HISTORIAS DEL CRIMEN

El “accidente” con una ametralladora y una muerte en la planta de Radio Sarmiento

En plena dictadura militar, un operador de la planta transmisora de esa emisora en Rawson perdió la vida a balazos. El acusado del crimen fue un agente de Policía, que sostuvo que no tuvo intención de matarlo.
domingo, 5 de septiembre de 2021 · 09:16

“Lamentable accidente”, decía el título de un diario local, sin siquiera dejar margen de duda ante tan sospechosa muerte. La de un operador de radio Sarmiento que recibió dos disparos de ametralladora de un policía dentro de la planta transmisora de esa emisora en Rawson.

Un caso que hoy podría despertar las más diversas conjeturas, pero que en aquel momento fue silenciado. El diario más importante de la provincia no publicó nada sobre la misteriosa muerte del operador José Oscar Molina Lara y el periódico TRIBUNA de la Tarde dio la noticia bajo el rótulo de “Operador de radio local fue muerto en un lamentable accidente”. No sorprende, corría el mes de mayo de 1976 y Argentina se encontraba en los albores de la sangrienta dictadura militar tras el golpe de Estado del 24 de marzo de ese año.

No hay mucho para contar y los posibles testimonios se perdieron con el tiempo a 45 años de esa tragedia ocurrida en el predio de la antigua planta transmisora de LV5 Radio Sarmiento, en el predio de las calles Mendoza y República del Líbano. En la actualidad, las instalaciones están casi abandonadas, guardando aún en sus pasillos y oficinas los recuerdos del desgraciado deceso del operador de radio de 39 años.

Fue el martes 18 de mayo de 1978. La versión periodística y judicial señalan que en horas del mediodía José Molina Lara, su compañero de apellido Britos y los agentes Ricardo Cantero y Juan Pablo Juárez se reunieron a compartir un asado dentro de la planta. Los policías hacían adicionales en la planta transmisora.

Lo que declararon los testigos en la causa judicial es que en el almuerzo hubo “un clima de completa normalidad y armonía”. No mencionan si tomaron alcohol o menos de alguna discusión o mal entendido. La reunión se prolongó hasta las 17. El agente Juárez pidió permiso a Cantero para ir a la proveeduría a traer mercadería y regresó cerca de las 18.

A su regreso se encontró de nuevo con Molina Lara y el agente Cantero. Este último luego se retiró a otro sector del predio. El operador de radio vio la bolsa que trajo Juárez y le preguntó si podía abrir una lata de sardinas, a lo que el policía respondió que sí. Eso es lo que relató el agente, que agregó que en esos instantes se alejó hacia una oficina contigua.

Juárez aseguró que entre sus manos sostenía su pistola ametralladora PAM 1 y planeaba colgarla. En esos segundos escuchó que Molina Lara lo llamó. Volvió con el arma el brazo a donde estaba el operador de radio. Fue ahí que la ametralladora se le soltó y, que en el intento por agarrarla mientras se le caía, el arma hizo “fricción con su cuerpo”, afirmó. Que escuchó las dos detonaciones y cuando levantó la mirada observó que Molina Lara se desplomó.

No se dan precisiones, pero se sabe que el operador de radio recibió dos mortales balazos que acabaron con su vida en el acto. El agente Juárez siempre sostuvo que fue un accidente, que el arma se accionó sin querer. El otro operador de radio y el agente Cantero declararon que corrieron hacia donde estaba Molina Lara cuando escucharon los disparos, pero no vieron lo que sucedió. Los policías de la Seccional 6ta de Rawson arribaron minutos más tarde y detuvieron al agente Juárez.

El arma. Esta es una pistola automática, las llamadas PAM 1.

Desde un principio se dio crédito a la versión del policía Juárez y el caso fue calificado como homicidio culposo. Al otro día nomás, el diario Tribuna de la Tarde publicó la noticia dando por sentado que era un accidente. No hay testimonios ni una voz oficial que diera detalles de tan confuso hecho de sangre.

Durante la indagatoria, el agente Juárez reiteró que el arma se disparó cuando se le caía. Reconoció que no la revisó y no pudo explicar cómo fue que el arma tenía corredera tirada hacia atrás y lista para disparar, según su declaración. Lo habitual era que ese seguro estuviese en su posición normal.

La jueza Mirtha Ivonne Salinas de Duano consideró que quedaba acabadamente probado que se trató de un homicidio culposo. Y por ese delito juzgó al agente Juan Pablo Juárez en 1977 por medio de un proceso escrito en el Segundo Juzgado en lo Penal. La defensa del policía se opuso a la calificación y argumentó que no podía atribuirle dicha acción, dado que el arma se disparó en el momento en que se le caía.

La magistrada dictó sentencia el 11 de julio de 1977. En la resolución señaló de improcedente desde todo punto de vista el planteo de la defensa y reprochó al agente Juárez su manifiesta actitud imprudente y negligente con el manejo la pistola ametralladora provista por la fuerza provincial. También le recriminó que, por su función de policía, no podía desconocer el peligro que representa el uso de esa arma y por tanto debió revisarla o verificar su estado.

Tomó como agravante la modalidad del delito y el cargo de funcionario público del acusado. Y como atenuantes, su juventud, la falta de antecedentes penales y su buen concepto vecinal. En base a todo esto estimó que era justo condenarlo a la pena de 1 año y 6 meses de prisión e inhabilitación para ocupar cargos públicos por 6 años.

De esa forma, la Justicia cerró un caso al que calificó como un accidente, pero que por lo poco que se contó y una única versión, la del policía, dejó abierto muchos interrogantes en torno al confuso deceso del operador de radio. Una muerte que ronda como un trágico recuerdo en las instalaciones de la planta transmisora de LV5 Radio Sarmiento.

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