la jefatura del área 332 hubo varios lugares que operaron como centros clandestinos de detención: el penal de Chimbas y la alcaidía de Mujeres de la Policía Provincial, el RIM 22, el edificio de la antigua legislatura (contiguo al estadio cerrado Aldo Cantoni), la Central de Policía de la provincia y el edificio conocido como La Marquesita en las inmediaciones del RIM.

En San Juan, la “lucha contra la subversión” se desarrolló en los mismos términos que en el resto del país. Una vez que se identificaba al “enemigo interno”, con una fuerte tarea de inteligencia, se coordinaban las acciones para hacer efectiva la captura.

Los procedimientos de detención se realizaron por fuerzas militares y/o policiales, en el propio domicilio de la víctima, en su lugar de trabajo o, con menor frecuencia, en la vía pública. Se actuaba siempre con un número considerable de personas, muchos de ellos jóvenes que cumplían el servicio militar obligatorio.

En los operativos actuaban en general con móviles del ejército y el grupo era comandado por oficiales que han sido identificados como pertenecientes a Inteligencia. Los hacían generalmente de noche y recurriendo a la fuerza para reducir al “blanco”, procedían sin orden de allanamiento ni de detención, sin más voz de identificación que su pertenencia al Ejército argentino, pero evitando dar a conocer su identidad y rango.

Una vez reducida la víctima la maniataban, vendaban sus ojos y lo encapuchaban, subiéndolos luego a vehículos militares –camiones Unimog- para su posterior traslado. Incluso, varias detenciones se produjeron el mismo día en distintos puntos de la provincia, con un recorrido previamente determinado, actuando el mismo grupo de tareas y usando los mismos vehículos.
En el RIM 22 las víctimas sufrieron las primeras sesiones de interrogatorios bajo torturas. Casi todos señalan la utilización de picana eléctrica en “la parrilla”, a la que describen como una cama sin colchón donde eran atados de pies y manos, la presencia de un grupo de personas (mínimamente 4) que hablaban con acentos propios de San Juan y otros con tonada porteña.
El nivel de intensidad de las torturas iba en aumento, las víctimas han descrito a las primeras sesiones como “de ablandamiento” y se los interrogaba siempre sobre los mismos aspectos: nombres de compañeros de militancia, lugares de reunión, existencia de armas y otros, vinculados a grupos considerados “subversivos”.

Luego de las torturas y siempre con los ojos vendados, se les obligó a firmar declaraciones que fueron incorporadas a las actuaciones judiciales instruidas por infracción a la Ley 20.840. En relación a esto, los testigos han  reconocido la firma de estas declaraciones pero negado total o parcialmente el contenido. Este es el modo en que los presos políticos fueron “blanqueados” por la dictadura militar y encarcelados por tal motivo (prisiones preventivas durante la instrucción del sumario y condenas a penas privativas de la libertad).

Luego de su paso por el RIM 22, los detenidos eran trasladados al Penal de Chimbas, y alojados en un primer momento en el pabellón 5, para luego ser trasladados al pabellón 6. En diciembre de 1976, varios presos políticos fueron trasladados a otras unidades penitenciarias del país, particularmente a la Unidad 9 de La Plata. Las graves condiciones en que se realizaba el traslado constituían un nuevo tormento.

Así, a grandes rasgos, el aparato clandestino de la lucha contra la subversión, desplegó sus actividades: Inteligencia, para obtener la información necesaria para poder realizar los operativos; detenciones ilegales, de las personas que el proceso de inteligencia señalaba; y cautiverio e interrogatorios bajo tortura, como método para la obtención de nueva información que retroalimentaba el proceso y a partir de la cual se ordenaban nuevas detenciones.

Quién era quién

El aparato represor de San Juan tenía una estructura formal desde la plana mayor a los bajos mandos, donde Gendarmería Nacional (sobre todo los escuadrones de Jáchal y Barreal) y las fuerzas policiales y penitenciarias provinciales cumplían roles en los operativos antisubversivos. Y otra lectura más profunda, en el funcionamiento práctico, donde participaba el “grupo de tareas”.

Sobre el “grupo de tareas”, en San Juan, la lucha antisubversiva se desarrolló mediante operaciones hechas por agentes que tuvieron cierta movilidad en relación a los puestos que ocuparon y funciones que cumplieron. Quienes tuvieron una participación penalmente relevante fueron los miembros de la Plana Mayor del RIM 22, de las compañías de Infantería, de la Banda de Música, de la Policía Federal y de la Policía Provincial. Entre los nombres se destacan los de los 5 imputados en el megajuicio que se está haciendo en San Juan que son Jorge Olivera,  Alejandro Lazo, Daniel Gómez; Osvaldo Martel y Horacio Nieto (ver En el banquillo), además de otros protagonistas como:

-Luciano Benjamín Menéndez: General del Tercer Cuerpo del Ejército, máxima autoridad de la zona 3 y por ende, de todas las actividades represivas que se pusieron en práctica en el área 332.

-Jorge Alberto Maradona (fallecido): General, comandante de la Brigada de infantería de Montaña VIII con asiento en Mendoza, desde donde se ejercía la Jefatura de la Sub Zona 33.

-Juan Bautista Menvielle (fallecido): Coronel, jefe del RIM 22, fue la cara visible del aparato represor en San Juan y como jefe de área tuvo pleno conocimiento de todas las actividades.

-Adolfo Díaz Quiroga (fallecido): Teniente, segundo jefe del RIM 22.

-Arturo Ortega: Mayor, jefe de sección Operaciones (S3), también designado en comisión como Jefe de la Policía Provincial con posterioridad al golpe militar y hasta junio de 1976, cuando fue reemplazado por Juan Carlos Coronel. Por él pasaron, en su carácter de jefe de operaciones, todas las órdenes que luego derivaban a las demás compañías.

-Carlos Malatto: Teniente, sección Personal (S1) fue uno de los oficiales a cargo de la toma de la Casa de Gobierno en marzo de 1976, participó activamente de varios procedimientos de detención y fue uno de los encargados de la ex Legislatura cuando funcionaba como centro clandestino de detención. Es uno de los señalados por las víctimas con participación en los interrogatorios bajo tortura y encargado de los traslados de detenidos desde Chimbas a otros centros como la Unidad 9 de La Plata. Huyó a Roma y su abogado dijo que no piensa volver.

-Gustavo De Marchi: Teniente, jefe de la Compañía, al igual que Malatto, uno de los oficiales a cargo de la toma de Casa de Gobierno, participó en detenciones y fue uno de los encargados de la ex Legislatura provincial. Señalado como torturador. El soldado Daniel Di Carlo declaró que De Marchi “se consideraba un patriota y manifestaba un marcado rechazo a todo lo que no fuera militar, por ejemplo los judíos y subversivos a quienes consideraba enemigos de la Patria”.

-Eduardo Cardozo: Teniente, jefe de Sección Arsenal, señalado por testigos en numerosos hechos de la lucha antisubversiva e interrogatorios bajo tortura. Está acreditada su intervención oficial en las irregulares investigaciones que realizaba el Ejército. Diversos testimonios señalan  que Cardozo estaba obsesionado con la muerte de su padre, lo que hacía que su actitud hacia “el enemigo” fuera más dura.

-Juan Francisco del Torchio: Teniente, jefe de compañía, uno de los oficiales a cargo de la toma de Casa de Gobierno, participó en varios operativos de detención y fue uno de los encargados del centro clandestino de la ex Legislatura. Señalado como torturador.

-Jorge Páez: Teniente, jefe de compañía, estuvo al frente de varios procedimientos de detención y es señalado por las víctimas por su activa participación en interrogatorios bajo tortura. Antonio González, socio de Páez, declaró que este último una vez le expresó que “torturó personas y que gozaba más cuando esas personas eran judíos”. Otro testigo, Tristán Valenzuela, dijo que una vez Páez, durante una clase de adoctrinamiento, “cargó su pistola, puso bala en boca, hizo arrodillar a un soldado y le apuntó en la nuca, porque el soldado había hecho un comentario a favor del comunismo”.

-Juan Carlos Coronel: Capitán, Jefe de la Policía de San Juan en reemplazo de Ortega, está procesado por su participación en delitos de asociación ilícita y homicidios agravados en causa Erize y por su lugar, tenía pleno conocimiento de las actividades ilícitas.

-José Hilarión Rodríguez: Comisario, jefe del Departamento Inteligencia de la Policía Provincial (D2), eslabón fundamental en las tareas de inteligencia coordinada entre la Mayoría del RIM 22 y la fuerza policial, bajo el control del ejército. También participó en detenciones.

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