HISTORIAS DEL CRIMEN

Una trompada dentro de un mercado de la Capital sanjuanina y una muerte inesperada

Un incidente y una agresión que podía haber quedado en nada, terminó en un asesinato. El hecho ocurrió en junio de 1990, en el comedor de un conocido supermercado de la Capital provincial.
domingo, 17 de octubre de 2021 · 09:06

Quién empezó. Hubo acaso un mal gesto. Quizás una mirada sobradora. Posiblemente una frase que sonó a provocación. O se acordaron de una discusión anterior. Cualquier pudo ser el motivo, pero qué tan grave fue como para golpear de esa forma a un hombre, en medio del comedor de un negocio céntrico. Una agresión sin sentido que, increíblemente, tuvo una consecuencia por demás inesperada.

Aquello duró segundos, pero marcó para siempre la vida de Oscar Marcial Mercado en la tarde del sábado 16 de junio de 1990. Dos días más tarde, los médicos del Hospital Guillermo Rawson certificaron su muerte en el servicio de urgencias de ese nosocomio y el caso pasó a considerarse un homicidio.

La historia revela el trágico final de ese hombre de 55 años y padre de familia que, como un día cualquiera, fue a beber un vino al local llamado El Pescadito dentro del tradicional y popular Supermercado Central de calle General Acha, metros al Sur de avenida Libertador, en el microcentro sanjuanino. Oscar Mercado era habitué de ese comedor. Su hija Azucena trabajaba allí en la cocina, entonces él solía pasar de vez en cuando por sus mesas o la barra para tomar un trago y charlar con conocidos, algún que otro bohemio solitario y ocasiones solo.

El lugar. En el interior de este viejo paseo de negocios y comedores ocurrió el fatal ataque.

Ese sábado se acomodó en un extremo de la barra, acompañado de una botella de vino. Su hija ya había terminado su turno, de modo que se retiró. Estimaron que ya eran las 14. Al rato llegó Antonio Riveros, de 46 años, otro asiduo visitante del comedor que llegó a comprar comida. Como el pedido iba a demorar, éste decidió beber algo mientras hablaba con otro cliente, Miguel Vera Martín, y Diego Solano Chavero, el hijo del dueño del comedor, en el otro costado de la barra y junto a la caja registradora, de acuerdo a la causa judicial. Más allá, en una mesa, estaban Orlando Pinto y Ramón Mallea.

Sin sentido

Ninguno pudo explicar qué pasó entre Oscar Mercado y Antonio Riveros, si existió realmente una discusión entre ellos en ese instante o en los momentos previos. Uno de los testigos afirmó que el hombre de mayor edad se acercó hacia los tres y supuestamente cruzó unas palabras con Martín y Riveros.

Qué dijo -si fue así- o qué le hicieron los otros, no se sabe. De lo que están seguros fue que vieron que Riveros reaccionó de forma intempestiva, largó una trompada contra el rostro de Mercado y lo tiró de espalda al piso. Este ahí cayó pesadamente y golpeó su cabeza en el suelo quedando muy sentido, al punto que no podía ponerse de pie.

Riveros y Martín se largaron, las otras personas y Diego Solano Chavero se acercaron a ayudar a Mercado. Y al ver que perdía sangre de la cabeza, pidieron una ambulancia. El herido terminó esa tarde en urgencias del Hospital Guillermo Rawson, donde le hicieron dos puntos de sutura en el costado izquierdo de la frente y lo dejaron sobre una camilla debido a que todavía seguía mareado.

En la actualidad. Así se ve el interior del supermercado de calle General Acha, a metros de avenida Libertador.

Su familia no sabía nada, empezaron a preocuparse porque pasaban las horas y Mercado no llegaba a su casa en la calle 9 de Julio, en proximidades de Villa del Carril, Capital. Su hija Azucena salió a buscarlo a las 18 horas y al primer lugar que concurrió fue al negocio del Supermercado Central. Los dueños le comentaron que su padre había sufrido un golpe y tuvieron que llevarlo al hospital.

La chica se trasladó al nosocomio. Primero le dijeron que allí no estaba, pero después de dar muchas vueltas y preguntar a distintos empleados, encontró a su padre recostado en una camilla. Permaneció a su lado cuidándolo hasta que a las 22 de ese día sábado, un médico después le dio el alta y ordenó que guardara reposo en su casa.

De mal en peor

Oscar Mercado no estaba bien. En el camino, se defecó encima. Blanca, su esposa, en su declaración señaló que recibió a su marido en su casa y notó que tenía sangre coagulada en el rostro, los puntos por las heridas en la frente y otros restos de sangre en el cuero cabelludo y en la nuca. Contó que su esposo no recordaba nada, hablaba cosas incoherentes y refería a que le dolía la cabeza. Él no podía dormir y la mujer lo llevó a caminar para ver si se distendía, pero no podía mantener el equilibrio.

Más tarde lograron que durmiera un poco esa noche. En la mañana lo hicieron levantar, pues esperaban la visita de toda familia. Ese domingo era Día del Padre. Mercado seguía como abstraído. Tan perdido estaba que su mujer lo llevó al baño para asearlo y él agarró el shampoo para tomarlo como enjuague bucal. Su hijo le preguntó con quién había peleado, pero don Oscar le contestó mencionando uno a uno los meses del año, de acuerdo a la causa. Confundía a su hija con su esposa. Es decir, no coordinaba sus pensamientos y no reconocía a nadie.

Así estuvo durante el almuerzo y en la tarde del domingo 17 de junio. Sus hijos vieron que Mercado no mostraba mejoría. La situación los afligió, no quedó otra alternativa que llevarlo de nuevo al Rawson. A poco de ingresar al hospital, fue internado y entró en estado de coma. El lunes 18 a las 9.30 de la mañana, finalmente, falleció en dicho nosocomio. Las graves lesiones cerebrales habían hecho estrago en él. La Policía tomó inmediata intervención en el caso al conocer que, dos días antes, Mercado había entrado al hospital por una agresión.

Estaba claro que hubo cierta negligencia en la atención médica en un primer momento, pero su muerte había sido consecuencia de la severa lesión sufrida en la cabeza. Esto fue confirmado por el reconocido médico forense Alejandro Yesurón, que realizó la autopsia en el cadáver de Mercado y concluyó que la causa de su deceso fue el traumatismo cráneo encefálico y la rotura de un vaso de irrigación del cerebro. Y esa grave herida en la cabeza tenía estrecha relación con la caída y con el golpe que recibió primeramente en el rostro.

A la Justicia

El juez José Alberto Nardi, del Segundo Juzgado Penal y Correccional, calificó el hecho como un homicidio y ordenó a la Policía citar a las personas que estuvieron presentes en el incidente dentro del bar del mercado de calle General Acha. Al menos dos de los testigos declararon que vieron a Riveros golpear a Mercado y tirarlo al piso. El martes 19 de junio, los uniformados de la Seccional 1ra detuvieron a Antonio Riveros en su casa en calle República del Líbano, en Capital.

El agresor. Este es Riveros, quien en 1996 fue condenado en la Justicia por la muerte de Oscar Mercado.

En su declaración, Riveros reconoció que tuvo un altercado con Mercado, pero juró que no le dio ninguna trompada. Dijo que lo que sucedió fue que, mientras estaba apoyado en la barra, el hombre mayor se le tiró encima y, para apartarlo, él lo empujó hacia atrás. Que fue ahí que éste cayó de espalda contra el suelo, nada más. Los testigos decían que lo había golpeado. Pero si fue así que Riveros le propinó una fuerte trompada, igual el juez entendió que no hubo una intención real de matarlo. En base a esto, calificó el hecho como un homicidio preterintencional. Esta es una figura intermedia entre el hecho culposo y doloso. Es que, si bien se considera que la agresión existió con el afán de provocar un daño físico a la otra persona, por el medio empleado, en este caso una piña, no necesariamente debía ocasionarle la muerte.

Por esta razón fue que al tiempo Riveros fue excarcelado y procesado por ese delito que tiene una pena de 3 a 6 años de cárcel. En noviembre de 1996, los jueces Héctor Fili, José Enrique Domínguez y Ricardo Conte Grand juzgaron al hombre en la Sala III de la Cámara en lo Penal y Correccional.

Riveros siguió sosteniendo en el juicio que no golpeó a Mercado, que sólo lo empujó. Uno de los testigos, el de apellido Martín, cambió su declaración aparentemente para favorecerlo. De todas maneras, el tribunal lo condenó a 3 años de prisión. Con esto, la pena fue de cumplimiento condicional y se salvó de ir a la cárcel. En el mismo fallo judicial, los jueces remitieron el expediente al juzgado de primera instancia para que investigue al polémico testigo por posible falso testimonio.

Comentarios