investigación judicial

A un mes del crimen en Ullum, el repaso de un capítulo más de 'mujeres asesinas en San Juan'

El 12 de diciembre, una mujer asesinó a su pareja e intentó ocultar las huellas. Sin embargo, se quebró y confesó, pero a su defensa insinuó ser víctima de violencia.
martes, 12 de enero de 2021 · 15:09

Hace un mes, Jorge Cortéz llegó al CIC de Ullum para ser asistido por la profunda herida que presentaba en el abdomen y lo que parecía un accidente terminó convirtiéndose, tras la intervención policial, en un crimen que intentaron ocultar y que quedó al descubierto cuando la autora se quebró y confesó. 

El hecho sacudió a esa comunidad no sólo por el fallecimiento del finquero sino también por el contexto de asesinato en el que se dio, que tuvo y tiene como principal sospechosa a su mujer, Esther Villalobos. La misma, al principio, sostuvo que Cortéz había caído sobre una columna de hierro, pero finalmente admitió que ella misma lo había acuchillado. 

Una discusión habría desatado el ataque con arma blanca que dejó malherido a quien horas más tarde falleciera en el hospital. Mientras Villalobos acompañaba a su pareja en su intento de sobrevivir con asistencia médica, alguien se encargó de limpiar la sangre que había quedado en el suelo de donde se produjo la agresión. 

Personal policial que allanó el domicilio donde todo sucedió descubrió rápidamente los rastros de sangre y de inmediato precedió con la detención de la mujer, quien horas más tarde contó cómo acuchilló a su marido. A su defensa, intentó establecer que sufría violencia de género y que actuó para frenar un ataque, tal y como ocurrió en el caso de Claudia Moya, la joven que apuñaló a su pareja Alfredo Turcumán. 

La familia de la víctima se presentó en la causa como parte querellante y sostuvo, en todo momento, la inocencia de Cortéz. La madre y la hermana salieron al cruce en los medios y aseguraron que el hombre era intachable, buena persona e incapaz de hacerle daño a otro. Incluso, fueron más allá y afirmaron que el fallecido sufría violencia en manos de la mujer. Según las familiares, el hombre se había alejado de sus seres queridos por culpa de ella, la cual lo manipulaba y controlaba. 

En el plano judicial no hubo dudas sobre su sospecha y quedó tras las rejas en la Central de Policía, por decisión de la jueza que subroga el Segundo Juzgado de Instrucción, Gema Guerrero. La misma podría imputar por homicidio agravado por el vínculo -un delito que prevé la prisión perpetua- a Villalobos y mandarla directamente al Servicio Penitenciario. Fuentes allegadas a la investigación indicaron esto último sería inminente. 

Por otra parte, además de la confesión de la implicada, la jueza solicitó que los menores que habrían presenciado el hecho, la hija de la pareja de 8 años y el sobrino de 11, declaren en Cámara Gesell para contar con más detalles del episodio fatal. Por la Feria Judicial, no hubo más avances en la causa que hayan trascendido, al punto que se desconoce si la mujer declaró y reafirmó la versión que le dio a la Policía o no. 

El 12 de diciembre por la madrugada, el capataz de una finca recibió un puntazo letal en el pecho y, por esa herida del arma blanca, se desangró y falleció cuando era operado.

El 7 de enero último, el hombre de 40 años habría cumplido 41 y por ello sus familiares marcharon para pedir justicia y que la o los responsables paguen por ello. 

Mujeres asesinas

Como Villalobos, en los últimos años dos mujeres asesinas fueron condenadas por la Justicia de la provincia y en ambos casos, por circunstancias extraordinarias, recibieron una pena menor a la que supone un homicidio agravado por el vínculo, que es el de la prisión perpetua. Una de esas causas tuvo mayor impacto mediático que la otra y, hasta su resolución, mantuvo en vilo a los sanjuaninos. Se trata del 'Caso Turcumán', por el que Claudia Moya fue castigada con 15 años de cárcel. 

El 13 de junio del 2017, Moya le dio un puntazo a su marido Alfredo Turcumán, quien nueve días después falleció en el Hospital Rawson. En un principio, la joven de entonces 23 años había manifestado que se trató de un accidente, pero luego confesó que había mantenido una discusión con él y le dio un puntazo en defensa propia. Durante la instancia del juicio, su defensa se centró en la violencia de género que sufría y torció el rumbo de la historia. 

Aunque desde la querella señalaron que la violencia era ejercida por la mujer, el tribunal consideró que al momento del hecho estaba embarazada y podría haber sido víctima de violencia de género. Por eso, atenuó la pena para la acusada, que se transformó en la cuarta sanjuanina en recibir una pena menor por un crimen agravado, en los últimos 13 años. Pese a las apelaciones de una y otra parte, la Corte ratificó el fallo. 

El otro caso que ofreció un escenario similar fue el de Guadalupe Andrada, a quien enjuiciaron por asesinar de un cuchillazo a su pareja Juan Pablo Ojeda. Por homicidio agravado por el vínculo, cometido con exceso en la legítima defensa, la mujer fue condenada a 5 años de prisión efectiva por el tribunal de la Sala Primera de la Cámara Penal. 

Al igual que Moya, Andrada recibió una pena menor a lo que en principio suponía. Sin embargo, el contexto de violencia en el que estaba sumida, en manos de Ojeda, fue clave para la decisión final de los jueces. A pesar de las apelaciones de la querella y la Fiscalía, la Corte respaldó el dictamen. 

Andrada asesinó a Ojeda el 9 de julio de 2017, tras una pelea en el domicilio donde convivían. La defensa adujo que ese día el hombre consumió alcohol y ese fue el motivo que desencadenó la discusión que terminó con el desenlace fatal. 

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